Ella

Llego a las ocho y media de la mañana al colegio. Ella entra conmigo, sin prisa, charlando del viento. Yo no le doy palique, no me cae bien. Ella lo sabe. Enseguida se calla. Tengo mucho que hacer. Me pongo a trabajar.

Saco fotocopias mientras por otro lado repaso las rima y las canciones que no me sé y tengo que enseñarles esta semana. La fotocopiadora hecha humo, pero es lenta, muy lenta, y yo necesito setenta y cinco copias. Ella pasea por la sala de profesores, deja el abrigo, lo vuelve a coger, lo estira, pasea, se sienta, se levanta. Las fotocopias no acaban. Voy pensando en qué hacer hoy con los de cinco años, porque lo de las témperas que comentar el programa no me convence y la podemos montar parda. Colores. Colores y números. Piensa, Ruth, algún juego, hazlo divertido. Ya está, creo que ya lo tengo. Encuentra tres cosas azules, dibuja cuatro círculos rojos. Divertido, creo. Sí. Les va a encantar.

Ella se acerca al teléfono, marca, sale fuera pero se queda justo en la puerta porque el cable no da para más. Las fotocopias acaban. Corta y grapa, hay que hacer setenta y cinco libros. Joder, cómo vuela el tiempo, son casi las nueve. Y ella vocifera para toda la escuela un buenos días Antonia qué tal te va hace tiempo que no hablamos qué tal tu marido pues mira me he dicho les voy a llamar que hace mucho que no sé de ellos. Y yo corto y grapo, pero es lento, muy lento, y no me va a dar tiempo, y voy pensando en qué puedo hacer con los de cuatro años si no termino, y mientras ella no me digas que le han operado qué me cuentas no sabía verás cuando le diga a mi marido qué disgusto. Y corto, y grapo, y las nueve y diez, y yo no acabo. La tienda, vamos a jugar a la tienda. Ellos piden juguetes y practicamos contando billetes hasta cinco. Igual puedo introducir el seis, si tienen buen día. Pero la tienda, no falla, les encanta.

Ella entra en la sala de profesores, yo corto y grapo, corto y grapo. Cuelga, vuelve a descolgar. Ahora habla con su marido, no sabes majo al marido de Antonia le han operado y está en el hospital. Llega más gente. Miradas. Ceños fruncidos. Yo me callo. Cuelga el teléfono, vuelve a llamar. Ya no escucho. Hay más vida. Creo que me va a dar tiempo, pero he decidido que hoy no hacemos libro, me gusta lo de la tienda. Va por la cuarta llamada. Sonrisas entre los otros profesores. Cuelga.

Las nueve y veinte. Me da tiempo hasta a echar un pis y charlar un poco sobre el fin de semana. Ella se sienta en la mesa, se pone los cascos y escucha música, o la radio, o su propia voz. Alguien le pregunta algo. Ella no contesta a la primera, no oye. ¿Puedes hacerme las carpetas de los niños? Ay, no sé, hoy estoy muy mal, me duele mucho la espalda, si puedo te las haré, pero no sé, ya veremos... Y a las once, ¿puedes ir a vigilar mi clase un momento? Ay, no, no, que yo con niños no puedo estar, ya lo sabes, me ha dicho el médico que no me altere, que me sienta mal...

Y yo me pregunto qué hace una mujer así en la enseñanza, cómo se explica su sueldo y cómo cojones le dieron una hija en adopción.

4 comentarios:

kina dijo...

im-presionante,
me ha entrado una mala hostiaaaaaa!!
se sabe ke existe gente como esta, pero cuando te describen asi de bien su actitud... me hierve la sangre!
respira, kina...
respira...
puuuuffff....

dsdmona dijo...

Siempre habrá gente que engañe a quien tenga que engañar para quedarse donde esta y vivir así de bien... y encima no le digas nada que serás la mala y ella al pobrecita que está mala.

D.

Ruth dijo...

Dímelo a mí, Kina, dímelo a mí.
Dsdmona, esta mujer ha llegado a amenazar con denunciar por acoso (mobing, creo que llego a decir) a una que le insinuó que quizás no se ganaba el sueldo todo lo bien que debiera. Estoy deseando que se coja la baja otra vez (la última estuvo seis meses) para perderla de vista. ¡Jesús, qué gente!

Fernando Alcalá dijo...

Dios, es que todos los que son del mismo estilo siguen el mismo patrón. Menos mal que existen bajas y sustitutos motivados que dan más al centro en los seis meses que están que muchos de los que están siempre. ¡Ánimo!