¿Que estoy haciendo con estos niños?

M. es una de mis alumnas favoritas, lo que es mucho decir porque tengo la clase llena de niños y niñas estupendos/as y es difícil elegir, pero ésta es especial. Tiene el toque justo de niña pizpireta, salada sin ser faltona, curiosa, respetuosa y atenta, y siempre tiene una sonrisa en los labios (tanto, que el día que no la tiene le pregunto si está bien; su respuesta es siempre: "hoy estoy un poco chof"). No es pelota, no quiere hacerse notar, no saca sobresaliente en todo -aunque es inteligentísima- y prefiere jugar a baloncesto con los chicos o bailar en la clase de música con el resto de las chicas que cuchichear en los rincones del patio. La niña que a mí me hubiera gustado ser, vamos.
A principio de curso cometí el "error" de decirle que me encantaba cómo se expresaba en general, ya fuera de forma escrita u oral, ya fuera en castellano o en euskera. En ese momento no noté yo que le hubiera causado un gran efecto -como buena prepúber, pasó de mí olímpicamente-, pero cuando le di las notas a su madre me dijo que había notado un gran cambio en su hija y que ahora se pasaba horas muertas leyendo y escribiendo historias que luego leía a su familia. Hoy me ha venido con tres libros en la mano para preguntarme mi opinión sobre ellos: uno era de Isabel Allende, el título infantil que nunca recuerdo ("lo acabo de empezar, pero de momento está muy bien") y el otro una colección de cuentos de Rudyard Kipling ("igual te parecen muy fáciles, pero dice mi madre que debería leérmelos"). Por supuesto, le he dicho que de esos dos autores se puede leer hasta su lista de la compra, si le apetece, y ella casi se mea de risa.
Y entonces me ha enseñado el último. Era una novela corta de Mark Twain, autor que les he nombrado en clase innumerables veces; sorprendida, le he preguntado si estaba planeando leérsela cuando terminara los otros dos (pedazo lista de deberes se impone la niña, oye), y me ha dicho que no, que ese era para mí. "Lo ha encontrado mi madre en su librería y dice que igual te gusta, porque cuando lo acabas te deja hecha polvo".
Y todo porque les dije que lloré con el último Harry Potter, que me emocioné con Mil Soles Espléndidos y que no puedo leer a Shakespeare sin que se me llenen los ojos de lágrimas... ¿Qué imagen de mí se están formando estos niños?

7 comentarios:

jose.etxeberria dijo...

¡Cidadín, que igual los conviertes en intelectuales!

Max Estrella dijo...

Ole,ole,ole...profesora.supongo que no cabe mayor orgullo para una profesora que este tipo de cositas con los alumnos...enhorabuena....eso es que estás haciendo las cosas bien....
besos

Avellaneda dijo...

Pues qué quieres que te diga, para mi haber tenido una profesora como tú hubiera sido todo un lujo!
Tus alumnos seguro que ven a una persona que se preocupa por ellos. Suerte que tienes de tener esos alumnos y ell@s de tenerte como profesora... Se me está ocurriendo escribir una carta con lo que cuentas a mi antigua profesora de literatura que, cuando gané un certamen literario en el instituto, me preguntó si mi cuento lo había copiado. No hay color...
Sigue animando e incentivando la creación! :o)

Enrique Páez dijo...

Tus alumnos/as te recordarán de por vida como una de sus grandes profesoras. Seguro.
Abrazos,

Fernando Alcalá dijo...

Y yo, coincidiendo contigo en tantos otros blogs, ¿cómo es que no había descubierto antes el tuyo? ¡Qué desfachatez la mía!

Me encantaría sentirme identificado con esto, mi centro es un poco problemático y, aunque los niños son buenos y yo me esfuerzo, tienen detrás tales historias que, joe, aunque intento todo el tema de los libros, porque realmente creo en ese tema, siempre ocurre algo que hace que apartemos la vista.

Y aquí entre nos, yo también tengo alumnos favoritos. Somos humanos, qué le vamos a hacer.

Ruth dijo...

Lo malo no es tener alumnos favoritos, es cogerles manía (que también pasa, y a mí, particularmente, me jode mucho más porque suele ser completamente irracional; me cae mal un crío y no sé por qué, y por más que trato de no hacer diferencias con él, me cuesta, me cuesta...).
Esta clase es excepcional, obviamente. El año que viene, cuando me toque una clase normal (nivel medio-bajo, pasotismo, edad del pavo a pleno rendimiento), lo voy a flipar.
Un placer, Fernando.

Tana dijo...

Que qué van a pensar?? Que eres humana, que eres tierna, que tienes sentimientos?? No creo que eso sea malo. Que te respeten y al mismo tiempo te quieran es lo mejor de lo mejor. Disfrútalo, Ruth!! Un beso!!