Frescura

El jueves les di a mis monstruos (=mis alumnos) los deberes de lengua para el fin de semana: tienen que colocar el personaje de un libro que hayan leído en otro libro, sin cambiar la personalidad de ese personaje y adaptándolo al nuevo mundo en el que lo han colocado. Les puse como ejemplo colocar a Momo en los libros de Harry Potter y estuvimos comentando todas las posibilidades que nos daría. "Cuando lo hagáis vosotros", les dije, "dedicad cinco minutos a pensar en lo que vais a escribir antes de coger siquiera el bolígrafo. Pensad antes de actuar, tened toda la idea en la cabeza, no vaya a ser que luego el boli os lleve por donde le dé la gana". También les expliqué que, como tenían muchos días para escribirla, quería que dejaran "macerar" la historia antes de pasarla a limpio. "Escribid el primer borrador, corregidlo, pero no lo paséis a limpio hasta el día siguiente. Tenéis que alejaros de lo que habéis escrito para poder ver vuestros fallos". Sé que los padres y madres van a querer estrangularme, son de los que les obligan a terminar los deberes en cuanto llegan de clase para no tener que andar peleando todo el fin de semana (cosa que les agradezco, la mayoría de las veces). "Haznos una nota, que no nos van a creer", me decían. "Que me llamen si no os creen". El lunes voy a estar pegada al teléfono.
Aprovechando que, una vez más, se me había "colgado" el ipod, volví a casa haciendo justo lo que les había dicho a los críos que hicieran e ideé toda una trama en la que Momo llegaba a Hogwarts y empezaba a interactuar con los personajes de la Rowling. Me emocioné de todo lo que se me ocurrió y estaba deseando llegar a casa para escribirlo y darles un ejemplo a los críos al día siguiente, pero entre pequeños recados, el gato y demás, no pude sentarme ante el ordenador hasta pasado un buen rato. Y, aunque mientras hacía mis tareas seguía pensando en la historia, la magia del principio ya se había ido. Escribí un esperpento de historia, obligándome a terminarla porque sabía que si lo dejaba nunca la acabaría, la imprimí y se la leí a los críos al día siguiente. Cinco páginas de historia, de las cuales sólo la primera tenía algún parecido con el fantástico mundo que había creado para Momo. Hasta los críos se dieron cuenta de que perdía fuelle al final (aunque, como son muy pelotas, me dijeron que estaba muy bien, y alguno hasta quiso comprármela -para entregármela el lunes, claro).
Y entonces me di cuenta de que quizás no les estoy dando buenos consejos. Quizás sea mejor ponerse delante del papel en blanco y dejar que fluya, que las palabras se vayan situando en la página sin ton ni son, sin saber a dónde nos llevan. Yo a veces funciono así, y otras tengo que tener el guión bien férreo en mi cabeza. Pero sí es cierto que, cuanto más claro lo tenga en mi mente, menos me apetece escribirlo, porque de alguna forma ya está ahí, ¿para qué escribirlo si ya sé cómo acaba? Escribo para mí, para deleitarme, para sorprenderme. ¿Qué sentido tiene saber todos los detalles? ¿No será mejor dejar que vayan apareciendo?
Mañana he reservado la segunda hora, esa en la que los niños van a música y yo tengo libre si ninguna compañera se pone enferma, para deleitarme con las historias de los peques. Ya os contaré si funcionó mi consejo o no. Creo que la mayoría van a tener como protagonista a Gollum...

5 comentarios:

Avellaneda dijo...

Aunque realemente el post que me ha llamado la atención es éste. Me ha encantado lo de enseñarles a escribir, a desarrollar su capacidad creativa desde pequeños, ojalá lo hubiera tenido yo!!

Me encanta escribir pero reconoczco que no tengo disciplina, es decir, me pongo delante del papel en blanco y comienzo a dejar rienda suelta a lo que se me ocurre, tanto para poesías como para relatos o pequeños guiones. Las veces que me he puesto a pensar en personajes y acciones me bloqueo mucho y termina aburriéndome...
Pues eso, que un placer encontrar tu espacio.
Un saludo y seguiré tu pista :-)

jose.etxeberria dijo...

Las pocas historias que han merecido la pena entre las que he escrito son las que he hecho de un tirón, con esa ansiedad de lo nuevo bullendo en la cabeza. Los borradores, macerar la historia, corregir y todas esas zarandajas son de cobardes ;-)

Ruth dijo...

Avellaneda, a mí me pasa lo mismo. Empiezo, me emociono, pero como no lo termine... Ya sé que no lo acabo. Y de revisar, nanai. Una pena.
Kanif, entonces soy una valiente del copón, pero quiero hacer de los niños unos cobardes... Je, je, je...

Anónimo dijo...

Yo estoy también con kanif. Muchas veces, después de lanzar un post, por ejemplo, lo tengo que editar porque algún detalle se me ha escapado. Pero si lo dejara dormir, ya no sería fresco ni espontáneo, que es lo que me gusta.
Quizá es porque me falta técnica??

Tana dijo...

Y un compendio de ambas cosas?? Lo mejor sin duda -para mí- es lo que sale sin más y de tirón. Pero dejarlo macerar no tiene nada de malo y se ven luego "en frío" detalles que nos pasaron desapercibidos en el primer momento. Lo malo es..., la pereza que hay que vencer para eso de revisiones y correcciones, porque apetece más, si es posible, seguir fluyendo...
Aysss!! Lo que hubiera dado yo por una profesora de lengua así!! ^^