Tendría veinte años, o quizás menos, o quizás más y ya me había ido a California, aunque lo dudo. Limpiaba mi habitación y encontré media docena de papeles doblados por la mitad, con las palabras "historias de Ruth" escritas con la letra de mi madre en la parte de arriba. No recordaba aquellos papeles escritos con la máquina portátil que mis padres me compraron cuando terminé el curso de mecanografía, con trece años, así que me senté y los leí como si fueran de otra. No recordaba haber escrito ni una sola de aquellas palabras. Pero sé que eran mías. La historia era algo así:
Un hombre sale corriendo de un edificio con varios disketes informáticos en el bolsillo. Alguien le persigue, pero aún no sabemos por qué, ni qué importancia pueden tener los disketes. Él sólo quiere poner su carga a resguardo, esconderlo en un lugar seguro. Consigue dar esquinazo a sus perseguidores y se dirige a un banco.
Allí espera una cajera aburrida que sueña que está en otro lugar, con otro trabajo, harta de la monotonía y deseosa de aventuras. Es soltera, le ha dejado el novio y está harta de tíos, pero aún confía en que existan hombres buenos en la tierra. De repente, la puerta se abre y un pedazo de hombre entra, la mirada nerviosa y el puso tembloroso. Se dirige hacia ella y le pide una caja de seguridad. Como siempre que alguien le pide una caja de seguridad, la cajera trata de adivinar qué será lo que ese hombre podrá querer guardar, porque le fascinan los secretos de la gente.
Y fin de la historia.
Eso es todo lo que escribí.
Me aburrí, se me acabaron las ideas, empecé algo nuevo... Qué sé yo. Sólo recuerdo la rabia que sentí aquella tarde cuando quise saber qué demonios había en aquellos disketes, por qué perseguían al pobre hombre y si al final iba a terminar liándose o no con la cajera. Era la historia más simple del mundo con todos los clichés imaginables, pero a mí me enganchó. Quizás a otros también les hubiera gustado.
Este año me he prometido terminar todo lo que empiece. Aunque sea malo, aunque me aburra a medio camino. Mejor algo malo terminado que no algo con posibilidades sin acabar. No voy a cometer el mismo error dos veces.
3 comentarios:
Ole ahí! Por ahí se empieza!!! (tiene narices que para empezar bien, haya que decidir terminar primero ;) )
ji, ji, ji...
disketes!
;-)
(ya lo siento, tengo un dia tonto...)
Imagínate lo viejo que sería el escrito, Kina!!
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