(...)
-Jennifer, tu turno.
-Hoy paso, señor Peterson. No estoy de humor.
-Vale. ¿Dan?
-Me ha molado el libro, señor Peterson. Me ha molado mogollón.
Alan sonrió.
-Me alegro. Y gracias por esa frase de entrada, porque ya podemos sumergirnos en el maravilloso mundo de El guardián entre el centeno. ¿Todo el mundo lo ha leído?
Hubo un silencio. Incluso Dan, que acababa de admitir haberlo leído, bajó la vista. Alan ahogó una sonrisa.
-¿Alguien tiene algo que comentar? -Silencio-. Vale, empiezo yo. El Caulfield este es un gilipollas.
Todos levantaron la vista y le miraron con los ojos abiertos como platos. Alan jugueteó con la copia del libro que tenía ante sí.
-Es… tonto. Tonto de remate. Se pasa el libro yendo de un lado para otro, sin hacer nada, sin decidirse por nada. Le pegan y no responde. Le roban y se queda tan ancho. Podría haberse fugado de casa, y ni siquiera hace eso. Y se pasa no sé cuántas páginas intentando encontrar a su hermana pequeña. ¿En serio? ¿Para qué quiere un tío de dieciséis años ver a una niña de diez? No sé, a mí este tío me cae mal. Es un… soso. Un pringao.
-¿A dónde quiere usted que vaya? -apuntó Felipe, el ceño fruncido-. No tiene un duro, no tiene trabajo, es menor de edad. No… no… no puede… hacer nada.
-Y no conoce a nadie. No tiene amigos. Está solo -dijo Joe.
-Conoce a Jane -dijo Alan-. Y a esa tal Sally.
-Sally es asquerosa. Y Jane… Jane está jodida, macho.
Alan fijó la vista en Joe, haciendo un gran esfuerzo por no mirar a Jennifer, sentada junto a él.
-¿Por qué dices eso? A mí me parece la única cuerda de todo el libro.
-Sí, cuerda será, pero bastante tiene con lo suyo.
-¿Qué es lo suyo?
Joe resopló, negó con la cabeza y no contestó. Felipe saltó en su defensa.
-Lo del padrastro. Lo de que le mete mano, o la viola, o lo que sea.
Alan frunció el ceño y rebuscó en su libro.
-Yo no he visto nada de eso. ¿Dónde viene la palabra violación?
Felipe hizo un mohín.
-No lo dice, pero, joder, está claro.
-Cuando se echa a llorar -dijo Ana María-. Cuando están jugando a las damas y el padrastro le pide su tabaco y ella se echa a llorar y Holden… -Se calló, sonrojándose. Nadie se burló.
-¿Todos habéis entendido lo mismo? ¿Todos habéis visto ahí un abuso?
Toda la clase, menos Jennifer, asintió. Jennifer estaba medio tirada en su silla, los brazos cruzados sobre el pecho con tanta fuerza que le temblaban los hombros. Alan la miró de reojo, pero no le dijo nada.
-Imaginaos en el lugar de Holden, o en el de Jane. ¿Qué habríais hecho vosotros?
-Entrar en la casa y darle una paliza a ese hijo puta -dijo Felipe. Joe asintió.
-Yo me hubiera ido de casa -dijo Ana María-. Si fuera Jane, me habría largado de allí.
-¿Y a dónde hubieras ido, gilipollas? -saltó Jennifer de repente, los brazos aún cruzados-. Decís que Caulfield no se puede ir de casa porque no tiene un duro y es menor de edad, pero Jane, que tiene qué, tres años menos cuando cuentan lo de las damas, ¿se puede ir? ¿A dónde? ¿Con quién?
-Con Holden mismo, yo qué sé -dijo Ana María, sorprendida.
-Se lo podía haber dicho a su madre -apuntó Dan.
-Sí, capullo, porque ella no lo sabía, ¿no? -siguió Jennifer-. ¿Te crees que puede pasar algo así en tu casa y que tu madre no se entere? Claro que lo sabe, pero no hace nada porque no quiere quedarse sola con su puto consolador. Joder, esta clase está llena de gilipollas, hostias, y este libro es una puta mierda. Métaselo por el culo, señor Peterson -Se levantó, dejó caer la silla con un golpe, cogió sus cosas y salió de clase dando un portazo.
Alan se mordió el labio inferior y tragó saliva. No miró a sus alumnos durante unos segundos. Nadie parecía saber qué decir. Fue Joe el que rompió el silencio.
-Creo que ésta también deja a todos los reyes en la última fila -dijo. Dan asintió.
2 comentarios:
¡Ah! que duro este fragmento, pobre niña.Alan lo sabe, o al menos lo sospecha ¿no? La elección de libro es casual ¿o no?...ummm
No he leído El guardián entre el centeno, pero creo que va a ser el próximo que caiga. Que de tus recomendaciones me fío.
¿¿CÓMO QUE NO TE HAS LEÍDO...?? Ahora mismo te me metes en "intesné" y te lo bajas, si hace falta, hombre por dios. Y tú eres jovencita, lo vas a entender mucho mejor (o no, que con esto nunca se sabe, la vida de cada uno es suya). Lectura obligatoria, aunque sea el único libro que uno se lea en la vida.
(Fíjate cómo me gustará este libro que yo normalmente marco las páginas que me gustan -suelen ser una docena, veinte si me gusta mucho-, y en éste tengo más páginas marcadas que sin marcar. Genial. Sencillamente genial.)
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