Leo en un blog de una escritora estadounidense (leo a tantas que ya no sé quién es quién) un post pidiendo ayuda para las mujeres maltratadas de su país. Empieza bien, contando el caso de una mujer australiana que por fin ha denunciado a su padre después de tener tres hijos con él; alguien la animó a que lo hiciera y la gente (mujeres, curiosamente) la acusa de metomentodo. Que tenía que haber dejado las cosas como estaban. Que ya había pasado mucho tiempo y no hacía falta remover la mierda. Que total para qué, no merece la pena. La autora del blog da las gracias a la metomentodo. Yo también.
Pero luego a la autora le da por ofrecer una serie de curiosas estadísticas. No el hecho de que, en el mundo, una mujer es maltratada cada quince segundos. Eso no me parece curioso, me parece escalofriante. Lo que apunta la autora es una lista de los gastos que la violencia doméstica y las agresiones sexuales acarrean a la sociedad americana, los billones de dólares que se pierden o se dejan de ganar porque las víctimas no pueden ir a trabajar o necesitan atención médica, los días laborables perdidos. Menciona la crisis, el hecho de que cada vez más hombres violentos van a golpear a sus mujeres por el estrés laboral, por la situación económica adversa. Sólo una estadounidense puede pensar en dinero cuando habla de violencia contra las mujeres, pienso, pero luego me doy cuenta de que la mayoría de sus lectoras son, probablemente, estadounidenses también, y que la única manera de llegar a estas personas es mentándoles el poderoso dólar. Me parece triste, pero no puedo dejar de admitir que es efectivo.
Para terminar el post, la autora da una serie de opciones de voluntariado y acciones varias que uno puede llevar a cabo para ayudar a estas mujeres. Me dan unas ganas terribles de buscar el refugio de mujeres más cercano y hacer algo, pero sé que se me va a pasar enseguida, que en cuanto mi cabeza se asiente un poco y deje de pensar en el que me falta se me quitarán las ganas. Aunque ahora mismo siento que debería hacer algo porque odio sentarme y limitarme a pensar. Valiente feminista estoy yo hecha, querer ayudar al prójimo sólo para beneficio propio.
Si a alguien le interesa leer el post en su versión original, id a http://www.murderati.com/blog/2009/9/20/i-dont-care-what-you-do-do-something.html, y aprovechad para leer el contenido anterior si es que os gusta la novela de misterio.
4 comentarios:
Yo tampoco entiendo que sean tantas las mujeres maltratadas y no se reaccione, reacciones contundentemente. La violencia masculina,hombres sin estudios y con ellos, suele ser brutal. Saludos
Hace poco veía un documental sobre el desastre que ocasionaría la erupción de un volcán, algo que ya sucedió en mil ochocientos y pico.
Nueva York echa polvo, Manhatan peor... pero lo sorprendente es que no calculaban los muertos sino lo que costarían
Da grima. Cualquier desastre es, para los americanos, una cuestión de dinero antes que nada. Parece como si, de no ser por eso, les diese igual esa tragedia o cualquier otra. Se ve que las penas de muerte que ejecutan, por ejemplo, les salen baratas. Así que la pena de muerte allí terminará el día en que suba el recibo de la luz.
Así es, trágico como lo pintas. Un beso.
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