¿Crisis? ¿Qué crisis?

El que deja de hacer cosas por falta de dinero, es porque quiere.

Tengo dos amigos (llamémoslos Elvis y Priscilla, por respeto a su anonimato) cuyo sueño ha sido siempre casarse en Las Vegas. Pero claro, la gracia de una boda en Las Vegas es poder llevarte a tus amigos para que lo celebren contigo, y estando las cosas como están eso era poco menos que imposible. Parecía que la unión pecaminosa y libidinosa que habían mantenido durante los último diez años iba a continuar por lo menos otros diez; la crisis, el dólar, el euribor y la santa madre iglesia no hacían más que poner trabas. El viaje a Las Vegas era imposible. ¿Cuál podía ser la solución?

Por supuesto, traer Las Vegas a Vitoria. Más exactamente, al salón de su propia casa.



Así que ahí tenéis a la feliz pareja, rodeados de sus más allegados en una íntima ceremonia en la que aquí la menda (atea a ultranza) se plantó el alzacuellos para casarles como dios manda, en inglés y con subtítulos, que tampoco era cuestión de perder a los invitados. Como en cualquier boda que se precie, hubo banquete, champán, lanzamiento de ramo e intercambio de pelucas, y sobre todo ciego impresionante y resaca de campeonato al día siguiente (dos kilos perdí, ¡dos!). Pero el objetivo está cumplido: Elvis y Priscilla son marido y mujer ante los ojos de su gato y en nombre de La Pasionaria. Ya no van al infierno. Ya pueden pedir pensión de viudedad. Ya pueden lucir el anillo (uno lo lleva en el dedo índice y la otra en el corazón, no hay manera) y decir que es una alianza símbolo de su amor eterno.

Que ya están casados, vamos.

3 comentarios:

Sebastián Puig dijo...

Joder, que aprendan muchos. Felicidades.

Leticia Zárate dijo...

Hola Ruth, pasé a saludar.

Besitos.

Anónimo dijo...

ji, ji, ji...
pues si ke nos salio bien el asunto!
por la milesima parte del presupuesto si fueramos a las vegas original, y bastante mas divertido, ya ke los invitados no sabian nada!

el momento y lo ke disfrutamos con ello no tiene precio...

priscilla, señora de elvis