Este noviembre pasado cumplí cuarenta años, con lo que supongo que estoy en plena crisis de la mediana edad. Digo supongo, porque la verdad es que éste es el año que menos me ha costado cumplirlos, y eso que la cifra asusta. Yo creo que es porque llevo desde los treinta y ocho pensando en que pronto voy a hacer cuarenta, y claro, me he acostumbrado tanto a la cifra que cuando ha llegado creía que ya los tenía. Casi me ha hecho ilusión cumplir "solo" cuarenta.
Pero sí, debo estar en crisis, porque hay algo que me mantiene inquieta. Estos días le he estado dando vueltas y creo que he dado con el quiz del asunto, aunque decirlo en voz alta casi me da hasta vergüenza. Creo que mi problema es que ya "he llegado". He llegado a ese punto a donde se supone que la madurez te tiene que llevar. Tengo una vida equilibrada, no necesariamente la que soñé con veinte años (ya ni recuerdo qué soñé yo a los veinte), pero equilibrada. Tengo un trabajo fijo que me encanta, lo que me reporta un sueldo más que digno que me permite vivir con comodidad, aunque sin lujos; tengo un círculo estable de gente a mi alrededor con el que he conseguido evitar dramas a base de extirpar a todo ser tóxico de mi círculo cercano; tengo una casa propia que terminaré de pagar a los sesenta y cinco (¡ay!), que no es la casa de mis sueños pero puede llegar a serlo. Pareja no tengo, pero atrás quedaron los días en los que eso era un problema, porque he aprendido a estar sola y, la verdad, ahora me costaría mucho hacer hueco a otra persona. Material y socialmente hablando, se puede decir que lo tengo todo.
Y eso es lo que me agobia. No hago más que pensar en "y ahora ¿qué?" Si ya he llegado, ¿a dónde voy ahora? ¿Cuál es mi próximo objetivo? Hasta ahora tenía sueños materiales (y otros no tanto): arreglar la casa, o venderla y comprar otra más grande; cogerme un año sabático y viajar por el mundo (pero con qué dinero);... Y ahí se acaban mis planes. Como veis, bastante triste como proyecto vital. También está aprender alemán o volver a pintar, pero eso no son objetivos sino hobbies, entretenimiento mientras veo los años pasar. Ya he llegado, pero ¿es esto lo que quiero? ¿Qué hay ahí fuera que sea mejor? ¿Me atrevería a lanzarme a por ello?

Por causas completamente ajenas a estas cuitas, hace unos meses compré el libro de Marie Kondo sobre cómo ordenar tu casa de forma definitiva. Su teoría, y no le falta razón, es que en la mayoría de las casas guardamos muchas más cosas de las que realmente necesitamos. Lo primero que hay que hacer antes de ordenar es tirar todo lo superfluo. Ella define superfluo como aquello que no te da alegría; cada objeto que tengas debe hacerte feliz de alguna manera, y si no lo hace debes despedirte de ello (ella, japonesa y muy zen, le da las gracias a cada objeto por la felicidad que le ha traído y se despide de ellos; no veo yo haciendo algo así con un par de zapatos que me hicieron daño en una boda, qué queréis que os diga). Tengo el libro tan marcado y subrayado que creo que no ha quedado capítulo del que no haya sacado algo válido, con lo que doy el dinero que me costó el libro por muy bien invertido, aunque todavía no me he puesto a seguir sus instrucciones (pero tengo una fecha concreta marcada en el calendario y pienso hacerlo. De verdad). A cuenta de este libro, me puse a trastear en la red y encontré, de pura casualidad, a Joshua Fields y Ryan Nicodemus, más conocidos como The Minimalists. Esta pareja de amigos decidieron un día que no les gustaba su vida en el mundo corporativo, con sus sueldos de seis cifras y sus horarios de locura, y cortaron por lo sano con lo que les rodeaba. Se hicieron minimalistas, o sea, empezaron a vivir con menos. No solo menos objetos, sino menos de todo: menos estrés, menos horas en la carretera, menos deuda, menos gente tóxica a su alrededor. Se dedicaron a hacer lo que más les gusta, que en su caso es escribir, y les fue bien. Como sus necesidades se han reducido, el sueldo que necesitan para vivir también es menor. Ahora dicen ser felices y su vida ha cambiado como de la noche al día.

The Minimalists tienen un blog y una serie de podcasts que he empezado a seguir (y que os recomiendo si vuestro nivel de inglés es alto). Hay varios conceptos que me han llamado la atención, y sobre todo me han ayudado a ver por qué me siento extraña sin objetivos. Mi frase favorita es "en el momento en el que dejas de aprender, dejas de crecer, y en cuanto dejas de crecer, empiezas a morir". Me parece brutal, y cierto como la luz del día. Yo añado que para aprender tienes que estar motivada, tienes que querer aprender algo que te apasiona, de la manera que sea, ya sea viajando o leyendo, o hablando con otras personas. Evitan el término "algún día", porque, dicen, es una de las frases más peligrosas del lenguaje (equivalente a "nunca", diría yo), y odian "por si acaso", en el sentido de guardar cosas por si acaso se necesitan algún día y encontrarnos con que la casa está llena de objetos que no hemos usado en diez años. (Su regla es la del 20/20: si te cuesta menos de veinte minutos ir a comprarlo y puedes hacerlo por menos de veinte dólares, puedes tirarlo. Me ha encantado.)
Hablan de muchas otras cosas, como el exceso de consumismo en la sociedad (sobre todo la estadounidense), la importancia de no tener deuda, el abuso de la tecnología, el identificarnos con nuestro trabajo, etc. Algunos de sus consejos son "radicales" en el sentido de que suponen dar una vuelta completa a toda tu vida, pero otras son cosas que podemos hacer hoy mismo. Por ejemplo, vaciar la casa de cosas superfluas, o dejar de comprar compulsivamente y dedicar ese dinero a quitarnos deuda. A mí me han hecho replantearme varias cosas, y he empezado a ponerme objetivos nuevos (que no comparto porque todavía están en proyecto). Lo malo es que tengo mi edad grabada a fuego en mi subconsciente, y me va a costar tiempo y esfuerzo convencerme de que aún no soy demasiado mayor para hacer lo que quiero. Lo de hacer puenting hace tiempo que quedó atrás, pero lo de cogerme la maleta y marcharme a ver mundo... Ya se verá. Os mandaré una postal desde Australia si alguna vez me decido.
Crisis de los cuarenta. Luego vendrá la de los cincuenta y me haré un piercing en el ombligo, o me daré de cabezazos contra la pared por no haber hecho a los cuarenta lo que será demasiado tarde empezar a hacer a los cincuenta. De momento vuelvo a mi lista de prioridades. Ya os iré contando el desarrollo.


No hay comentarios:
Publicar un comentario