Enrique se acercó a Elena, los ojos fijos en los de ella, apartándose de su mirada lo justo para no perder de vista esos labios que a punto estaba de besar. Iba a ser el mejor beso de su vida, mejor que el de cualquier película; ríete tú de Richard Gere, George Clooney o el mismísimo Alan Rickman, le iban a temblar hasta las rodillas, no iba a olvidarlo jamás, pasaría a su memoria como el mejor "besador" que había tenido nunca. Pues bueno era él cuando se ponía. Menuda técnica había desarrollado. Entre sus besos y sus miradas, ninguna podía resistirse.
Pero algo iba mal. En lugar de quedarse quieta esperándole, su cabeza (la de Elena, su Elena, su mejor amiga y la mujer que últimamente inundaba esos momentos entre el sueño y la vigilia) iba alejándose, más y más cada vez, hasta que tuvo que mover el pie para no caerse de espaldas. Enrique se apartó de ella.
-Perdona, Elena, no sé qué... Creí que te gustaba. Lo siento.
-No, no, si no es eso, me gustas. Pero no quiero que me beses.
Enrique frunció el ceño. Era la primera vez que le decían algo así.
-Entonces no... O sea, no te gusto, te caigo bien. Como amigos, ¿no?
-Supongo... Yo creía que me gustabas como algo más, pero has puesto esa cara y me ha dado repelusillo.
-¿Qué cara?
-Tu cara de... -Elena hizo un mohín de asco-. Tu cara de beso.
Enrique abrió la boca para decir algo, pero no pudo. ¿Cara de beso? Lo intentó de nuevo. No había manera. Se miraron en unos segundos eternos.
-Hombre... -consiguió decir al tercer intento- Iba a besarte, así que sí, supongo que... ¿Tan malo es eso?
-Es que a mí me gusta tu cara normal, no esa de galán de cine borracho que se cree guapo que pones cuando besas. Cuando es a otras, da la risa, pero ahora... -Nuevo mohín de asco.
Enrique dio un paso atrás y miró a su amiga (¿amiga?, vaya amiga) como si la viera por primera vez. Ni guapa ni fea, ni gorda ni delgada, nada llamativo en su aspecto. Y, sin embargo, tenía algo... ¿Su interior? No, él nunca había mirado tan lejos.
-Vaya. Galán de cine borracho, toma ya. Nunca me habían insultado tanto con tan pocas palabras.
Elena se encogió de homrbros y le miró con gesto apenado. No estaba arrepentida de haberlo dicho, sólo le dolía que le hubiera sentado mal.
-Quédate con lo de galán de cine y olvida lo de borracho. Qué, ¿tomamos algo?
6 comentarios:
Pues no sé de parte de quién me pongo. Si el pavo pensó de verdad en Richard Gere, etc..., pues tiene razón la chica. Pero ella, un poco borde y sobrada, ¿o qué?
Espero que el chico no fuera luego a tomar nada con ella...
Yo, así entre nos, estoy un poco más de parte de ella que de él, aunque supongo que se trata realmente de eso, de que ninguno de los dos tiene la verdad absoluta y ninguno de los dos obra bien del todo.
(Y te diré, aún a riesgo de cargarme el misterio, que sí que fue a tomar algo con ella, porque estaba coladito hasta el tuétano y más vale una copa de desagravio que no verla.)
Pobrecito. Ten en cuenta que casi nadie sabe la cara que pone cuando va a besar... seguro que si pudiéramos vernos se nos daríamos lástima.
Muy, pero que muy bueno. Te felicito.
Hay un bolerazo que dice:
Dime el tremendo misterio que a nadie confiesas...
Di por qué cierras los ojos... cuando me besaaas.
Un buen tema para una encuesta, Tuth. ¿Cuántos besan con los ojos cerrados y cuántos con los ojos abiertos?
XD estupendo Ruth! Algunas veces pasa, eso de que un amigo/a mute los sentimientos en algo más. Me dan penita ambos en tu historia; ella, porque creía que quería algo y luego se dio cuenta de que no -y eso también pasa, falta de química- y él porque adiós a su seguridad de perfecto galán y besador "casi" profesional ^^
;) prefiero los ojos cerrados pero reconozco que a veces entreabro para echar un vistacillo... y vuelvo a cerrarlos. Un besote!!
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