Las bolitas

Ayer fuimos a cenar a casa de unos amigos que viven como a una hora en coche. En el camino fuimos hablando de todo un poco y, como me ha pasado a menudo, la conversación me dio mil ideas de historias que podía escribir. Marina, me recordó a las bolitas de la musa, no pude evitarlo.
Lo malo de tanta bolita, al menos para mí, es la falta de tiempo. Hoy no he madrugado tanto como me hubiera gustado y sólo he tenido tiempo para seguir con mi novela, que algún día terminaré, antes de que la rutina diaria me engullera. Pero he apuntado las ideas del coche y espero que algún día (esta misma semana, a poder ser) los pedacitos de nada que voy robando de la gente que me rodea se conviertan en relatos que merezcan la pena ser leídos. Espero que la bolsa de la musa no se me llene tanto que luego me dé pereza rebuscar en su interior para encontrar las bolitas adecuadas.

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