Cosiendo historias

Es curioso cómo, cuando estás obsesionada con algo, todo parece tener relación con ello. Ahora mismo vuelvo a estar obsesionada con la escritura (y con otras muchas cosas, pero la escritura en primer lugar), y cualquier cosa que hago, veo o escucho me hace pensar en escribir, ya sea porque me da una idea para incluir en la historia, o porque me recuerda al acto en sí de escribir. Un libro o una película son fáciles de relacionar con la escritura, pero hay otras que guardan una relación mucho más subconsciente. Como el patchwork. Aunque parezcan cosas completamente ajenas, tienen mucho más en común de lo que podría pensarse.



Por ejemplo, como cuando terminas una colcha que tú sabes llena de defectos y aún así te gusta. Cuando la estás cosiendo te das cuenta de que hay uniones débiles, que si tiras un poco de la costura se puede romper y desmontar entera, que cuando la estabas acolchando te saltaste un trozo, o se escaparon los puntos, o varias piezas no terminan de encajar del todo. Pero la terminas, le pones el biés y la observas de lejos, y te das cuenta de que esos fallos que viste cuando la estabas haciendo se disimulan al mirarla en conjunto, y que oye, no está para regalar a nadie, mucho menos para venderla, pero tú sabes cuánto cariño le has puesto y las horas que has invertido en ella. Y la has hecho para aprender, porque aún eres una novata y habrá que ir experimentando con formas nuevas y nuevas costuras, un poquito más difíciles cada vez. Porque oye, para ser la primera no está nada mal, más quisieran muchas personas que haber hecho semejante manta, aunque nadie entiende el trabajo que cuesta y tienes que ver las miradas poco impresionadas que parecen decir "pues vaya, para eso tanto esfuerzo, y anda que no lleva meses alardeando de su colcha, más le hubiera valido comprarse una en el Zara Home". Sustitúyase la palabra "colcha" por "novela" y Zara Home por Casa del Libro y se habrá definido lo que he tenido la suerte de sentir estos últimos meses delante del teclado. Llegar a ese punto me ha costado años.



Luego están esos proyectos (y aquí se puede leer "colcha" o "novela") que haces pensando que van a gustar a los demás. Coges telas/ideas que no son de tu agrado, solo porque crees que es lo que los demás quieren ver/leer, y te pones manos a la obra. Y te sale algo que bueno, vale, pase, pero no te apasiona, no es parte de ti. Y al final ni lo terminas, ni lo regalas, ni mucho menos lo vendes, sino que lo dejas en una esquina de la casa/disco duro y te olvidas de ello, o lo terminas de cualquier manera y la usas de manta para el gato o lienzo de pruebas para cosas nuevas.



Lo que más diferencia una colcha de una novela es que escribir es gratis y está hecha de componentes etéreos, y la colcha no. Cuando se te ocurre una idea para una historia y te pones a desarrollarla, poco a poco ves si funciona o no y tienes la posibilidad de ir hacia atrás y hacia delante, de borrar lo escrito y empezar de cero. Con una colcha, tienes que elegir el diseño y las telas, cortarlo todo y empezar a coser. Y una vez que tienes las telas cortadas, no te puedes echar atrás porque el gasto ya está hecho, y qué vas a hacer con toda esa tela que ya tienes preparada para esa colcha que de repente ya no te gusta, tendrás que terminarla sí o sí. Y lo haces, lo mejor que puedes, porque todo es una experiencia y te vale para aprender, y al final terminas con una colcha técnicamente perfecta, de medidas exactas, donde no sobra una puntada. Pero no te gusta. Y cuando llega el momento de acolcharla, la vas dejando, porque no te llama terminarla, porque total para qué si no la vas a usar. Eso nunca pasa con una historia. Si no te gusta, no la acabas. Así de simple.



Y luego están esas historias/colchas que siempre me había negado a hacer y con las que he vuelto a encontrar el placer de coser/escribir. Diseño simple a más no poder, fácil hasta decir basta, lo único que necesitan es mucho tiempo y buen gusto a la hora de elegir los colores/elementos de la historia. Puede que el resultado no sea artístico, puede que haya millones de colchas/historias mejores que ellas en el mundo y que la gente se burle de su simplicidad, pero a mí me gusta. Y la he hecho yo. Y solo yo sé el esfuerzo que me ha costado, y el cariño que he cogido a cada centímetro cuadrado de esta tela/personajes de la historia, al punto de que sería una de las primeras cosas que salvara en un incendio. Y no tiene ni un ápice de talento, pero tiene todo el cariño del mundo y una pasión que no sabía que yo poseía.



En lo que más se parecen el patchwork y la escritura, sin embargo, es en los preparativos previos a la escritura/costura. Hay gente que, antes de hacer una colcha, se pasa días, semanas, meses con el diseño, buscando las telas perfectas, las combinaciones exactas, midiendo hasta la extenuación. Yo planeo, mido, busco telas, pero siempre con un margen de sorpresa. Sí, por supuesto que sé lo que quiero hacer antes de empezar, pero es un diseño basto, básico, que puede variar dependiendo de lo que encuentre en la tienda o lo que yo tenga por casa. Igual que con una historia, cuando partes de una idea básica pero te das cuenta, al escribirlo, de que hay mucho más detrás de esa primera premisa, y que si hurgas un poco puedes encontrar un tesoro que, quién sabe, consiga que termines una historia digna de que la lea otra persona, igual que esa colcha puede que termine siendo un regalo para alguien. Siempre y cuando ese alguien aprecie el regalo, claro. Porque si te la van a comparar con una colcha de La Cortina, apaga y vámonos.

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