Faltaban quince minutos para que empezara la primera sesión del día y Alan aprovechaba para leer las redacciones sobre The Raven que le habían entregado sus alumnos. En la pila que tenía frente a él había un poco de todo, desde pulcros ensayos mecanografiados con portada incluída (uno de ellos tenía incluso el dibujo de un cuervo hecho a carboncillo) hasta legajos de papel manuscritos con manchones de algo que lo mismo podía ser ketchup que sangre. Alan leía con absoluta concentración, las manos libres de bolígrafos, el cuaderno de notas guardado en el cajón.
“A mí ma gustao mucho el poema”, leyó. “Ma dao algo de miedo a ratos, porque acojona un poco que un pajarraco tan feo te diga siempre lo mismo y no se balla. Pero pa mí que la culpa es del tío que le abla también, porque le podía aver preguntao otras cosas en vez de lo mismo tol rato. Podía aver preguntao si le ivan a pasar más cosas malas en la vida pa quel pajarraco le digera que nunca más, por ejemplo. Aunque supongo que no podía, porque creo que estava deprimido. Cuando mi ermano murió mi madre tanvien se deprimió y solo ablaba de mi ermano y de que le echaba de menos y de que quería morirse, y eso que nos lo decía a mi padre y a mí, que intentábamos ponerla contenta con música y comida y eso, no le decíamos “nunca más”. Pero cuando algien muere solo puedes pensar en que se a muerto y que nunca lo berás otra vez, y por eso el pajarraco decía “nunca más”. Yo creo que ni siquiera decía “nunca más”, que igual decía otra cosa pero el tío solo oía “nunca más”. Porque estaba deprimido, y eso”.
Alan se echó atrás en la silla, sacudió la cabeza y dejó escapar un suspiro. Jenkins, que trabajaba en la mesa de al lado tachando líneas enteras con su boli rojo, levantó la vista.
-Tan malo, ¿eh?
-No, qué va. Es cojonudo, de lo mejorcito que he leído. Aunque creo que se ha cargado todas las normas ortográficas inventadas en los últimos dos mil años.
-Yo no sé qué hostias les enseñan en primaria. No hay manera de que pongan una hache en su sitio. Luego llegan aquí y hala, soluciona la papeleta antes de que tengan que escribir su ensayo para la universidad. Así va el país, lleno de analfabetos que no valen más que para recoger patatas…
Alan miró a Jenkins, abrió la boca, pero se lo pensó mejor y la volvió a cerrar, sacudiendo la cabeza. Cogió el boli verde con el que comentaba sus redacciones y se detuvo. Después de pensar unos segundos, apuntó al final del papel:
“Has entendido el poema mejor que muchos críticos que se ganan la vida con esto. He disfrutado con tu redacción. Déjate guiar siempre por tus experiencias, como has hecho aquí, entenderás la literatura mucho mejor. Un diez bien merecido.
P.D: La próxima vez usa un ordenador y dale al corrector ortográfico. Tienes varios en la biblioteca, o habla conmigo y usa el de mi despacho”.
4 comentarios:
Me ha gustado como prima por encima de los errores ortográficos el sentido de entender de lo que lee y saber interpretarlo... ahora habrá que ver si el niño auna las dos cosas.
Con ganas de más
D.
¡Gracias por leer y comentar!
Lo de la ortografía es algo que me desespera. En la era de los correctores ortográficos, es lo que menos me preocupa en una redacción, y de hecho es lo más fácil de enseñar. Lo que es difícil es saber redactar y ordenar tus ideas, no digamos ya llegar a conclusiones propias. Que no digo que no haya que darle importancia a la ortografía, pero hay un lugar y un momento, y la clase de literatura no lo es. Eso es para el profe de lengua.
Sin más, que me emociono.
Ya te lo dije la otra vez y lo reafirmo: Me encanta este Alan. La redacción casi hace que me sangren los ojos, pero genial la interpretación del chico. Me ha gustado eso de "Podía aver preguntao si le ivan a pasar más cosas malas en la vida pa quel pajarraco le digera que nunca más" Es un punto de vista interesante. Estoy deseando algo más de esta historia.
Por cierto, te hice caso. Ya había leído hace mucho tiempo "La máscara de la muerte roja", pero me empeciné y la he leído en inglés. Casi no recordaba de que iba, y me ha impresionado mucho, creo que no la entendí del todo cuando la leí la primera vez (Además, he aprendido mucho vocabulario, que bien que me va para el B1)
Me alegra que leyeras la historia de Poe. Creo que es mi favorita. Leer en un idioma en el que no estás acostumbrada requiere un esfuerzo (aunque lo hables desde niña; yo estoy leyendo ahora en euskera y me cuesta horrores, y eso que lo hablo desde los dos años), pero merece la pena; no solo por lo que aprendes, sino por lo mucho que cambia la historia en el idioma original.
Habrá más de Alan. La verdad es que le estoy cogiendo mucho cariño, aunque debería centrarme más en el resto de los personajes de la historia. Pero estoy escribiendo para mí con el único propósito de divertirme y disfrutar, y con Alan lo hago, así que de momento, sobredosis.
Publicar un comentario