Una línea. Un verso.
Y va saliendo. El segundo verso. Una historia. En forma de poema. Y lo escribo, y lo leo, y sonrío, porque es gracioso y porque yo no soy poeta. Pero me ha gustado la experiencia. Lo pongo aquí sin revisar, porque es tan malo que no aguantaría un repaso.
Érase que se era una niña bucanera,
que navegaba por los mares y tenía novios a pares.
Un día su madre la vio y en su cuarto la encerró;
le colocó un vestidito y la pintó un poquito.
Pero ella, guapa y habilidosa, se escurrió como una babosa
y en un periquete se había metido en un brete.
Un chico algo ladino la engañó con mucho tino
y prometiéndole fortuna la enchufó en una tuna.
Pero, ¡ay pesar de los pesares, que ya no verá más los mares!
De pequeña bucanera pasó la niña a tunera.
Harta ya de clavelitos, marchó a cometer delitos
en el mar Mediterráneo, con un loro siempre a su lado.
Lo último que sabemos es que la niña no fue a menos
y ahora, mujer hermosa, manda más que cualquier diosa.
Tiene la historia moraleja, así que ponga usted bien la oreja:
si la niña no es una sosa, no la ponga usted de rosa.
Por cierto, que mi procesador de textos no acepta la palabra bucanera (y el blog tampoco). Dice que sólo existe bucanero. Que se lo digan a Keira Knightly y a la Pé. Vamos, hombre.
1 comentario:
Magnífico poema, te lo dice un no poeta de los mejores...
Besos.
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