Soy escritora

He leído en algún sitio que, si dices lo que te quieres creer muchas veces, al final terminas creyéndotelo, así que me lo voy a repetir hasta la saciedad para ver si así me lo creo: soy escritora, soy escritora, soy escritora...
Hoy he madrugado para continuar con una novela que empecé hace años y tiene tantas versiones como cambios ha habido en mi vida. Nunca he terminado ninguna de ellas, por mil motivos: me parecía ñoña, no creía que le fuera a gustar a nadie, ya se ha escrito mil veces... Ayer me puse a leer lo que tenía y me di cuenta de que, a pesar de que todo lo que había pensado de ella era cierto, a mí me gustaba. Y me quedé con ganas de leer más. Por tanto, si a mí me gusta, puede que a alguien más también le guste. Y si no, con que me guste a mí debería valerme, porque no me gano la vida con esto -por suerte, a veces, o por desgracia, las más- y no necesito vendérsela a nadie. Así que la voy a terminar para que dentro de unos años, cuando me haya olvidado del esfuerzo que me costó escribirla, pueda leerla y me guste a mí. Espero.
Y también espero tener algo que publicar en el blog en breve. De momento, voy a echar dos sendos sobres a dos sendos concursos allende los mares. A ver si algún día suena la flauta y dejo de ser la única a la que le gusten mis obras.

Qué lista soy

Qué lista soy al rodearme de gente que a)no me conoce de nada y se esfuerza por hacerme sentir bien, o b)me conocen desde hace muchísimos años y se guardan muy mucho de decirme cosas negativas. Así da gusto.
Hoy no me apetecía escribir y no lo he hecho. En lugar de ello, me he puesto a imprimir los cuentos que he escrito en los últimos dos meses, e imaginaos mi sorpresa cuando me he encontrado con ocho relatos. Ocho, y yo pensaba que no escribía. Me he puesto a releerlos tirada al sol de mayo, con la espalda achicharrada pero resistiéndome a ponerme a la sombra, y me he sorprendido aún más cuando me he dado cuenta de que, a pesar de lo crítica que soy conmigo misma, muchos de ellos me han gustado. Hay un par que son pura basura, pero todo el mundo tiene un mal día y sólo suponen un pequeño esfuerzo en el gran esquema del mundo. Otros que en su momento no me gustaron parecen haber cobrado vida nueva después de haberlos dejado "macerar" en la memoria de mi ordenador. Y un par de ellos necesitan pequeños cambios, pero pueden llegar a ser buenos.
Nunca edito. Me da vergüenza releer mis propios textos, y luego me sorprendo cuando me gustan. Tengo que hacer esto más a menudo. Ahora mismo me voy a ir a la página de Eldigoras a buscar concursos literarios a los que mandar por lo menos dos cuentos.
Sólo espero acordarme de mandarlos con doble espacio, para no volver a recibir un email que rechace mi cuento sólo por el formato.

La culpa es de Ikea

Lo más fácil del mundo es echarle la culpa a algo para no escribir. Ya sea a Ikea y el vicio que supone montar muebles ajenos, ya sea el buen tiempo, las pocas ganas de escribir, el dolor de cuello o el hecho de darme cuenta de que lo que estoy escribiendo es una pérdida de tiempo. La cosa es que no escribo. Sólo me he pedido una hora al día, pero siempre encuentro algo mejor que hacer. Y luego sueño con ser el próximo Premio Planeta. Sin escribir.
Quizás cuando vuelva a la normalidad vuelva a escribir. O quizás debiera dedicarme a otra cosa, ya que obviamente esto no me motiva lo bastante.