Diario

Madrugo como todas las mañanas, aunque no voy a trabajar; el Gobierno Vasco ha tenido a bien darme cinco días de permiso para hacer mis exámenes y con eso el señor Ibarretxe se ha asegurado mi voto en las próximas elecciones. Desayuno, doy de comer al gato, cargo con la mochila y me voy a la biblioteca. En casa es imposible estudiar: entre el gato, Internet y el frigorífico, no doy palo al agua.
Entro en la biblioteca a la misma hora que los niños. Curiosamente, como está al lado de la ikastola, les veo ir a clase: uno corre para no llegar tarde, la otra se bambolea con ritmo caribeño sin ninguna gana de llegar a tiempo (todas las excusas que me ha dado hasta ahora se han desvanecido en un instante). Cuatro o cinco horas de estudio silencioso, de recogimiento absoluto. Me concentro tanto, lo disfruto de tal manera, que se va la mañana mucho más rápido que si hubiera estado trabajando. Voy a casa a comer y vuelta al centro. Llega la hora de la verdad.
El examen es fácil y lo bordo. Salgo con un humor excelente, llego a casa y poco hago, estoy demasiado contenta. Como la asignatura de mañana es sencilla, decido ir a dibujo a pelearme con la tinta china en vez de quedarme sumergida entre libros. La profesora dice que mis dibujos parecen cubistas; es una forma como otra cualquiera de decirme que son una mierda, pero no me importa. Me lo paso pipa manchando el papel con agua sucia, aunque luego tire el resultado a la basura. La semana que viene, esa en la que no pienso acercarme a menos de cien metros de un libro, practicaré un poco.
Vuelvo a casa y miro el correo. Una de mis alumnas me ha escrito un email. La semana pasada, la bertsolari Oihane Perea, que nos da clase de bertsolaritza (y digo nos porque yo estoy aprendiendo un montón), presentó unos bertsos de los chavales a un concurso, dejándoles bien claro que era muy difícil que quedaran finalistas. La del email lo ha hecho, y se acaba de enterar. Tres en toda Vitoria y ella es una de ellos. Quería decírmelo cuanto antes, porque no voy a estar esta semana y la entrega de premios es el sábado. Yo hasta me emociono, así que ella tiene que estar como una moto. Le da mucha vergüenza cantar en público, me dice. Y al final, como postdata, "con la andereño nueva bien, pero contigo mejor". ¿Me iré a echar a llorar?
Ceno, enciendo la tele, me río con el Wyoming y me dejo comer el coco por lo primero que emiten. Y luego a la cama, que mañana hay que madrugar. Dan buen tiempo. Hace falta que llueva, pero no me avergüenza decir que me gusta el sol.
Buen mes, éste, febrero...

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Menos mal que alguien tiene buen febrero! jaja
que conste que yo también me río con el Wyoming, jeje
Enhorabuena por tus exámenes, pero sobre todo por tus alumnos!

Max Estrella dijo...

No le digo yo el enero y febrerito de 22 grados para arriba que tenemos en algunos sitios...
Ummm....me encantan esas crónicas de la cotidianeidad...tipo Umbral...genial,Ruth...genial
besos

Anónimo dijo...

A 18º a mediodía, no me lo creo!!!
Y sigue sin nevar :-(

Tana dijo...

Aisss Ruth, cómo me gusta leerte así por la mañanita y saber de ti y de tu gato!! Un gusto imaginarte con este sol de invierno que no quema pero entibia el alma, pensar en esa alumna que te escribe nerviosa y que te quiere -con nervios y todo y ausente sólo cinco días de tu clase pero corre a contarte sus buenas nuevas- y ahora a esperar las notas de esos exámenes -y yo a esperar contigo, que lo sepas!!-. Besotes!!!