28 de marzo de 1941


Un día como hoy, hace 69 años, Virginia Woolf se llenó los bolsillos de su ropa de piedras y se ahogó en el río que pasaba cerca de su casa, en Sussex. Sus restos se encontraron semanas más tarde, el 21 de abril, y sus cenizas se esparcieron en el jardín de su casa. Virginia dejó una nota para su marido que incluyo en inglés, con mi torpe traducción debajo:

Dearest, I feel certain I am going mad again. I feel we can't go through another of those terrible times. And I shan't recover this time. I begin to hear voices, and I can't concentrate. So I am doing what seems the best thing to do. You have given me the greatest possible happiness. You have been in every way all that anyone could be. I don't think two people could have been happier till this terrible disease came. I can't fight any longer. I know that I am spoiling your life, that without me you could work. And you will I know. You see I can't even write this properly. I can't read. What I want to say is I owe all the happiness of my life to you. You have been entirely patient with me and incredibly good. I want to say that - everybody knows it. If anybody could have saved me it would have been you. Everything has gone from me but the certainty of your goodness. I can't go on spoiling your life any longer.

I don't think two people could have been happier than we have been.

V.'



Querido:

Estoy segura de que me estoy volviendo loca otra vez. Siento que no podemos volver a pasar por uno de esos terribles momentos. Y no me recuperaré esta vez. Empiezo a oír voces, y no me puedo concentrar. Así que hago lo que creo que es mejor. Me has dado la mayor felicidad posible. Has sido en todos los aspectos más de lo que nadie podría haber sido. No creo que dos personas pudieran haber sido más felices hasta que llegó esta terrible enfermedad. No puedo luchar más. Sé que estoy arruinando tu vida, que sin mí podrías trabajar. Y lo harás, lo sé. Ves, ni siquiera puedo escribir esto bien. No puedo leer. Lo que quiero decir es que te debo toda la felicidad de mi vida. Has sido absolutamente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decir que todo el mundo lo sabe. Si alguien pudiera haberme salvado, habrías sido tú. Todo se ha ido de mí, menos la certeza de tu bondad. No puedo seguir arruinando tu vida por más tiempo.

No creo que dos personas pudieran haber sido más felices que nosotros.

V.



Virginia Woolf sufría de lo que hoy llamamos transtorno bipolar, o eso se cree tras analizar sus diarios y sus cartas personales. Lo más seguro es que nunca sepamos qué le pasaba realmente, por qué sufría esos ataques de euforia y después de depresión, porque los mal llamados psicólogos de la época se limitaban a recetarle "curas de reposo": meterla en un sanatorio mental, aislarla de todo y todos y obligarla a comer como un cerdo. Ella, admiradora de Freud y del psicoanálisis, no se fiaba de la nueva técnica, que, paradojas de la vida, podría haberla salvado. Está probado que sufrió abusos sexuales por parte de su medio hermano, que su padre era un tirano y que su madre murió cuando sólo era una niña. Hoy en día, su enfermedad se habría podido tratar y no habría sucumbido a la locura, como ella dice en su carta.

Según varios escritores de su época, Virginia era el alma de la sociedad literata en el Londres de finales del XIX, principios del XX. Todo el que quería ser alguien, el que aspiraba a escribir, tenía que pasar por su casa de Bloomsbury y conocerla, a ella y al resto de increíbles genios que se juntaban en la casa de la familia Stephen. No me puedo imaginar lo que debían ser aquellos coloquios que duraban hasta bien entrada la madrugada, con T.S. Elliot, James Joyce y compañía tratando de aclarar qué era el arte, qué era la literatura. Con razón se convirtió Virginia en lo que se convirtió. Absorbió todo lo que su entorno pudo darle y se transformó ella misma en artista.

De Virginia Woolf se han dicho muchas cosas, algunas falsas, otras con fundado conocimiento. Tras leer la nota de suicidio, a mí no me queda ninguna duda de que quería mucho a su marido, pero todavía hay voces que la tachan de lesbiana. Teniendo en cuenta que todas las feministas de la época tenían que ser lesbianas sí o sí (patriarcado británico dixit), no es extraño que el rumor se extendiera entonces, pero parece raro que aún se mantenga. No creo que su sexualidad importe lo más mínimo, todo sea dicho. Ella era un genio, una artista, quisiera a quien quisiera. Su A Room of One's Own se ha convertido en el único ensayo que he leído dos veces; Mrs Dalloway, aunque obviamente influenciada por James Joyce, abre la mente a nuevas maneras de contar las cosas, a nuevas formas de ver la vida. No todo el mundo puede hacer algo así. Sólo los grandes pueden.

Hoy hace 69 años que el mundo perdió una de sus estrellas más brillantes. El 28 de marzo queda, pues, grabado en mi mente como uno de los días más tristes de la historia de la humanidad.

3 comentarios:

jose.etxeberria dijo...

Magnífica elegía, sensible y contundente.
Poca gente sabe lo que sufren los bipolares.
No conozco la obra de Virginia Woolf pero me has animado a descubrirla.

Gracias.
Un abrazo.

Tanhäuser dijo...

No tenía ni idea de que Virginia Woolf padeciese ese trastorno tan terrible.

Mis obligaciones me han mantenido demasiado alejado de los amigos blogueros pero poco a poco, todo volverá a la normalidad.

Me encanta regresar a tu casa.

Besos

Anónimo dijo...

De sus libros lei "las olas" "el faro" y "Mrs Dalloway", y cada vez que leia algo suyo me aproximaba de la vida real con sus complejos, sus problemas, sus analisis.
Una de mis autoras favoritas
Saludos