Ayer estaba en la piscina, durante mi hora de tortura malaya autoimpuesta porque mi piel también tiene derecho a saber que es verano, y vi entrar a una familia de marroquíes, o árabes, o lo que quiera que fueran, ya me entendéis lo que quiero decir. Los niños entraron en la piscina como si nunca hubieran visto una, con la madre diciéndoles -que no gritándoles- algo en un idioma que yo no entendí. No sé qué les dijo, pero me da la impresión de que no le hicieron mucho caso porque los churumbeles salieron corriendo hasta la barandilla del final de la zona de hamacas, señalaron la piscina que se veía a lo lejos (un pequeño aquapark con sus toboganes y sus palmeritas) y se gritaron unos a otros: Begira, begira! Ikusi, ikusi! ¡La piscina! ¡¡Aaaaaah!!
Y yo me enternecí toda, y me hubiera gustado ver la cara del Savater y compañía y explicarles que toma, que ahí tienes a un grupo de niños que aún no ha cumplido los siete años comunicándose entre ellos en tres, ¡TRES!, idiomas, y estoy convencida de que no dijeron Look! Look! porque aún no se lo han enseñado en la clase de inglés que reciben desde los tres años.
Para que luego me hablen de defensa de idiomas que no necesitan ser defendidos.
5 comentarios:
Eso es, so it goes, hori da! :D
Siento discrepar contigo, amiga, pero eso no siempre es como cuentas. De hecho, en muchas partes de Catalunya no suele serlo. Sabes que soy catalán, lo hablo desde niño con familia y amigos, lo mismo que castellano (español en el resto del mundo), inglés y francés. Considero que ser políglota ha sido para mí una bendición. Hace tiempo , un matrimonio amigo de toda la vida se mudó a Madrid por razones laborales. Ellos, de mi generación, han alternado siempre con naturalidad catalán y castellano. Pero su hijo, de la edad de Itziar, no. Educado en un colegio de Cerdanyola (localidad de tamaño medio cercana a Barcelona), el niño se manejaba fatal con el castellano, hasta el punto de no entender muchas palabras ni poder hacerse comprender en ocasiones. Su rendimiento escolar al principio fue desastroso y su integración lenta y dificultosa, al borde de la depresión. Todo por el arrinconamiento de una lengua en favor de la otra. Está pasando, Ruth, lo veo cada vez que regreso a mi tierra. Nuevas generaciones a las que, gota a gota, se orienta y se les detrae la riqueza de una pluralidad lingüística bien entendida. Itziar comprende y habla el castellano, el gallego y el catalán por vocación y no por exclusión. Corremos el riesgo de estar creando analfabetos en un idioma pujante que hablan millones de personas en el mundo, gracias al cual tú y yo nos podemos entender. Tal como lo vivo y lo siento, te lo digo.
Y me parece estupenda tu opinión, y muy respetable porque viene de tu experiencia. Yo te explico cómo lo veo yo.
Yo vivo en una ciudad donde el euskera todavía es una lengua minoritaria que es imposible que llegue nunca a "comerse" al castellano por mil motivos. Uno de ellos, por ejemplo, el hecho de que el noventa por ciento de lo que escuchan y leen está en castellano en cuanto salen del colegio. Un periódico y una cadena en euskera, no hay más. Los padres suelen ser castellanoparlantes y el euskera sólo se usa en la escuela, con la profesora porque entre los alumnos hablan en castellano. Es imposible, imposible, que esos niños no tengan un nivel de castellano mejor que su nivel de euskera, porque el castellano llega a lugares donde no llega el euskera.
Si nos vamos a pueblos de Gipuzkoa profunda, ahí la cosa cambia. Los niños hablan en euskera todo el día, en casa, en la calle con los amigos, pero siguen teniendo un bombardeo incesante de medios de comunicación en castellano; no pueden ir a unos grandes almacenes y pedir lo que sea en euskera, porque los grandes almacenes están en las ciudades grandes y allí lo que impera es el castellano. Puede que tengan más soltura con el euskera, pero el castellano está ahí, y, exceptuando los contados casos que se marchen de Euskadi (que los hay, por supuesto), todos los demás van a hacer su vida en euskera, seguramente, lo que les queda de vida.
Creo, de todas formas, que las realidades de Catalunya y Euskadi son muy distintas, igual que los idiomas, y no son comparables. Tenemos tendencia a meter a todas las comunidades en el mismo saco cuando hablamos de bilingüismo, y creo que no acertamos. Yo no puedo hablar de tu realidad porque no la conozco, pero hablo de lo que yo veo y a mí el plurilingüismo me parece una idea fenomenal. Y no veo al castellano en peligro (desde mi perspectiva, ya te digo).
Un besote, musu handi bat, petons (que me han dicho que es lo mismo, pero puedo estar metiendo la pata hasta la ingle ;-) ).
En efecto, son realidades muy distintas, Ruth, y me encanta que las podamos contrastar. Es un tema complejo y para nada unidimensional. Un abrazo. Bona nit i petons (lo has escrito muy bien).
Estoy con Ruth, de la A a la Z. Aunque no hablo euskera ni catalán, no puedo dejar de estar a favor de todas las lenguas, y muy especialmente de las minoritarias, a las que se debe defender, sostener, proteger, alentar y difundir para que no se pierdan. Un beso.
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