¿Machismo implicito o feminismo extremo?


Hace unas semanas, mi madre y mi hermano me dijeron, no sé a cuento de qué, que yo tenía una habilidad especial para las segundas lecturas de los mensajes más simples, ya fuera en películas, en libros o incluso en anuncios. Yo me quedé un poco perpleja al principio, pero luego me lo tomé como un cumplido. Fíjate, oye, si al final voy a tener una habilidad especial para algo y todo. Tendría que ponerlo en mi currículo: habilidad especial para captar significados secretos. Seguro que me forro.
Pero esta supuesta habilidad mía tiene sus contrapartidas, y una de ellas, la más grande, es que no me deja disfrutar de los mensajes supuestamente simples que nos rodean. Mi mente, en gran medida orientada hacia el mundo femenino y muy sensible a todo lo que ataque a la mujer, capta siempre ataques velados a veces y no tan velados otras en prácticamente todos los ámbitos de mi vida. Como el comentario de un familiar mío que le dijo al médico, cuando éste le indicó que debería llevarse la comida de casa en lugar de comer fuera todos los días, que no iba a obligar a su mujer a levantarse todas las mañanas a las cinco para cocinarle a él. Como el bombardeo incesante de anuncios de detergentes que nos muestran a mujeres cuyo único incentivo en la vida es tener la ropa más blanca que la vecina. Como la rabia que me da que, cuando se anuncia algún nuevo invento adelgazante, sólo saquen a mujeres delgadísimas que supuestamente necesitan perder unos kilos para lucir palmito en la piscina.
Pero estos son los típicos y, aunque me molestan, me molestan mucho menos que el último anuncio de unas famosas gafas de sol, que encima va dirigido a la gente joven. En él se nos muestra a un montón de jóvenes super chachis, saltando alegremente con sus gafas de sol, ellas con minifaldita y vestidas de colegialas (que esto también daría para otro post, porque en ningún momento se ve a un jovenzuelo sin camisa, por poner un ejemplo), ellos super guays con su banda de roqueros que tocan que te cagas, o sea, tojuro. Y al final del anuncio -estéticamente muy bonito, en blanco y negro, a cámara lenta-, se ve a un tío super chachi guay que te cagas de la muerte, con sus gafas que le sientan como un guante, coger a la primera chavala que pasa y a la que no conoce de nada y plantarle un morreo así, porque sí, para después dejarla ahí plantada y marcharse con sonrisa de chulo putas mientras ella le mira embobada.
¿Soy yo, o esto ofende? ¿Me estoy pasando al pensar que, si esto le pasara a cualquier mujer con dos dedos de frente, el tío se quedaría con la marca de los cinco dedos de la mano en la mejilla y las gafas volarían de su nariz? ¿No incita esto a la objetivización de la mujer, desde donde el derecho a plantarle un sopapo, igual que le planto un beso sin pedir permiso, ya es vislumbrable? Yo, personalmente, al chiquito este, por muy bueno que esté, le monto un pollo que se caga y se le caen las gafas de vergüenza en mitad de la calle. ¿Quién se ha creído que es para ir dando morreos a diestro y siniestro? ¿Qué se cree esta marca de gafas que somos las mujeres, un adorno más, como los que antaño ponían en los coches para vender más? ¿Por qué se siguen haciendo anuncios en los que no se tiene muy claro si lo que se vende es un objeto o la mujer que sale en el spot? En serio, ¿nadie más lo ha visto? ¿Soy una exagerada?
Será que tengo la antena de los significados ocultos demasiado bien sintonizada...

7 comentarios:

Maripuchi dijo...

Pos anda que el de San Ignacio ... y San Jacobo...
Los de anticelulíticos me ponen muy nerviosa... como los de tintes presentados por individuas de 20 años que no han visto el amoníaco ni de lejos..
O los de Leche Pascual o yogures Danone, con esas casas tan de clase media...
Vamos, que creo que a mí no me vende na nadie, oiga.

Javier Vizcaíno dijo...

No, no eres tú... Yo pienso exactamente igual, aunque soy tremendamente pesimista porque no veo mayor reacción. Es más: es algo socialmente aceptado y hasta aplaudido. Se ríen este tipo de gracias y así nos va. Y me duele especialmente cuando son mujeres quienes ante un anuncio así (el modelo está muy repe) dicen cosas del tipo "ya podías encontrarte conmigo, guapo".
¿Sabes lo que sí sería un escandalazo que provocaría quejas a Emakunde, el instituto de la mujer, etc? Si en lugar del mazas, el repartebesos fuera un tío modelo Torrente o Jesús Gil...
Para reflecionar...

Ruth dijo...

Exacto, Javi, pero como está bueno parece que se cumple eso del principe azul al que el padre de la princesa da la mano de su hija, sin preguntarle siquiera a ella.
Hemos avanzado mucho, por supuesto, ya a nadie le parecería bien que a la actriz de turno le dieran un bofetón y el galán se quedara tan ancho, pero hay cosas que se siguen viendo y que parece que no llaman la atención, y no entiendo por qué no.

Fernando Alcalá dijo...

Pues me has hecho pensar, Ruth. Voy a tener que pasarte mi novela porque ahora me he asustado pensando que transmito mensajes sexistas sin que me dé cuenta. O eso o yo etoy bastante susceptible.

Ruth dijo...

No creo que sea susceptibilidad, Fernando. Muchas veces tenemos clichés tan metidos en nuestra vida diaria que no nos damos cuenta de lo que de verdad significan, o de dónde vienen. Cuántas tías no dirán, como dice Javier, "quién te pillara chulapo" con el anuncio de marras, pero es una de las cosas más machistas que he visto en mucho tiempo. Es como lo de los piropos de los obreros (los desagradables, esos que te hacen darte la vuelta y querer soltarles un guarrazo), pero a la undécima potencia.
Yo leo lo que haga falta, chato; ahora, ¡te ibas a cagar!, porque empiezo a ver ataques hasta en los anuncios de yogures.

leo dijo...

EStoy de acuerdo contigo, Ruth. Yo también me indigno con muchísimos anuncios. Y también con los que, de una manera descaradamente demagógica, hacen todo lo contrario (mayordomo de Tenn, por ejemplo).
Y para acentuar mis contradicciones, además, me indigna que los tíos buenos con Ray-ban no sean tan cariñosos en la realidad como en los p... anuncios ;)
Buen lunes y un abrazo.

Ruth dijo...

¿De verdad crees que el mayordomo de la tele trata de hacer todo lo contrario, Leo? Yo creo que es más de lo mismo, y que encima intentan engañarnos. ¿Quiénes son las que están ahí, dándole al palique sobre lo limpios que están los baldosines? ¿Cuándo veremos un anuncio en el que un hombre limpie la casa porque sí, no porque viene su madre o su novia o sus compañeras de piso le obliguen? ¿Cuándo un anuncio en el que la mayor preocupación de un tío sea tener la ropa más blanca que el vecino? Ya, ya, si la lo sé: NUNCA. A lo más que llegaremos será a ver a un par de tíos con mucha pluma peleándose por ver quién pone la lavadora, porque limpiar es de mujeres y de gays.
Ya digo que me preocupan más los anuncios que eternizan ciertos estereotipos que creía desaparecidos. El de Rayban me parece muy peligroso, la verdad.