
No me gusta que haya un día internacional de la mujer trabajadora. Me recuerda a esos días que tan de moda se han puesto: día internacional contra el cambio climático, día del cáncer infantil, día del libro, día del escritor, día de la paz... Es como si el resto de los días del año tuviéramos excusa para no pensar en ello, pero ese día hay que tenerlo en mente. No creo que un padre cuyo hijo tenga cáncer olvide el tema 364 días al año. No creo que un escritor se acuerde siquiera de que tiene un día (y mucho menos que le importe). No creo que las mujeres seamos más trabajadoras el ocho de marzo, y menos este año, que cae en domingo. ¿Y lo de trabajadora? ¿Conocéis a alguna mujer que no trabaje?
Lo único bueno que le veo yo a señalar un día para nosotras en el calendario es para tener una excusa y hacer piña. Corporativismo femenino, que ya toca. Nada de esperar a que los compañeros de trabajo nos saquen un café de máquina o traigan pastas a la oficina, no: las pastas las ponemos nosotras, para nosotras y por nosotras. Debemos querernos un poco más las unas a las otras, ser un poco menos arpías, dejar de jugar el juego que nos dictaron los hombres (algunos hombres, no todos, y por suerte la gran mayoría ya extintos) hace miles de años. Nos toca cuidarnos, a nosotras mismas y a las compañeras. Simone de Beauvoir se preguntaba por qué las mujeres blancas se identificaban antes con un hombre blanco que con una mujer negra, cuando ambos hombres tenían siempre el consuelo de que, al menos, estaban por encima de sus mujeres. Siempre les hemos prestado más atención a ellos que a ellas. Competición, supongo, y muchos miles de años tragándonos el cuento de que sin los hombres no éramos nada. Hasta se les hizo creer a las mujeres de la Edad Media que, en un embarazo, su única labor era dar cabida a la semilla del hombre, que se desarrollaba sin ninguna participación femenina. Por eso las herencias eran de hombre a hombre, porque la mujer, en realidad, no tenía hijos, eran solo del macho. Nos fue negada hasta la maternidad. El colmo.
Unámonos, mujeres del mundo, no contra los hombres, sino a favor de nosotras mismas. Apoyémonos más, querámonos más, no nos pongamos zancadillas, que bastante nos pone el mundo ya. Quizás en un futuro el día de la mujer desaparezca porque todos los días serán nuestros, pero no llegaremos a ello si esperamos a que sean ellos los que nos tiendan la mano. Tenemos que ser nosotras las que miremos hacia atrás y demos un tirón a las que nos siguen. Porque entonces, y solo entonces, terminará el machismo, cuando los hombres no puedan meterse con una mujer sin que cientos le salten al cuello. Cuando todas estemos unidas y valoremos lo que realmente es ser mujer.
1 comentario:
Tienes razón en que los días señalados en el calendario para un hecho específico dan muy mal rollo, que se dice ahora. Como bien dices quizá sea porque para el 50% de la población mundial -masculina- las mujeres somos ese ser secundario que da reposo al guerrero. No tendría que ser así, pero es algo que costará cambiar después de miles de años de hábitos sexistas. Estaría bien que al menos ese día fueran los hombres los que se ausentaran del trabajo por tener que cuidar al hijo enfermo y tener que llevarlo al pediatra, o al dentista o a la Conchinchina.
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