Sesenta años pueden ser la mejor edad si se llega con salud y humor, y Aurora tenía ambos, así que se animó a hacerlo. Había criado a dos hijos estupendos, dos chavales de veintitantos que ya habían volado del nido, como decía su difunta y santa madre, y su marido llevaba ya tiempo haciendo una vida que poco tenía que ver con la suya, la de Aurora, acostumbrada a pasear, cocinar o charlar con las vecinas mientras su Paco se iba de chiquiteo por el barrio. También le gustaba leer, pero las cataratas había hecho de esa afición un suplicio. Así que, después de mucho informarse, decidió operarse, convencida de que aún le quedaban al menos veinte años y varios centenares de libros por leer, por no hablar de todas esas revistas y los catálogos de ropa de bebé que quería empezar a ojear "para cuando lleguen los nietos".
La llamaron del hospital para hacerle las pruebas del preoperatorio y Aurora se fue a la clínica -privada, porque no le apetecía cumplir los setenta en la lista de espera- sin decirle nada a Paco, que no iba a querer acompañarla de todas maneras y, para tenerlo de morros todo el día, mejor ir sola. Los médicos, eficientes y diligentes, le hicieron todo tipo de pruebas y le pidieron que esperara en una salita mucho más acogedora que la de los hospitales públicos, dónde va a parar. Aurora se entretuvo hojeando una revista de viajes en la que apenas podía distinguir las fotos e imaginando la nitidez con la que iba a ver todos aquellos colores en unos pocos días. Al poco rato, un médico con cara de pocos amigos la vino a buscar. Ella le siguió hasta su despacho y vio, un poco aprensiva, cómo se sentaba y la miraba con enfado.
-Podría habernos avisado, señora Aurora, nos habríamos ahorrado mucho tiempo.
-¿Avisarles de qué?
-¿No se le ha olvidado mencionar nada en su historial?
Aurora negó con la cabeza.
-¿Un pequeño detalle? ¿Como que es usted VIH positiva?
-¿Cómo? No, yo soy AB negativo. Se lo juro, he donado sangre muchas veces porque es muy rara. ¿Eso es un problema?
El rostro del médico cambió de enfado a estupor.
-¿No lo sabía?
-¿El qué?
-Es usted portadora del virus del SIDA.
Cuando Aurora se recuperó del desmayo, un psicólogo y el encargado de una asociación de enfermos de SIDA trataron de dilucidar el misterio. Le preguntaron por su historial quirúrgico (nunca la habían operado, ni siquiera le habían desvitalizado una muela), posibles diálisis (jamás, siempre había estado como una rosa), pinchazos fortuitos con agujas de jeringuillas desechadas (todo lo más con una concha en la playa), y, por último, sobre sus hábitos sexuales.
-¡Pero qué dice! Llevo treinta y cinco años casada y jamás he conocido a más hombre que mi marido. Y no, no usamos condón, nunca lo hemos hecho. ¡Por Dios! ¡Bueno es mi Paco!
Los dos hombres se miraron un segundo, asintieron casi imperceptiblemente y suspiraron al unísono, o eso le pareció a Aurora, que lo veía todo como en un mal sueño.
-Pídale a su marido que se haga las pruebas. Y tómese este válium.
El encargado de la asociación nos cuenta que los hijos de Aurora la ayudaron con todos los trámites del divorcio, que fue efectivo a los pocos meses. La mujer debe estar hecha polvo, pero no por la enfermedad, que está perfectamente controlada: no puede entender que su marido le fuera infiel. Los votos son sagrados, dicen que repite sin cesar. Si no hubiera sido por los hijos, quizás aún siguieran casados.
(Historia basada en hechos reales. Llevo toda la tarde pensando en cómo mataría yo a alguien que me hiciera algo así. Y no me refiero a "ja, ja, yo lo mato". No. Pienso en armas y en partes del cuerpo, en sangre, furia y rabia. Yo lo mato.)
9 comentarios:
Yo te ayudo. Y, ya puestos, que parezca un accidente, por ponernos cinematográficos y hacerlo a lo grande, hombre. Que la ocasión lo merece ;)
Mucha gente así por el mundo, Ruth.... aunque parezca increíble..
Vendo navajas de Albacete. Hago descuento a maltratadas.
Completamente de acuerdo con Maripuchi. Lo que ocurre es que la mayoría de los "engañados" (no sé si por suerte o desgracia) jamás llegan a descubrirlo. Cuando lo hacen es, como en tu relato, del modo más rocambolesco.
Para la reflexión: es una gran historia. ¿Porque habla de la miseria humana? Los finales felices no son tan literarios.
La historia me parece terrible, pero no hemos oído a la otra parte; quizás ni él mismo lo supiera. Y aunque lo supiera, creo que no se debe bromear con lo de matar a la gente.
Lo matabas ¿por lo del SIDA o por la infidelidad? ¿Tal vez por las dos cosas?
Besos confundidos.
Por lo del SIDA. Por no ponerse condón cuando va con otras, que hay que ser tarugo a estas alturas de la historia. Lo de la infidelidad, joda más o menos, lo puedo llegar a entender; se rompe la pareja, cada uno por su lado y santas pascuas, si te he visto no me acuerdo, que los niños ya son mayorcitos. Pero que por un escarceo descuidado me joda lo que me queda de vida de semejante manera...
Hola guapa!!! Muy buen post. Me encanta tu dulcura
Maldito, mil veces maldito.
Publicar un comentario