Plantó un árbol, pero una tormenta se lo llevó a los dos meses. Nunca llegó a ser un árbol adulto.
Tuvo un hijo que la llenó de alegría, pero el niño murió a los diez años a causa de un macabro accidente con un enchufe mal pelado. Ya era demasiado mayor para tener más hijos.
Escribió un libro y lo publicó, pero lo leyeron diez personas. Nunca vio su nombre impreso en la sección de novedades literarias de ningún periódico.
Intentó suicidarse, y eso le salió bien a la primera. Por fin algo de lo que sentirse orgullosa.
4 comentarios:
Lamentablemente a veces se acierta en lo peor, sí. Qué triste historia.
ke post mas negro para un lunes, txikita,
me has puesto los pelos de punta...
Pobre...
Y por qué la pintas en femenino?
¿Y por qué no, Pau?
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