Los primeros días del viaje utilizamos King City como campamento base y visitamos los pueblos de la zona, algunos de los cuales merecen mucho la pena. El primero fue Santa Cruz, tierra de surfistas y capital de las lesbianas (aunque de los primeros he visto muchos, las segundas son más discretas y todavía estoy por ver una pareja cogida de la mano); paseamos por el centro, volamos unos cuantos dólares en las tiendas “superchupis” de la calle principal y subimos a ver el faro y la playa de los perros, donde a partir de cierta hora parece estar prohibido entrar si no llevas a tu mejor amigo contigo.
Al día siguiente fuimos a la ciudad universitaria por excelencia de la zona, San Luis Obispo, donde hicimos casi exactamente lo mismo que habíamos hecho en Santa Cruz con una parada muy especial: era 21 de julio y había que comprarse el séptimo de Harry Potter, por más que me hubiera propuesto no empezar a leerlo inmediatamente. Y, ya que había entrado, arramblé con unos pocos libros más (tenía que volver a leer a Steinbeck) y fuimos a la cafetería de enfrente a tomarnos un refrigerio. Sí, ya sé que los Starbucks son el epítome del capitalismo estadounidense, pero qué le vamos a hacer: a mí me encantan. Puede que sea lo que más me gusta de California, y sin un par de ellos al día (tall ice mocha with whip cream, please) no soy persona.
Aquella misma noche empecé a leer a Harry… No sé para qué trato de engañarme a mí misma.
3 comentarios:
Por cierto, ¿cuál de las dos beldades sois vos? Lo digo para poneros rostro, sublime escribana.
Discrepamos en algo: NO SOPORTO los Starbucks...
Ja, ja, ja!! Ya sabía yo que tú ibas a ser un anti-Starbucks... Da igual, cualquier cafetería en Europa tiene mejor café que ellos, pero me encanta el pasearme con el cancarro interminable de café por la calle.
Yo soy la de rojo, por cierto.
Un besote.
No he estado nunca en un Starbucks, lo que me gustan son los cafés tipo... modernista :) clásica que es una!! ;)
Qué tal va el libro, Ruth?? Besote, guapa mujer de rojo!!!
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