
El área de mi vida que más insegura me ha hecho sentir siempre ha sido la escritura. Yo leía y leía, y luego me ponía a escribir, y no había manera de que lo que yo escribiera sonara siquiera parecido a lo que yo leía (aquí la menda leía los clásicos, o como poco a Gabo, así que no, claro que no había manera). Entonces empecé a comprar libros sobre cómo escribir, a buscar consejos en internet sobre técnicas de escritura, a tratar de calcar las rutinas de mis escritores y escritoras favoritas. Me compré el libro que mi queridísima Elizabeth George había escrito para ayudar a escritores noveles y traté de calcar su proceso (no una, sino varias veces; y cuando digo varias, quizás quiera decir docenas). Ella tiene muy claro lo que va a escribir antes de empezar su novela. Lo tiene tan claro que, durante meses, crea una sinopsis, la vida detallada de cada personaje, un resumen de cada capítulo, la línea temporal... Lo tiene todo tan claro que su primer borrador es perfecto, y apenas le hacen falta un par de retoques antes de enviarlo a su editor. Yo intenté imitarla, como digo, varias veces; lo único que conseguí fue crear un montón de personajes ajenos a mí, fuera de una historia que aún no tenía clara porque no había escrito, y tramas muy completas que no quise desarrollar porque... Coño, porque ya estaban sobre papel.
Isabel Allende recomienda escribir una página buena al día, lo que quiera que eso signifique, y así, al final del año, tienes una novela más que decente. ¿Y si no escribes una página buena, sino dos mediocres? ¿Y si no escribes un día? ¿Y quién es el valiente que decide qué es bueno y qué no?Me sentía inútil. Completamente idiota. ¿Por qué no puedo escribir una maldita novela?

Luego leí un libro de Stephen King en el que decía exactamente lo contrario. "Ponte al ordenador, escribe todo lo que puedas lo más rápido que puedas y deja los detalles para la revisión de después". Y ahí mi yo elitista (y un poco gilipollas, la verdad) decía "ya, pero es Stephen King, mira qué mierda de libros escribe este tío" (debería aclarar que entonces nunca había leído nada suyo). Me sonaba a consigna del NaNoWriMo y no me apetecía hacerle caso a un superventas. Sí, vale, Elizabeth George también lo es, y no es que Isabel Allende sea muy "indie", pero es distinto. O eso me decía yo.
Yo seguía escribiendo, siguiendo todos los consejos que leía sin darme cuenta de que ninguno de ellos funcionaba para mí. "Escribe lo que te gusta leer", decían, y yo trataba de escribir una novela negra, pero no había manera, porque me gusta leerlas, pero no necesariamente escribirlas. "Analiza los mercados, escribe algo que puedas vender", pero me negaba a escribir sobre vampiros adolescentes, que una tiene su orgullo y su tolerancia a la náusea muy baja. "Escribe para publicar", y yo lo hacía, y nada de lo que escribía me parecía suficientemente bueno ni para dárselo a leer a una amiga, mucho menos poner en el blog, ya no digo nada de mandarlo a una editorial, qué vergüenza, madre.
Y entonces dejé de escribir.
Porque había perdido el gusto, porque me agobiaba, porque lo pasaba mal.
Hasta que, por una serie de circunstancias, vi la luz y me di cuenta de que nadie, absolutamente nadie, esperaba que yo me convirtiera en escritora. Nadie en el mundo está esperando que yo ponga palabra sobre página, no hay presión exterior. La única presión es la que yo me impongo a mí misma. Solo yo puedo controlar lo mucho o poco que me agobio.
Y empecé a escribir por gusto.
Me planté de golpe en el ordenador una mañana y empecé desde el principio, trasladando al papel una escena con la que había soñado, ni planificación ni leches. "Qué haces, desaboría, tú estás loca, no la vas a terminar en la vida", decía una voz en mi cabeza, pero la ignoré. Había una historia detrás de aquella escena. Había un par de personajes que me gustaban. La historia no era original, más bien todo lo contrario. "Nadie va a querer leer algo que no es original", decía la voz de mi cabeza, pero yo sabía que se equivocaba. YO quería leer esa historia. Con eso bastaba. El tono era ligero, sin pretensiones. "Lo de lectura de encefalograma plano se queda corto con esta historia, chata". Bien. Estupendo. Me lo llevaré a la playa en verano. Los personajes secundarios estaban tan estereotipados que eran caricaturas de personas, y me hacían reír a carcajadas a las siete de la mañana. "No tienen profundidad. No son creíbles. No son reales". De eso se trata. Esto es ficción.

Me lo estaba pasando en grande. "Ese no es el objetivo, el objetivo es publicar". Sí, claro, porque tú lo digas.
Mes y medio levantándome una hora antes para poder escribir (y así ir a trabajar habiendo hecho lo que más me gusta, pasara lo que pasara luego), más de ciento cincuenta páginas, dos personajes que adoro y una historia que me hace sonreír cada vez que pienso en ella. El primer borrador está acabado y, lo más importante, me encanta. Tiene tantos fallos que no es leíble, algunos a la vista, otros no tanto, pero da igual. Ya llegará el momento de corregirlos. He vuelto a encontrarme con la escritura, y eso no tiene precio.
La pregunta ahora es si hago caso a los consejos y la dejo reposar un par de semanas antes de meterme a corregirla o la ataco ya mismo. ¿Os he dicho alguna vez lo insegura que soy?
1 comentario:
Esto de la inseguridad es un "rollo". Si quieres otro consejo más...haz lo que te apetezca. Si te apetece atacar ahora, hazlo, por que igual lo disfruta más. Y cuando repose un poco, ataca de nuevo para que la veas con algo de perspectiva.
Me encanta que hayas vuelto a redescubrir la escritura, que hace un tiempo me asustaste con eso de que no te gustaba y lo hacías por costumbre.
¡A disfrutarla se ha dicho!
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