Lucia

Los libros debían ser ordenados por tamaño y autor, pero ninguno había salido todavía de su lugar. El polvo se acumulaba sobre la mesa, sobre las baldas, entre los lomos de los libros, pero el plumero parecía estar en huelga de brazos cruzados, tumbado en una esquina del despacho, sin atisbo siquiera de movimiento. Se suponía que era día de limpieza pero, dos horas más tarde, el desorden de la habitación se había multiplicado por mil.
La culpa era de aquella estantería, se dijo Lucía, sentada en el suelo con las piernas cruzadas y una manta sobre los hombros; su estantería de escritura, donde se iba acumulando todo lo que, por un motivo u otro, no era capaz de escribir en el ordenador. Viendo el suelo de su despacho, cualquiera hubiera pensado que un terremoto de magnitud siete había atacado sólo al piso de Lucía; no quedaba ni un centímetro cuadrado libre, y si alguien hubiera querido entrar sin pisar papeles, habría tenido que volar.Se encontraba rodeada de cuadernos con historias empezadas -muy pocas acabadas, ninguna revisada-; páginas y páginas de ideas para guiones que Lucía imaginó, en su momento, merecedores de un Óscar; primeros capítulos de novelas que en manos de cualquiera se hubieran convertido en seguros premios Planeta (pero no en las suyas, nunca en las suyas, que siempre perdían gas a medida que se acercaba un clímax), y un sinfín de descripciones de personajes que tenían más vida que la mayoría de gente que conocía. Nada estaba terminado, nada estaba definido: miles de árboles muertos irremediablemente para que ella, Lucía, los emborronara con tinta y los convirtiera en basura.
Y entonces se dio cuenta de lo que era, y el mundo entero se le vino abajo, y una lágrima que le ardió en la cara cayó sobre el papel que sostenía con la enésima idea para una novela, una idea tan buena que le dio miedo escribir porque sabía que nunca le haría justicia, nunca la convertiría en todo lo que podría ser.
Lucía lo supo entonces: no era escritora. Era escribidora.
Y una muy mala, por cierto.

6 comentarios:

AdR dijo...

Pues sí, era escribidora. O escritor frustrado como yo ;)

Al fin y al cabo todos somos, en cierto modo, frustrados.

Besos

Unknown dijo...

pero no se puede decir lo mismo de tí, que has descrito la escena con una brillantez esquisita...
fantástico relato...

Dani González dijo...

un relato muy bueno y da paso a nuestra reflexión, en la mayoría verdaderamente frustrante...

saludos

Maritornes dijo...

Y esta Lucía.. ¿no se apellidará Etxebarria? Qué mala soy.
Sobre este relato debería reflexionar mucha gente. Besos.

Miguel Sanfeliu dijo...

Y supongo que casi todo aquel que intenta escribir habrá tenido momentos así. Hoy mismo tengo uno de esos. :)
Saludos.

Leticia Zárate dijo...

Me ha pasado, estar ante varias (no tantas) ideas para desarrollar, sin terminar. Ahora, por fortuna, esas ideas desembocaron en uno que otro cuento compartido, no sé si buenos, pero si a alguien le gustan, me doy por bien servida.
Y a seguir escribiendo...