Si bebo, no conduzco, pero ¿cómo vuelvo?

Aunque vivo en el centro, donde está toda la movida y todo el ambiente vitoriano, a veces me apetece cambiar de aires e ir a tomar un par de cervezas a uno de los barrios más o menos jóvenes de la ciudad, uno que queda a sus buenos cuarenta y cinco minutos de paseo desde mi casa. Obviamente, un sábado por la noche no voy a ir andando por una zona completamente desangelada, lloviendo y con tacones, así que ayer, como siempre que voy un poco lejos, cogí el urbano, por eso de poder tomarme lo que me dé la gana sin pensar en las consecuencias. Para ir, ningún problema: puntualidad, buen servicio, parada frente a la puerta del bar en el que había quedado, todo perfecto. Pero para volver, ¡oh, sorpresa!, ayer era festivo y el servicio de línea regular terminó a las diez y veinte. ¡Y no había servicio nocturno!

No me puedo creer que en una capital de comunidad autónoma, con su buen cuarto de millón de habitantes y barrios cada vez más alejados del centro, se pueda dejar a toda la población sin servicio de autobuses desde las diez y media de la noche hasta las ocho de la mañana siguiente durante tres largos días. Me importa tres pepinos que ayer fuera festivo, ayer era sábado y, como tal, día de farra. Más farra aún, porque sabes que tienes todo el domingo para recuperarte y el lunes para hacer lo que normalmente haces los domingos, así que la gente saldría hasta tarde. No se pueden poner anuncios sobre seguridad vial, avisar a la población de los peligros de conducir bebido, y luego dejarles a su suerte y no darles un servicio asequible que pueda llevarlos de un lado a otro.

Por suerte para mí, mientras esperaba al autobús que nunca llegó me encontré con una chiquita que también iba para el centro, así que cogimos un taxi entre las dos (previa llamada, claro, porque Vitoria es la única ciudad del mundo en la que no puedes parar un taxi por la calle). Menos mal que nos dividimos la tarifa, porque la gracia nos hubiera salido por ocho eurazos del ala. Huelga decir que la próxima vez que vaya a dar una vuelta en festivo, no me quedará más remedio que llevar el coche porque mi sueldo no da para taxis a ese precio.

Señor alcalde, mucho tranvía y mucho niño muerto, pero como todos los servicios de transporte público tengan los mismos horarios, muchos bares de según qué zonas de Vitoria van a tener que cerrar (daba pena ver en el que estábamos, que suele estar lleno, vacío a las diez y media de la noche porque todo el mundo se había tenido que volver al centro). Por no hablar, claro, de los accidentes por conducir borracho o los problemas de aparcamiento en el centro. Los días festivos también se sale, sobre todo si es un puente, y si es sábado más aún. Seamos por fin la ciudad que queremos ser y dejemos de hacer las cosas a medias, por favor. Que no me extraña que nos tomen por tontos en Bilbao.

2 comentarios:

Francisco Ortiz dijo...

Es una pena. En Granada pusieron uno nocturno y alivia un poco la cosa. Pero tienes mucha razón: mucho hablar de prevención y otros rollos y a la hora de la verdad se falla en el servicio público. Es, cuanto menos, cabreante.

Anónimo dijo...

Sobre la última frase: no creas que en Bilbao están las cosas mucho mejor. Los mismos horarios... o peores. La diferencia: aquí el taxi os habría salido por no menos de quince euros. Sí, sí: quince.