De gorduras y grasas varias


Lo reconozco. Siempre he soñado con ser una talla 38 o menos. He soñado con tener un cuerpo escultural, sin una gota de grasa, con los abdominales bien marcados y el culito en pompa. Así que he dedicado gran parte de mi vida a escuchar lo que dicen las estrellas de Hollywood y las de Antequera, para imitarlas en todo. Ellas coinciden en sus dietas:

-Dieta, ¿yo? No, no, yo como de todo. Lo que pasa es que tengo un metabolismo rápido.

-El truco está en dormir mucho y hacer meditación tres veces a la semana.

-Me pongo hasta las cartolas de chocolate y dulce, ¡me pirran los donuts! (*Dicho, según creo, por la de la foto.)

-Pilates y yoga. Hacen maravillas.

Y yo, oiga usted, seguía sus consejos a pies juntillas: no hacía dieta, dormía mucho, meditaba -sobre todo cuando tenía que estar estudiando-, me "jinchaba" a dulces y... Y ya está, porque el yoga no me gusta y el pilates me hace daño en la espalda. Y total, de apuntarse a una moda es mejor apuntarse a lo divertido.

Esta semana, sospechando que mi dieta no estaba dando todo el buen resultado que yo deseaba, me he pesado (con mucho cuidado: un ojo abierto y el otro cerrado, cara de susto y rodillas flexionadas por si había que salir corriendo) y me he medido (con una cinta métrica de metro y medio; me he medido a lo ancho, pero también me podía haber medido a lo alto). Resulta que este año he engordado cinco kilitos del ala; sumados a los cinco que ya me sobran de serie, hacen un escalofriante recuento de (cinco más cinco y me llevo una y las decenas...) diez kilitos de más. Diez. Kilos. De más.

Hostia.

Luego ha llegado la medición. He leído en algún sitio que si tienes más de 75 centímetros de cintura, corres más riesgo de ataques al corazón, de que te deje el novio (ese no es un problema, pero habrá que ir planeando, no vaya a ser que este sea EL AÑO) y de que no te valgan los pantalones de la talla 38 (ergo, adiós al sueño). Yo, ilusa de mí, pensaba que eso de los setenta y cinco era en plan señora-que-va-todos-los-días-a-la-pastelería-y-se-pone-hasta-el-culo-de-dulces, pero ha resultado que no: mi cintura, esa cintura que yo sueño con ver pero que realmente nunca ha existido, mide -gulp- 90 pedazo de centímetros. Teniendo en cuenta que mi cadera son cien centímetros, significa que, si me pongo de perfil, ocupo tanto como vista de frente.

Escalofriante.

Así que me he empezado a pensar que, una de dos, o las actrices mienten o son extraterrestres. Como cualquiera de las dos teorías me es valida y me ratifica en la misma decisión, he pensado que solo voy a hacer caso a Marta Sánchez (que dice que no puede comer de nada porque enseguida engorda) y a Elizabeth Hurley (que, como caprichito en su dieta de mil calorías diarias, se permite una cucharadita de helado una vez a la semana; yo me como medio litro). Decidido esto, ayer mismo empecé a ir al gimnasio y he vaciado el frigorífico de precocinados y grasas varias. Si la Wii no miente, he perdido casi un kilo desde el sábado; supongo que será psicológico, pero yo ya noto los michelines más sueltos, como con más pellejo, así que ya puedo ir haciendo el pilates ese o una operación de estiramiento de piel. En cualquier caso, la tripita va a desaparecer como que me llamo Ruth (por si acaso, voy buscando nombres que me gusten para cambiármelo si se da el caso).

P.S: Si consigo perder los diez kilos, prometo foto en bañador. Vamos. Me va a ver en pelotas hasta el cura de la parroquia de al lado.

5 comentarios:

kina dijo...

no te obsesiones, ke te conocemos...
y sobre todo, no te creas lo ke escriben en las revistas, y las de menos de cotilleo famosil!!
si crees ke necesitas perder peso, ke sea por salud, no solo porke sale en una revista ke si tienes mas de 75...

Ruth dijo...

La pérdida de peso es por mí, por verme bien, porque ahora mismo solo veo michelines allá donde miro. Lo de 75 de cintura lo he leído en un libro donde hay cosas muy lógicas y otras no tanto (hay un par de chorradas muy gordas, pero vaya). Y mi dieta es la que manda la lógica: menos calorías, menos grasas, más ejercicio. Ya me conoces: esto a mí me dura una semana...

jose.etxeberria dijo...

¡Eso es un regreso con fuerza! "Si consigo perder los diez kilos, prometo foto en bañador. Vamos. Me va a ver en pelotas hasta el cura de la parroquia de al lado."
¡Ánimo! Y recuerda que, en lo de perder peso, la dieta es mucho más importante que el ejercicio. Busca una sana y que te satisfaga y acostúmbrate a ella, que se ha de seguir de por vida, para mantenerse esbelta.
¡Ánimo de nuevo! ¡Destruye esos michelines!

Toy folloso dijo...

Recuerda que en Mathausen todos tenían una figura de lo más estilizada; bueno los oficiales alemanes, no.
Dicho sea con todo repeto.
Va muy bien tener un perro y pasearlo media hora o más, todos los días.
Mientras, vas ordenando todo lo del día, el coco también lo agradece.
(Consejos vendo y para mi no tengo; el otro día salió por la ventana del baño el muelle de la báscula, de puro perjudicado....).

Antonia Romero dijo...

Por qué será que cuando mejor escribimos es cuando nos sale directamente de ahí, de la tripa.

Me he muerto de la risa.
Me identifico totalmente contigo.
Ahora, lo de posar, posa tú sola, rica.

Un abrazo