- Todos mis personajes hacen mohínes. Curioso, porque hace como tres siglos que no oigo ni leo esa palabra, pero he escrito "hizo un mohín" varias veces en cada escena. En una línea aparecía dos veces. Para el mismo personaje.
- Otro personaje se muerde el labio inferior cuando está nervioso, o cuando sabe que no puede decir lo que piensa, incluso cuando algo le gusta mucho (me parece un gesto muy sexy, lo de morderse el labio inferior, ¿no os parece?). Lo que no sería malo si no se lo mordiera cada tres líneas. Cuando está hablando. Cuando ya se estaba mordiendo el labio inferior en la línea anterior. Incluso cuando le están dando un muerdo, él insiste en morderse su propio labio inferior.
- Yo sé que no todos mis personajes tienen los ojos azules, pero debo tener algún trauma con ellos porque solo describo los ojos de aquellos que los tienen azules. Si no menciono los ojos, es que son marrones. O verdes. Pero no azules.
- A un personaje le chispean los ojos. Para todo. Lo único que soy capaz de decir de su expresión es "sus ojos chispearon con malicia", "le chispeaban los ojos de alegría", "le miró con ojos chispeantes". Por supuesto, sus ojos son azules. Qué os creíais.
- Todos, TODOS los personajes alzan las cejas, o suben las cejas, o elevan las cejas, para cualquier tipo de emoción. Sorpresa, odio, resentimiento... "Alzó las cejas y la miró con desdén", "sus cejas se elevaron casi hasta la raíz del pelo", "las cejas se perdieron bajo su flequillo"...
- Mis protas siempre sonríen con una comisura. Nunca enseñan todos los dientes, solo sonríen con una comisura. Todo el rato.
- Una cosa es que haya pretendido escribir una comedia y otra es que en todas las escenas alguien termine "riéndose a carcajadas", o "emitiendo un sonido que podía ser una risa ahogada". Hasta llorando ríen. Y, por supuesto, siempre acompaño la palabra "carcajada" con el adjetivo "sonora". Porque como todo el mundo sabe, las carcajadas son más bien silenciosas.
- He estado a punto de contar cuántos ceños fruncidos había en la historia, pero mejor no. De esto culpo a "Los Hollister" y todo lo que me hicieron leer de pequeña. Y que la expresión tiene un sonido que me gusta mucho; probad a decirla en voz alta, "fruncir el ceño". Las ces y las erres me encantan.
- Un personaje siempre lleva un "impoluto traje gris y una inmaculada camisa azul". Menos cuando va en "vaqueros y camiseta", así, sin más.
- Cuanto mejor me cae un personaje, más alto es. Desde la primera escena a la última, Alan ha crecido veinte centímetros. Y viceversa, cuanto más asqueroso quiero hacer a un personaje, más bajo es. Teniendo en cuenta que yo soy un tapón, no sé qué dice esto de mí.
De revisiones y hábitos que no hacen al monje
He releído el primer borrador de la novela [aplausos, algún "hurra", algún "bieeeeen"] y, por primera vez en mi vida, no he querido esconderme de mí misma bajo el sofá, ni bajo la mesa, ni abrir la ventana y saltar [al andamio de enfrente], ni quemarme a lo bonzo, lo que ya de por sí es un gran avance. He sido capaz de identificar los fallos yo solita, pero a la vez que veía los fallos era capaz de ver la solución. He borrado párrafos enteros, pero también he subrayado muchas líneas que no me puedo creer que haya escrito yo. Y he encontrado un montón de clichés que no me había dado cuenta de que usaba y me han hecho reír a carcajadas (lo cual demuestra que me estoy tomando esto como lo que es: una aventura, un juego, una manera de aprender y pasármelo bien). Supongo que son malos hábitos que he ido cogiendo a lo largo de los años y que nunca he eliminado por la sencilla razón de que nunca he hecho una revisión. He aquí algunos:
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentario:
Yo me he reído con sonoras carcajadas al leer este post. Y mi compañera me ha mirado con el ceño fruncido, las cejas bajo el flequillo y un mohín de "se le ha ido la cabeza".
Me encanta como te lo tomas, se nota cuando algo te entusiasma.
Por cierto, es normal que te gusten los ojos azules...no es por presumir jejeje.
Publicar un comentario