Mostrando entradas con la etiqueta listas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta listas. Mostrar todas las entradas

Los diez libros más sobados de mi biblioteca

Soy de las que relee libros. No todos, por supuesto, pero sí los que más me han gustado, los que más cosas me han dicho. Hay libros que necesitan ser releídos para captar todo lo que nos están diciendo, porque no se puede pillar todo a la primera, no siempre al menos, no cuando un libro dice mucho. Otras veces es simplemente que me gusta la historia y quiero volver a sumergirme en ella, aun a riesgo de darme cuenta de que ya no me gusta tanto. Por lo general, en cuanto termino un libro tengo muy claro si alguna vez lo volveré a leer o no. En caso afirmativo lo guardo; si no, lo regalo o intento donarlo (pero como la mayoría de mis lecturas son en inglés, me es dificilísimo encontrar a alguien que los quiera y así está mi casa, llena de libros no tan buenos).

Creo sinceramente que los clásicos aguantan mejor una relectura que los bestsellers, aunque, si la historia es buena, a veces también lo merecen, sobre todo si hace ya tiempo que lo leíste y solo recuerdas que te gustó, pero no la trama. Esta es mi lista de libros más sobados; el orden es aleatorio, pero una se suele acordar sobre todo de los que más le gustaron, así que creo que me ha podido el subconsciente al hacer la lista:

1. Harry Potter (la serie entera), JK Rowling


No podía faltar, por supuesto. No sé cuántas veces me los he leído, pero debe andar por la docena. La razón es que, cada vez que salía libro nuevo, quería acordarme de todo lo que había pasado anteriormente, así que me leía todos los libros que habían salido hasta entonces. Aunque leer, lo que se dice leer, no hacía mucho: aproveché para comprarme las cintas (¡sí!, ¡cintas de cassette!) y las escuchaba por la noche. Eso sí: el sexto y séptimo libro me los leí tan rápido (un fin de semana cada uno) que, en cuanto los acabé, volví a releerlos para saborear cada escena y fijarme bien en qué demonios había pasado para llegar al final al que llegaron, porque del ansia no me había enterado de la mitad.

2. La Regenta, Leopoldo Alas Clarín 


La primera vez que lo leí fue por obligación, más o menos. Nuestra profesora de literatura en el instituto nos dio a elegir las lecturas del trimestre; era una mujer enfadada con el mundo que odiaba a sus alumnos (o esa sensación daba, aunque era una gran profesora), y cuando llegó a La Regenta nos soltó un "ya sé que nadie va a elegir este libro porque es el más largo y el más difícil, pero bueno, os lo tengo que dar también". Yo lo escogí sin dudar, y se convirtió en mi libro favorito durante décadas. Ese año me lo leí unas cuatro veces (cada vez que mi madre entraba en la habitación y me veía leyéndolo otra vez se desesperaba, no entiendo por qué. Ni que me hubiera pillado con una revista pornográfica o algo); cada poco tiempo lo rescato, y me alegra decir que no ha perdido ni un ápice de su encanto. Ahora me doy cuenta de que a los quince años no fui capaz de entender la mayoría de las cosas que se explican en el libro, pero lo poco que me llegó me hipnotizó. Sigue siendo uno de mis libros favoritos. 

3. Beloved, Toni Morrison


¿Cómo no querer este libro? Lo descubrí por el club de lectura en euskera al que asisto una vez al mes, con lo que la primera vez que lo leí fue en euskera, no en su idioma original. Poco me costó encontrar el ebook y devorarlo otra vez en inglés (y con él toda la bibliografía de Morrison, que por desgracia no es muy extensa). Este verano me voy a regalar la copia en papel del libro, porque merece ser leído, marcado y machacado. Aparte de mi obsesión por el tema de la esclavitud en Estados Unidos, es un maravilloso libro que debería ser de obligada lectura para todos los amantes de la literatura. 

4. El guardián entre el centeno, JD Salinger


Curiosamente, cuando lo leí de adolescente no me quedé con gran cosa. Quizás porque yo tuve una adolescencia muy tardía (creo que todavía no la he superado del todo), quizás porque es un libro muy americano y no conseguí identificarme con el protagonista; quizás porque es la historia de un chico, muy distinta a la que sería la historia de una chica. Hace unos años lo volví a leer, esta vez en inglés, y me enamoré del libro. Han caído dos lecturas más, y creo que caerán otras cuantas en breve. Me encantaría tener a un adolescente en mi círculo cercano para poder recomendarle este libro que tanto me emociona. 

5. Al este del Edén, John Steinbeck


Es pensar en este libro y emocionarme. Ya no solo por la historia que cuenta (que es bestial, universal, eterna, maravillosa), sino porque el libro ocurre en la zona de California que fue mi hogar durante siete años. Cada vez que veo el nombre de King City en la página se me nublan los ojos (lo cual no deja de ser irónico, porque cuando vivía allí me parecía un agujero en el mapa, y ahora mismo es el lugar más peligroso de toda California); cuando mencionan Greenfield, Salinas, Lompock, yo salto un poco en el sofá y le digo a la página ¡ahí he estado yo!, ¡ahí se nos paró el coche!, ¡ahí me invitaron a  una fiesta!, como si alguien pudiera oírme. Es el libro que retomo cuando me siento melancólica, y el libro al que recurro después de haber leído algo muy malo, como quien se quita el mal sabor de una almendra amarga con un trago de buen café. Está tan marcado que reconocería mi copia en cualquier lugar del mundo si me la robaran. Es el libro que nunca, nunca saldrá de mi casa (a no ser para ir a un parque y leer tranquilamente a la sombra de un árbol una tarde de verano). Por cierto: qué mala es la película. De lo peor que he visto.

6. Las uvas de la ira, John Steinbeck


A diferencia del anterior, este libro me produce tal desazón que tengo que tener mucho cuidado con cuándo lo leo, porque me afecta mucho. La última vez que lo releí lo tuve que dejar a medias en la mesa, casi a mitad de una frase, durante un par de días, porque sabía lo que venía y no tenía fuerzas para leerlo. Es crudo, es gráfico, es bestial, y lo peor de todo, está basado en hechos reales. Parece mentira que un libro escrito a principios del siglo veinte sea tan actual como este. A más de uno se lo daría yo a leer. 

7. Middlesex, Jeffrey Eugenides



Este libro me lo regaló una amiga y estuvo en mi pila de libros por leer durante años. Cuando al final me animé a leerlo, no podía creerme que algo tan maravilloso hubiera estado delante de mis narices tanto tiempo y que yo no lo hubiera visto. Me encanta Eugenides y su arte de contar una historia desde el final hacia el principio, yendo atrás en el tiempo para explicar por qué el protagonista de la historia es como es. Maravilloso. De hecho, creo que le voy a echar otro vistazo antes de que acabe agosto. También digno de mención es Las vírgenes suicidas, que solo he leído una vez pero que me dejó helada por su manera de manejar un punto de vista múltiple. 

8. Dientes blancos, Zadie Smith


Mi amor por esta mujer no tiene límites, y mi envidia tampoco. Con veintipocos años escribió una de las obras más importantes de la literatura contemporánea británica, y se ha convertido en una de las voces más escuchadas, ya sea en literatura, política o encaje de bolillos. He leído todos los libros que ha publicado, incluso uno de no ficción, y espero con ansia que siga escribiendo. Dientes blancos es, para mí, lo mejor que ha escrito, aunque cualquier cosa de esta mujer hace que me derrita de gusto.

9. Ana Karenina, Lev N. Tolstói


Incluyo este libro que me he leído varias veces, aunque estoy convencida de que no volveré a releerlo jamás. Cayó en mis manos cuando era una cría porque estaba entre la colección de premios Nobel que mis padres tenían en el salón. Mi profesor de octavo de EGB se quedó de piedra cuando le dije que lo estaba leyendo, y le dijo a mi madre que estaba bien que leyera cosas de esas, pero que no iba a entender nada. Efectivamente, tenía razón. Hace unos meses volví a leerlo y aprecié la grandeza de Tolstói, pero también me di cuenta de que no me gustan los realistas rusos. Si a esto le añadimos que me he leído Guerra y Paz también este año, apaga y vámonos. 

10. On Writing, Stephen King


No había leído nada de King hasta que leí este libro, mitad autobiografía mitad manual de escritura.  A partir de ahí le cogí cierto cariño y empecé a respetarle mucho más. Lo he leído un par de veces, y la verdad es que guarda unas pequeñas joyas en su interior que merecen la pena ser leídas de vez en cuando. Ahí lo guardo, para cuando me dé el bajón y necesite que alguien me anime. O para reírme un rato, que también ayuda. 


No son los mejores libros que existen, pero a mí me dicen algo. Son importantes para mí por un motivo u otro (menos Ana Karenina, claro), y sé que volverán a mis manos más pronto que tarde. De hecho, escribiendo esta lista he descubierto alguna que otra joya en mi estantería que lleva años sin ser leída. Si sumamos a estas relecturas la lista de libros que me estoy haciendo este verano y la que caerá en cuanto eche un vistazo a las novedades de 2017, creo que tengo lecturas para rato. Y feliz, oye. 

10 maneras de aprender idiomas y mejorar tu fluidez (¡sin estudiar!)



Creedme cuando os digo que llevo toda mi vida aprendiendo idiomas. Técnicamente, todos llevamos desde que nacimos aprendiendo nuestro idioma materno, pero yo además tuve la suerte de tener unos padres muy modernos que decidieron que mi hermano y yo aprendiéramos euskera desde la cuna. Empecé en la ikastola antes de cumplir los dos años, y de ahí en adelante todos mis estudios los hice en euskera. A los nueve empecé con el inglés (sí, tardísimo comparado a lo que se hace ahora), y ya de adulta me ha dado por el alemán, idioma que me encanta pero en el que nunca tendré la facilidad que tengo para hablar en cualquiera de mis otros dos "segundos idiomas". Los beneficios de aprender idiomas son muy numerosos; no voy a enumerarlos todos aquí, pero baste decir que hay estudios que defienden que ser bilingüe ayuda a retrasar la demencia senil y el Alzheimer, y está más que probado que saber dos idiomas facilita la adquisición de un tercero (y un cuarto, y un quinto). 

Pero aprender idiomas es duro. Todos y todas los que hemos aprendido un idioma de manera no natural (es decir, por inmersión) relacionamos el aprendizaje de lenguas con largas horas de clases, ejercicios de gramática, listenings imposibles que te provocan dolor de cabeza cuando acabas. No tiene por qué. Hay muchas maneras de mejorar un idioma sin asistir a clase, aunque, como siempre, lo que más importa es la motivación. Aquí os dejo diez maneras en las que no solo mejoraréis en fluidez, sino que lo pasaréis bien mientras lo hacéis. No están ordenadas en orden de importancia, ninguna de ellas funciona mejor que otra; elige la que más te guste y ponte con ello. Hoy mismo. 

Créme: necesitarás preguntar para entender esto. 
  • Viaja: Sí, parece de perogrullo, pero no veáis la de gente que no sale de casa porque dice no manejarse bien con el inglés. Viajar y ponerte en situaciones complicadas te ayuda a hacer uso de todo lo que sabes, incluidos signos y pantomimas. Mi consejo es que no viajes a un país donde el primer idioma sea el que estás aprendiendo. Si estás con el inglés, puede que no entiendas a un británico, pero no te será difícil entenderte con un alemán, o con un griego, o un italiano (aunque aquí te entienden mejor en castellano). Que no te asuste parar a la gente por la calle para pedir ayuda. Y cuando tus habilidades mejoren, ¡lánzate! Trata de entenderte con la recepcionista del hotel, pide comida en un restaurante fast-food. Lo mejor es que viajes solo o sola, o que seas quien mejor inglés tiene de tu grupo de amigos y amigas. Huye de viajes organizados, así no practicarás. Aprende a sacarte las castañas del fuego tú solo o sola. 
  • Pasa una temporada larga en otro país: Y no me refiero a "cógete un año sabático y vete a vivir a Italia", sino a "busca un trabajo y conviértete en uno de ellos". Parece difícil, pero créeme que no lo es. Moverse por Europa nunca ha sido tan fácil. Busca acuerdos entre gobiernos, suelen tener programas de intercambio que facilitan llegar al país con un contrato ya firmado. O hazlo por agencia, hay cientos en internet (cuidado con los timos, infórmate bien). Si eres profesor o profesora, por ejemplo, el MEC tiene un programa de visitantes que facilita a profesores españoles trabajar en Estados Unidos y Canadá. Aquí ya tienes que tener un nivel majo de inglés, pero lo que vas a aprender allí en un año no lo vas a aprender nunca quedándote en casa. Yo lo hice y fue la mejor experiencia de mi vida. 
  • Apúntate a clases, pero no de idiomas: ¿Has probado a hacer ganchillo en inglés? ¿Te gusta el dibujo y conoces a un artista nativo? ¿Por qué no le propones que te dé clases? Busca un grupo de amigos/as interesados/as en una actividad y buscad a alguien que pueda ofrecérosla. No tiene por qué ser nativo, basta con alguien que tenga buen nivel. ¿Pintura en alemán? ¿Guitarra en inglés? En la era de internet, nunca ha sido tan fácil encontrar a una hablante de chino mandarín experta en bisutería que esté dispuesta a ganar unas perrillas extras compartiendo lo que sabe. 
  • Habla con un nativo: Hoy en día, esta es una de las cosas más fáciles de hacer. Busca a alguien a quien le apetezca intercambiar idiomas, ya sea en tu ciudad o en internet. Italki, por ejemplo, es un buen sitio donde empezar; hay profesores de idiomas que dan clases por Skype previo pago, pero también hay mucha gente que ofrece hablar en su idioma nativo a cambio de que tú le hables en el tuyo (yo encontré a una alemana que vivía en Zaragoza que estaba aprendiendo euskera porque su marido era vasco, ¡cosas veredes, amigo Sancho!). También puedes acercarte a tu facultad de filología más cercana y encontrar anuncios de gente que se ofrece a dar clases de conversación. Seguro que encuentras a alguien en tu zona con quien charlar un par de días a la semana.
  • Lee cómics: Leer un libro en un idioma extranjero es difícil, por mucho que sean lecturas sencillas. Yo siempre recomiendo empezar por cómics, donde los dibujos y las onomatopeyas ayudan mucho a la comprensión. No te limites a súper héroes, hoy en día hay muchas novelas gráficas que merecen la pena. Aunque te cueste un esfuerzo, es lenguaje real (no escrito para aprendices de idiomas) y será mucho más útil que un libro escrito para, por ejemplo, estudiantes de A2. 
  • Ve películas y series en versión original: Espero que no seas de esas personas que dicen "o leo los subtítulos, o veo la película". No sabes lo que te pierdes cuando ves una serie doblada. Ya no es solo por la oportunidad de aprender el idioma, sino por la calidad de la actuación, de la que se pierde una barbaridad cuando lo ves en otro idioma. Eso sí, siempre con subtítulos, al menos al principio. Ahora, con la TDT y los canales de pago, ya no hay excusas para verlo todo en versión original. Cuando tengas un poco más de nivel, busca películas y series con subtítulos en el idioma original; seguirán siendo una gran ayuda, pero tu cerebro tendrá que trabajar un poco más. 
  • Escucha canciones mientras lees la letra: Soy dura de oído, a veces me cuesta descifrar lo que dicen las canciones incluso en castellano, y en inglés mucho más. No worries. Busca la letra de tu canción favorita en internet y escúchala mientras la lees. No te quedes en aprendértela de memoria, encuentra el significado de esa expresión que no terminas de entender. ¿Que tienes poco nivel en el idioma que estás estudiando? No es excusa. Las canciones pop son simples por definición. Busca una con estribillo facilón y ¡a cantar!
  • Júntate con gente que esté aprendiendo el mismo idioma: No hablo de nativos, hablo de estudiantes como tú. Seguro que en tu ciudad conoces a gente que está aprendiendo el mismo idioma que tú, con niveles distintos. Juntaos para charlar. La cosa es hablar, cometer errores, corregiros los unos a los otros. Este mismo grupo es con el que puedes organizar actividades más tarde, buscar un profesor nativo y dar una clase de cocina, por ejemplo. Intenta vivir en el idioma que has elegido. Haz amistades en ese idioma y siempre hablaréis en él. 
  • Lee blogs en el idioma que quieres aprender: No vas a entender todo, y no importa. Busca un tema que te guste, hazte con el vocabulario básico. Quédate con el significado general e intenta aprender una palabra o frase que no supieras antes de entrar en esa página. Es más barato que comprarte una revista y mucho más motivador. Si ese blog tiene vídeos donde explican cómo hacer algo, o fotografías mostrando el "paso a paso", mejor que mejor. No te haces una idea de lo que se aprende así. 
  • Enamórate en otro idioma: ¿Qué mejor lenguaje que aprender que el lenguaje del amor? Ni siquiera tiene que ser un nativo, sino alguien a quien le guste el idioma que estudias tanto como a ti. Podéis compartir experiencias, quizás te atrevas a viajar más cuando te ves acompañado de alguien que sabe tanto (o tan poco) como tú. Si encima tu pareja es nativa, ya ni te cuento. Tendrás que aprender por necesidad, que es la mejor manera de aprender. Pero el premio es la comunicación con la persona que quieres, ¿y qué mayor motivación puedes encontrar?


Recuerda que lo más importante a la hora de aprender un idioma es mantener la motivación. Ésta puede ser externa (por trabajo, por necesidad, porque tus suegros no hablan tu idioma) o interna (porque te gusta, porque sí), pero sea cual sea, lo primero es convertir el aprendizaje en algo divertido y a lo que no le cojas manía. Dicen que los seres humanos aprendemos por tres razones: porque es interesante, por que nos es útil o porque nos divierte. Elige tu razón (pueden ser las tres) y ponte a ello. Hoy mismo. No hay excusas. 

Lo que me hace feliz

  • Leer hasta las tantas de la noche, sabiendo que no tienes que madrugar al día siguiente y que puedes terminar el libro si te apetece.


  • Pasear sin prisa, sin importar el destino, en una tarde soleada no muy calurosa.


  • Ojear libros en una librería y no luchar contra la tentación de llevarte tres o cuatro.


  • Escuchar música que nunca antes habías escuchado y descubrir grupos nuevos que colar en el ipod.


  • Guardar silencio con las amigas y no sentirte incómoda.


  • Saber que tienes tres meses sin obligaciones delante de ti.


  • Ir a la peluquería a disfrutar del proceso de ver a la gente, hablar con las peluqueras y leer revistas que nunca compraría, y encima salir contenta con tu aspecto.


  • Virginia Woolf.


  • Elizabeth George.


  • Estar aquí y ahora, siendo como soy.
  • Más cosas que me gustan

    5. Los días soleados, aunque haga frío.

    4. Niños que me aclaman al grito de "Ruth, txapeldun" cuando entro en su clase.

    3. Un pincho de tortilla a las diez y media de la mañana.

    2. Disfrazarme en carnavales.

    1. Haber acabado los exámenes, por más que tema que uno de ellos está suspendido.

    Mis libros favoritos

    Si mi avión se estrellara y terminara en una isla desierta con comida y agua abundante y un solo libro… Me moriría del asco. Soy incapaz de elegir un libro, mi favorito, ese que has releído un millón de veces o que te ha dejado una huella imborrable. En lugar de eso, tengo una lista de favoritos sin orden particular, donde cada uno ha aportado algo a la lectora que soy, y me tengo por bien leída. Estos son solo algunos.

    -Al este del Edén, John Steinbeck: Un libro que lo tiene todo. Profundo, te llega a lo más hondo sin necesidad de hurgar, te marca, no lo olvidas nunca. Difícil seguir leyendo cualquier cosa después de acabarlo. A mí me costó meses volver a leer después de terminarlo porque sabía que no podía haber nada tan bueno como aquél.

    -Las uvas de la ira, John Steinbeck: Este es más desgarrador que el anterior, una angustia continua que no te deja descansar ni en una sola página, que no termina con el libro. Triste, horroroso, maravilloso, inolvidable. Lectura obligatoria.

    -Middlesex, Jeffrey Eugenides: La historia de un hermafrodita contada desde su segunda vida, la que empieza como hombre tras haber vivido toda su infancia como mujer. Preciosa historia dificilísima de contar que Eugenides hace que parezca fácil. Mucho mejor que Las vírgenes suicidas, del mismo autor. Ni punto de comparación.

    -Tomates verdes fritos, Fannie Flagg: Ríes, lloras, te emocionas, saltas en el asiento y acabas con la boca abierta al final. Trata la homosexualidad femenina con tanta maña que no parece estar hablando de ello. Me gusta su manera de contar la historia, dando saltos en el tiempo sin respetar la temporalidad de la historia. La película, preciosa también; se nota que el guión lo escribió la misma Flagg.

    -Wicked, Gregory Maguire: Porque está bien ver la historia de El Mago de Oz desde el punto de vista de la malvada bruja del Oeste. Al final, ni era tan bruja, ni era tan malvada, pobrecica. Digna lectura, no apta para niños.

    -Marcas de nacimiento, Nancy Huston: La historia de una familia contada al revés, empezando por el pasado y viajando atrás en el tiempo. Preciosa de principio a fin.

    -1984; Animal Farm, George Orwell: Ambas tenían que ser de obligada lectura en el último curso de bachillerato. Aunque no se esté de acuerdo con las ideas de Orwell, estos son de esos libros que es necesario leer para entender el mundo tal y como es hoy.

    -La Regenta, Leopoldo Alas Clarín: ¿Qué hubiera sido de mi adolescencia sin este libro? ¿Cuántas veces he podido leerlo? Y ahora que su historia queda casi olvidada, siento que me llama, reclama mi atención desde su estantería, amarillo ya el tomo, desgastado tras veinte años en mi poder. Caerá pronto, porque hay libros que se deben releer tantas veces como te pida el cuerpo (y el mío pide Regenta a gritos).

    Y tantos y tantos otros… Pero no habría tiempo ni espacio suficiente para anotarlos todos. ¿Cuáles son algunos de los tuyos?

    Cosas que me alegran el dia

    1. Profesores-as que piden perdón a sus alumnos después de hacerles llorar.
    2. Padres que quedan para una entrevista sólo para darme las gracias.
    3. Una caja de bombones (aunque termine comiéndosela mi padre por eso de la operación bikini).
    4. Sentir placer al sentarme a estudiar (lo que viene de perlas, porque tengo que hacerlo me plazca o no).
    5. La primavera.

    Cosas que me cabrean

    1. Profesores-as que hacen llorar a sus alumnos-as cuando suspenden un examen.
    2. Profesores-as que te devuelven el trabajo como corregido cuando está claro que ni se lo han leído, y el único comentario que son capaces de hacer es "la presentación habría sido mucho mejor si llegas a justificar los márgenes".
    3. Profesores-as que no enseñan.
    4. Alumnos universitarios que escriben en foros con faltas de ortografía.