Aquella pila estaba caliente, se pusiera como se pusiera el vendedor. La llevaba en el bolsillo -en el de la chaqueta, de lana, sin botones ni cremallera, sin una mala llave con la que hacer contacto siquiera- y estaba caliente. El vendedor me echó la culpa a mí.
-Algo le habrás hecho -insistía.
Mi madre se subía por las paredes.
-¿Pero qué se le puede hacer a una pila que aún tiene hasta el precinto de seguridad? Tóquela, oiga, que está ardiendo.
Era una pila de petaca, de esas grandes con dos barritas de metal en los polos que nos habían pedido en la ikastola para hacer un circuito eléctrico al día siguiente. Quemaba horrores, y, como bien decía mi madre, no le había quitado ni el precinto, no había salido de mi bolsillo en la escasa media hora que hacía que la había comprado. No pensaba usar aquella pila.
-Yo se la he vendido en buen estado, algo le habrá hecho la cría.
-Me da igual, una pila no tiene por qué calentarse. Cámbiemela, haga el favor.
La dependienta -él debía ser el jefe, por la manera en que ella se quedaba en un segundo plano y nos hacía gestos con la mirada- sugirió tímidamente que quizás tuviéramos razón, que no era muy normal que una pila se calentara así. El hombre se puso como una fiera.
-¿Pero no ves que es imposible, que si una pila no ha hecho contacto no tiene por qué descargar energía?
-Pero ésta sí que...
-A ver, ¿cuántas de vosotras habéis estudiado electricidad, eh? -Yo iba a decir que en ello estaba, aunque con aquella pila mal íbamos, pero sólo tenía doce años y aquel señor me daba miedito-. Tú -señaló a mi madre-, cero en electricidad, tú -señaló a la dependienta- cero en electricidad, tú -me señaló a mí- cero en electricidad, yo seis y medio. Así que a callar todas.
Yo tenía sólo doce años, pero incluso a esa edad me di cuenta de que aquella nota no era precisamente para ir haciendo callar a la gente. Aquel señor no conocía la mala leche que se gasta mi madre cuando le tocan la cartera o sus hijos -no en ese orden, pero os hacéis una idea- y, a pesar de su supuesto cero en electricidad (¿cómo sabía aquel señor que mi madre no era electricista, o ingeniera, o algo para lo que necesites un seis y medio en electricidad, como dependiente de una ferretería?), le sacó la pila nueva al final. Pues buena es ella.
Salimos de la tienda y no nos costó mucho echarnos a reír, porque es mucho más sano que enfadarse. No volví a ver a aquel hombre, y no hace falta deciros que tampoco volví a entrar en aquella ferretería; mi madre sí le ha visto, y recuerda cómo se cambiaba de acera para no cruzarse con ella antes de tener que cerrar por falta de clientela. Me pregunto por qué no entraba la gente.
Lo más curioso de todo es que aquel cascarrabias resultó tener algo de adivino, porque tres años después me cayó mi primer y único cero en un examen, precisamente en uno de electricidad. Aunque yo creo que más que adivino, fue un pájaro de mal agüero; claro, tanta historia para comprar una simple pila, al final le terminé cogiendo manía al tema. La ironía es que ahora la profe de electricidad sea yo y me dedique a tratar de hacer funcionar los circuitos de los críos.
Pero a ellos no se les calienta ninguna pila. Y si lo hiciera, les diría que fueran a cambiarla.
7 comentarios:
¿Esa historia es cierta? ¡Quizá habíais descubierto el primer reactor de fusión eléctrica, una fuente de energía alternativa!
¡Qué hicisteis con esa pila?
Por otra parte el hombre no era tan arrogante:sólo 6 y medio en electricidad... podía haber mentido y decir 10. Seguro que era un incomprendido ;-)
Es cierta, Kanif, como la luz del día. La pila se la dimos al señor, que se la quedó, o la tiró, vaya usted a saber (lo mismo la revendió).
Pues mira, no había visto yo al señor este con esos ojos...
MI padre era el profesor de tecnología (pero de otro cole) así que nos ayudaba él a hacer los circuitos y las cosas, así que si nuestras pilas quemaban de antemano (creo recordar que me pasó una experiencia parecida, así que tiene que ser muy común que pase eso con las petacas de nueve voltios). Al final yo saqué un 9, pero no tiene mérito por la ayuda de mi padre y porque yo era un empollón en toda regla. Pero de todos modos os gano a todos.
uy, he quedado la frase a medias, es que no se puede escribir a estas horas. Decía que si nuestras pilas quemaban de antemano iba el a la tienda cual primo de zumosol.
Toy ACELERAOOOO!!!
Oye, Ruth, ¿No vendrías el domingo al World café de R.E.?
Qué raro. Yo llegué aquí intentando documentarme sobre las relaciones sexuales entre el Che Guevara y los Estados Unidos. Luego pasó lo que pasó, claro.
Ruth, intento contactar contigo, pero no puedo a traves del link de tu perfil. No soy un pervertido ni nada por el estilo. Solo quiero preguntarte acerca de una historia que colgaste hace algun tiempo. mi correo es jcaguirre30@hotmail.com Espero me envies un e-mail pronto. GRACIAS
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