Diario

Noviembre sigue su curso, y pronto acabará. Mi competición personal, que empezó con el NaNoWriMo el día uno, continuará en diciembre. Estoy muy lejos de las cincuenta mil palabras, y ni falta que me hace. Mi objetivo es otro; mi objetivo es sentarme frene al ordenador y escribir lo más cercano a mil palabras al día que pueda darme mi agotado cerebro al final de la jornada. Unos días son quinientas, otros dos mil quinientas; otros días, como ayer, ni lo intento. Algunos días estoy muy contenta con lo que he escrito, otros no tanto. En líneas generales, creo que he acertado con el tema y que puedo haber encontrado una voz que encaja conmigo. Eso en los días buenos, claro, porque cuando una no está a lo que tiene que estar, lo que sale en pantalla es un churro de feria (hmm, qué ricos). Pero el objetivo no es que salga un primer borrador perfecto, sino que salga algo con lo que pueda trabajar más tarde. Aún no he visto barbaridades incorregibles -aún- y he encontrado un montón de aspectos que se pueden mejorar (y lo mejor es que sé cómo), pero no me voy a poner a ello antes de poner el punto y final (provisional) porque si no, sé que nunca acabaré.

Conozco a mucha gente que escribe. Hoy en día, parece que todo el mundo tiene un libro en la mesita de noche, como dice Doris Lessing. Eso es lo que me hace pensar que escribir no es tan especial, que cualquiera puede hacerlo. Mal o bien, es algo que todo el que me rodea es capaz de hacer. ¿Quién me dice a mí que yo soy especial? ¿Con qué ínfulas puedo ir por la vida diciendo que soy aspirante a escritora, cuando quien más o quien menos tiene un diario más o menos novelado? Son ese tipo de cosas las que hacen que me plantee que probablemente esté perdiendo el tiempo. Es lo que me hace pensar que para qué esforzarme, cuando debe haber millones ahí fuera que escriben mucho mejor que yo.

Pero aunque quiera dejarlo, no puedo. Es mi forma de desahogarme. Me entretiene más que cualquier Gran Hermano o entrevista a Julián Muñoz. Me digo, "voy a escribir sólo para mí, no importa que nadie lo lea jamás", pero sé que es mentira y que necesito la aprobación de otros. Así que empiezo de nuevo una novela, o un cuento que quizás vaya a un concurso en el que nadie lo lea, o escribo en esta pantalla en la que tenéis a bien fisgar de cuando en cuando... Y luego vuelvo a caer, y mis dudas vuelven a resurgir, y vuelve a aparecer alguien más joven, más hábil, más guapo, mejor dotado y, sobre todo, mejor escritor de lo que yo soy o seré jamás...

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola, si escribir te gusta, hazlo, guarda lo que escribes (ya lo haces), disfruta el presente y no pienses en el futuro. Saludos.

Fernando Alcalá dijo...

Es que eso va a pasar siempre, amiga Ruth. Si andáramos comparándonos todos con todos con todo lo que hacemos, pues todo ese todo que hacemos acabaría convirtiéndose en nada de nada. Tú sigue con ese RuthNaNo y luego ya se verá.

Un beso!