Ramalazo poético de un día extraño

Qué quieres ser

¿Qué quieres ser?, nos preguntaban de pequeñas.
Y nosotras contestábamos. 
Futbolista.
Actriz.
Cantante.
Maestra.
Electricista.
¿Qué quieres ser?, nos preguntaron de más mayores.
Y las respuestas cambiaron.
Millonaria.
Rica.
Empresaria.
Jefa.
¿Qué quieres ser?, nos preguntarán después.
Y diremos otras cosas. 
Quiero ser un buen recuerdo.
Quiero ser significante. 
Quiero ser un buen regusto. 
Quiero ser algo.
Quiero ser alguien.

Quiero ser.

De filosofías de la vida o verdades que no gustan

Leo en internet una frase que me para en seco unos segundos:

La leo, y mi primera reacción es negar con la cabeza y decirme a mí misma "qué cínico, vaya manera de ir por la vida", aunque últimamente me ha dado por pensar que no entiendo el significado de "cínico" y que la mayoría de las veces es una palabra que se usa tan mal como "demagogia". Miro en mi interior, y trato de pensar en alguna ocasión en la que esta frase haya descrito alguna de mis acciones. Miro, busco y rebusco, y no encuentro un momento en el que pueda decir "sí, ahí fui mala, ahí fui a hacer daño a posta, por venganza o por odio". Alguna mala respuesta, algún mal gesto, pero más por salvarme yo de un mal rato que por herir a los demás. Y luego recuerdo esos gestos de bondad que hice sin pensar, esos detalles que nadie me pidió y nadie me agradeció, esos momentos en los que quise ser buena persona y pasé desapercibida. O peor, recuerdo querer ser buena persona y recibir solo una hostia (figurada o no tan figurada) del otro lado, porque hay gente que entiende la bondad como debilidad y una brillante ocasión para aprovecharse de una. 

Así que, si he de ser sincera, sí, me he arrepentido de ser buena persona, pero creo que nunca podría ser una hija de puta (primero porque odio la expresión, tan rematadamente sexista como es). Hay una gran gama de grises entre estos dos extremos, y creo que la mayoría de las personas estamos en ese término medio. Rara vez me salgo de mi camino para ayudar a alguien que no me lo pide, y en determinadas ocasiones quizás eso sea ser una hija de puta (si pasas de largo cuando alguien se cae de bruces en la calle, por ejemplo). Pero creo que la mayoría del tiempo soy simplemente egocéntrica, demasiado preocupada por mi propia vida y mis propios problemas para ocuparme de los demás. Ni buena ni mala persona, simplemente una más. Alguien a quien quizás le gustaría ser mejor persona, preocuparse más de los demás, pero que ha recibido demasiados plantes en la vida como para ser buena persona con cualquiera. 

Al menos puedo decir que nunca le he puesto la zancadilla a nadie, metafórica o literalmente (bueno, literalmente alguna que otra cuando era cría). No todo el mundo puede decir eso. Y sí, seguro que hay más de uno que lee esta entrada y piensa "qué cínica, mírala, se cree mejor que los demás". Pero como ya ha quedado claro que no entiendo muy bien esa palabra y pensar mal es un derecho, una se queda tan tranquila siendo como es. Ahora que hagan otros la lectura interior. Más de uno y más de una se llevará un buen susto.

Nieve




No me gusta la nieve. La nieve significa frío, problemas en las carreteras, calles sucias cuando el manto blanco se convierte en negro por arte y gracia de la polución, niños y niñas insoportables porque la nieve les altera el carácter, charcos, patinazos, heladas. Sé que estoy sola en mi odio contra la nieve, pero qué le vamos a hacer. Mi padre olía la nieve. Yo la intuyo, y puedo decir el día anterior si al día siguiente va a nevar o no solo con mirar al cielo (aún así, hoy me han sorprendido los tejados blancos). No me gusta la nieve. La nieve altera el orden, y yo soy de piñón fijo y rutinas de acero.

Pero me gustan los días en los que nieva. Las nubes dejan paso al sol a intervalos más o menos largos, y es un sol que alumbra más por el contraste con las nubes que lo rodean y el blanco del suelo. Hace frío, pero es un frío limpio, de los que cura los catarros (o eso dice mi madre), un frío que aclara ideas. Año de nieves año de bienes, dice el refrán; yo digo que año de buen verano, porque si no nieva en invierno lo hará en primavera, y volverá a pasarnos como este año en el que el verano ha llegado en septiembre.

No me gusta la nieve, pero me gusta el cielo de nieve. Me gusta que un niño venga y me diga que es la primera vez que ve nevar (es del sur y el año pasado no cayó ni un copo). Me gusta ver a críos jugando a cazar copos con la lengua. La nieve es para los niños y las niñas, y yo hace tiempo que dejé de serlo (bueno, depende en qué sentido). No me gusta la nieve. Por suerte, al clima de Vitoria le trae al pairo lo que yo opine y aquí nieva cuando toca. Porque si no me hacen caso las criaturitas de cinco años, de qué me va a escuchar la nube que surcan el cielo.

2015


Empieza el año, y ya empieza mal. Lo que ha pasado en Francia nos ha hecho salir de las festividades y volver a la realidad de la vida de golpe y porrazo, sin medias tintas, como aquel que quita el esparadrapo de la herida de un tirón y sin avisar. Siempre empezamos enero con la esperanza de que el año que empieza vaya a ser mejor que el anterior, pero la vida pronto nos pone en nuestro sitio. Que nosotros y nosotras hayamos puesto una fecha en el calendario para que todo empiece de cero no significa que el Mundo nos vaya a hacer caso. Uno de enero o trece de abril, la vida sigue. Y la vida es muy perra.

Yo he empezado el año optimista. Lo empecé en el extranjero, viendo las doce en una pantalla gigante con la puerta de Brandemburgo de fondo (en la pantalla del pub del hotel, se entiende; hacía demasiado frío y me daba una pereza inmensa aventurarme entre el millón de personas que abarrotaban la puerta). He empezado el año conociendo gente estupenda, haciendo lo que puede que sean amistades nuevas si mantenemos el contacto y la ilusión por conocernos; he empezado con ganas de viajar, de conocer mundo, de ver por fin en vivo esos sitios que solo veo en fotografías y que están en mi interminable lista de "sitios por visitar antes de morir" (porque después iba a ser más difícil). En resumen, he empezado bien el año. Yo. Porque el mundo parece que se ha descarrilado un poco de la vía de la fraternidad y la armonía y nos va a costar volver al camino. Espero que no sea mucho. Espero que sea un caso aislado. Espero que para cuando acabe el mes todos y todas volvamos a ser lo más felices posible en la tranquilidad de nuestra vida común y corriente. Espero.

Feliz año a todos y a todas. Urte berri on.