Noviembre fue el mes del NaNoWriMo. Durante veintisiete días (porque los últimos tres estuve fuera de Vitoria) escribí como una fiera y conseguí 50000 palabras. Muchas de ellas son mediocres. Algunas de ellas son malas. Unas pocas son pésimas. Pero también hay alguna perla, que al menos a mí me gusta. Y, como dijo no sé quién, trata siempre de gustarte a ti misma, porque si lo que intentas es gustar a los demás, nunca sabes si lo conseguirás.
Luego llegó diciembre, y me prometí que iba a terminar el borrador, porque la historia parecía merecer la pena y creía que me iba a llevar a algún sitio. Sólo me hacían falta 30000 palabras más, me dije, algo completamente asequible. Mil palabras al día. Lo he hecho antes. Esto está chupado. Pero no pude. No sé si fue el hecho de que no había nadie que controlara la cantidad de palabras que escribía al día, o que estaba agotada por el mes anterior, pero no llegué. En Navidad haremos algo, pensé. Y algo hice, pero poco, la verdad, muy poco.
Y llegó enero, y con él los exámenes parecieron mucho más cercanos. Dejé todo y me puse a estudiar, que no era cuestión de tirar por la borda las horas que ya había metido en ello. No es que estudiara todo el día, ni con mucho, pero cuando lo dejaba no me apetecía ponerme a escribir, estaba demasiado cansada. Me cargué la rutina. Esa hora diaria en la que solo podía escribir desapareció, y empecé a ocupar mi tiempo con tonterías (como ver cuatro temporadas de Dexter en dos semanas). Pero mientras estudiaba solo podía pensar en volver a escribir. No en la historia en sí, sino en volver a poner los dedos sobre el teclado y dejarlos volar, el acto físico de crear. Pero no podía. No tenía tiempo, me decía.
Ahora he acabado los exámenes -hace ya una semana- y he retomado la novela. No recordaba ni los nombres de los personajes principales, no digamos ya los secundarios o la trama. No la he releído entera, sólo las últimas cinco páginas y algunas notas que tengo sobre la historia. Durante una semana no he sido capaz de escribir más de quinientas palabras seguidas. Hoy, por fin, he escrito durante hora y media y he hecho lo que tenía que hacer. He terminado lo que es la historia en sí, a falta de unos flecos que hay que recortar para que el círculo se cierre del todo. Hoy he sabido por qué me estaba costando tanto terminar, y la razón era muy simple: tenía que matar a mis personajes. Y eso no es fácil.
Sabía que debían morir desde que escribí la primera palabra, pero como eso era al final no quería pensar en ello antes de que llegara. Y no podía ser una muerte cualquiera, tenía que ser una muerte que los definiera. Imponente. Edificadora. Y lo ha sido. A falta de la revisión (que será una reescritura en toda regla, voy a cambiarlo todo), me gusta la escena que he escrito esta mañana. Era necesaria. Y sé que volveré a hacerlo. Me ha gustado cargarme a mi creación. Yo soy la única con el poder de hacerlo, y hoy he dado muerte. Soy una asesina de papel.
Mañana pretendo poner el punto y final a una historia de algo más de 80000 palabras, lo más largo que he escrito nunca. No es lo que yo esperaba, no está para ser leído por nadie, no va a ver la luz hasta que no le limpie la cara y la adecente un poco, pero es lo mejor que he escrito nunca. Mañana la termino, si no lo hago esta noche, y el lunes empieza el proceso de maceración. Olvidarme de ella. Escribir cosas nuevas -pero no una novela, algo más corto, algún juego-, pensar en otros temas, y cuando ya no recuerde lo que me motivó a escribir, volver a leerla. Y arreglarla. Que buena falta le hace.
Domingo, 7 de febrero: Después de algo así como 80 días y 81949 palabras, doy por terminado el primer borrador. ¡Terminé! ¡Champán para todos! (O, en su defecto, un café.)
3 comentarios:
Felicidades, escribir nos gusta, pero a la hora de la verdad vemos lo difícil que es. Me alegro de que hayas acabado tu historia. Saludos.
enhorabuena por el parto, Ruth!!! Qué alegría!!! Ahora viene una parte difícil, pero ya sabes, sigue en pie lo que te comenté por si te apetece una manita.
No importa el motivo por el que lo hagas sino que lo hagas al fin y al cabo.
Has conseguido lo que muchos intentan y no consiguen nunca, hace falta pulir y reescribir como tú bien dices pero el germen que buscabas ya lo tienes entre tus manos.
Enhorabuena campeona, espero que pronto nos des la alegría de saber algo más de esa joyita
D.
Publicar un comentario