Lo dejo

Lo dejo. Me voy. Abandono. Ya no puedo más.

No, no me refiero al blog, ni a la escritura. Me refiero al dibujo.

Me apunté a dibujo porque creía que iba a tener muchas horas libres y necesitaba algo que activara mi parte creativa. Aproveché que vivo al lado de la Escuela de Artes y Oficios para empezar de cero, con su curso más básico. Allí nos enseñaron a medir distancias, a proporcionar un dibujo, a captar algo vivo y real sobre el papel. Nos enseñaron a hacer copias de la naturaleza, con muy pocas referencias a cuadros ajenos. Y aun cuando nos pedían copiar un cuadro ajeno, éramos nosotros los que elegíamos el tema y la profa nos invitaba a hacer nuestra propia versión de él, aun a riesgo de que saliera un churro. Me lo pasaba pipa. Descubrí que nunca iba a ser famosa con el dibujo, pero que era lo suficientemente buena para tenerlo como hobby. Aunque el estudio exigiera más horas que las que le otorgaba, yo nunca sacrificaba dibujo. Me encantaba. No faltaba un solo día.

Este año hemos empezado el curso con tinta china y acuarela, probablemente las técnicas más difíciles que hay. Desde el primer día nos advirtió que no iba a haber dibujo, que todo iba a ser pintura; nos dio un esquema de un cuadro ajeno -ni siquiera nos dejó hacer nuestra propia versión del original- y nos invitó a que rellenáramos los huecos. Su teoría decía que la acuarela es una de las técnicas que menos habilidad requiere, un arte menor, una tontería, vaya. Yo no había hecho acuarela en mi vida y odiaba la tinta china a muerte. El primer dibujo fue un paisaje marino. Horror. Sus instrucciones se limitaban a "haz que no se noten las pinceladas", pero no te decía cómo, o "aquí te ha quedado muy soso, dale más vida". ¿Qué es dar más vida? ¿Le pinto unas maracas? "Este color no es igual que el del original". Es que nunca he mezclado colores. "Así no se coge el pincel". ¡Pues dime cómo! ¡Enséñame!

Si a esto le sumamos el hecho de que las asignaturas de segundo de carrera son más difíciles que las de primero y que este año tengo la presión añadida de una clase con un altísimo nivel, se entiende que no quiera derrochar el tiempo en algo que no me llena. Al menos yo quiero verlo así. Quiero entender este plante a todo como una priorización, no como un abandono. Estoy poniendo mis estudios y la escritura por delante de un hobby que ya no me aportaba nada. Estoy rescatando seis horas a la semana para mí. Seguiré haciendo retratos de Alan Rickman cuando tenga tiempo, aunque cada vez serán peores (y eso que nunca fueron buenos), pero lo haré porque me guste, no por obligación. Me queda la rabia de rendirme, y de haberlo dejado en un momento de bajón -de verdad, qué mal se me da la acuarela-, pero yo sé que no me voy por ser mala en ello, sino por estar física y mentalmente agotada. Que el sábado casi me quedo dormida sobre el plato de bacalao, hombre.

Hala, ya dejo de llorar. Otro día os cuento la odisea de ser administradora de la comunidad y tener goteras entre vecinos que no se llevan bien. Genial, vaya. Maravilloso. Fantástico.

4 comentarios:

jose.etxeberria dijo...

Saber cuando retirarse es un aprendizaje muy importante en la vida.

dsdmona dijo...

Un hobby es para disfrutar con él, para la obligación ya tenemos muchas veces el trabajo. Así que no tesientas más por priorizar aquello con lo que te sientes bien y a gusto.

D.

Fernando Alcalá dijo...

A mí, qué quieres, me parece una decisión muy inteligente. Cuando algo que nos gusta empieza a hacernos sufrir es momento de pensar acerca de qué lugar tenemos que darle en uestra vida.

Tana dijo...

Ole por ti! Si te queda el gusanillo de perfeccionar el dibujo..., no podrías encontrar una clase específica? Ya..., una pregunta algo tonta, seguro que se te habrá ocurrido! :s
Un abrazo!