Una gota, dos gotas, tres gotas.
La lluvia del exterior era lenta pero incesante. La humedad del día se colaba por las rendijas de las ventanas, por las paredes mal encaladas, por debajo de las puertas. Todo a su alrededor era agua.
Una gota, dos gotas, tres gotas.
La oscuridad le pesaba en los parpados, pero seguían abiertos. El sudor le impregnaba la cara. Aquellas tormentas de verano trataban sin éxito de aliviar el bochorno.
Una gota, dos gotas, tres gotas.
Tanta agua y la boca seca, paradojas de la vida. Y no podía beber. Aunque el agua estuviera tan cerca.
Una... Dos... Tres...
Las campanadas de la iglesia cercana dieron las tres de la madrugada cuando la última de las gotas de su sangre se deslizó por su muñeca hasta el agua de la bañera. Los párpados abiertos, la humedad del cuarto de baño, el sentido del oído el último en desvanecerse.
Una gota, dos gotas... Tres.
4 comentarios:
Para este paisaje, ¿te has inspirado en la lluvia que nos cala desde hace dos meses sin parar? jajajajajaja
¡Nos van a salir agallas, joder! ;-)
Aunque sé que te será difícil ir, te haré extensiva igualmente la invitación:
El próximo 4 de junio a las 19,30 horas en el Centro Cultural Can Fabra, c/Segre 24-32 (Sant Andreu, Barcelona) tendré el honor de presentar en sociedad el libro Cotidianos, un libro de relatos. Para ello contaré con la ayuda del escritor Jorge Larena, autor de la exitosa novela Sombras de otoño.
Saludos.
Muchas gracias por la invitación, Luis. No estaré en cuerpo, pero te deseo toda la suerte del mundo, y que te lo pases en grande en tu gran día.
Publicar un comentario