Mi principe azul


Una borrachísima -y aún así encantadora, por supuesto- Sandra Bullock besaba a un sorprendido -y como siempre encantador, galán, pícaro, atractivo- Hugh Grant mientras yo babeaba ante la pantalla con un bocadillo de tomate y queso fresco espolvoreado con albahaca sobre las rodillas y me preguntaba a cuánta gente le había pasado algo así en la vida real y si dos personas con el físico de Hugh y Sandra iban a tener tantos remilgos a la hora de darse un homenaje, cuando alguien llamó en mi puerta (y digo en mi puerta porque tuvieron que usar los nudillos, porque no tengo timbre; la casa vino sin él y, sinceramente, ¿qué necesidad se tiene de uno?). Los efluvios de la comedia romántica me hicieron dar un salto: ¿sería aquel mi príncipe azúl? ¿Mi Hugh Grant (pero el de las pelis, no el de la vida real, que debe ser un borde)? ¿Mi joven Alan Rickman? Hasta con el Clark Kent de Smallville me hubiera "conformado", por más pinta de marine americano que tenga a veces. Salí al pasillo con el corazón en un puño, preparando una escena romántica que hubiera hecho palidecer a la mismísima Bridget Jones.
Y entonces me vi reflejada en el espejo del pasillo, y hasta a mí se me cayó la líbido por mí misma al suelo. Pijama de felpa atado hasta el cuello; pelo recién lavado recogido en un torpe moño para no manchármelo con el bocata; gafas que necesitan un ajuste manteniéndose precariamente en la punta de mi nariz. Por dios, que no sea mi príncipe azul. Si lo es, no pienso abrirle.
No era, por supuesto, ningún príncipe -ni conde, ni duque, ni lacayo siquiera-, sino el vecino de abajo con un papelillo que necesitaba que le firmara. Suspiré tranquila, le firmé lo que me pedía y me despedí con un buenas noches. Me fijé de nuevo en mi reflejo. Vaya pintas. Espero que mi príncipe azul me llame por teléfono con una horita de adelanto antes de venir.
Pero, de todas maneras, creo que me voy a comprar un camisón de seda muy sugerente y muy sexy (sobre el cual me pondré una bata de felpa que será la envidia de cualquier foca). Por si las moscas... o los príncipes azúles.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

jeje, esperamos una muestra fotográfica de tus próximas adquisiciones! jaja

Maripuchi dijo...

Ya lo decía mi abuela ... hija, sal a la calle con tus mejores bragas siempre ... nunca sabes si vas a tener un accidente (obviamente, ella no pensaba en el príncipe azul, pero podría ser lo mismo...) jeje

Besitos

Max Estrella dijo...

Por si acaso...jejeje
muy bueno.
besos

AdR dijo...

Que la próxuima vez llame tu príncipe azul, pero que no sea Hugh Grant, por Dios, yo no puedo con ese hombre, es histrionismo puro :P

La culpa de lo de los príncipes azules la tiene Walt Disney, eso dicen mis vecinas, los príncipes azules no existen. Siento decírtelo así y ser tan duro, Ruth

:)

Besos
Fdo. Un "príncipe", a ratos azul, a ratos gris, a ratos blanco... pero siempre yo

Leticia Zárate dijo...

Jaja, qué anécdota más amena. me encanta tu forma de expresarte, tu redacción.
Saludos.

Carla Alves dijo...

Me gusto mucho tu blog... este post fue genial... yo tb me pongo loca solo con el acento de Hugh Grant... jeje..
Saludos