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De exámenes, o cómo perder la cabeza cuatro veces por trimestre.


Todos los años por estas fechas, y ya van siete, me estreso. A mis treinta y ocho años, con todas mis obligaciones académicas cumplidas y todos los títulos necesarios para ejercer mi profesión, estoy de exámenes. Como una adolescente. Solo a mí se me ocurre meterme a estudiar una carrera y dedicarme a ello en cuerpo y alma, así, a lo bestia, sin darme tregua y con la intención de sacar todas las asignaturas de las que me matriculo. Que podía matricularme de una o dos, pero no: cinco en un año. Y claro, llegan los exámenes y me estreso.

Algunos salen bien casi sin esfuerzo. Si la asignatura es literatura y he tenido que leer varias novelas u obras cortas para sacarla, el examen suele ser sencillo porque puedes aplicar la teoría a lo que has leído. Lo malo viene cuando tienes que aprenderte todo de memoria, sin textos a los que aplicarlos. No me gusta estudiar de memoria, la tengo muy mala. Se me olvida lo que me dicen de un minuto a otro. Se me olvida hasta lo que estaba escribiendo si me salgo un poco del tema, lo mío con la memoria es horrible, es un milagro que recuerde mi dirección y mi teléfono (que me costó años aprender, por cierto; el número de teléfono, no la dirección. Por suerte, nunca me he olvidado de dónde vivo. ¿Te imaginas? Sería unas risas. "Oiga, agente, me he perdido, se me ha olvidado mi dirección. Sé que empezaba por 'calle', pero del resto no me acuerdo. Llame a mi madre, haga el favor").

¿De qué hablaba? Ah, sí, los exámenes. Ayer me examiné de uno de esos que requieren mucha memoria. Literatura clásica griega, para más señas. Nos han hecho leer dos obras cortas, una de ellas escrita por un hombre que vivió mucho más tarde de la época que hemos estudiado, y nos hemos tenido que aprender la vida y milagros de al menos una veintena de autores. Es lo que pasa cuando estudias una filología, sí, pero lo malo no es eso. Lo malo eran los nombres. Desde Hecateo de Mileto hasta Aristófanes, pasando por Alcmán o Tucídides, no había forma humana de quedarme con los nombres de todos. ¿Cómo voy a aprender nada de su estilo si confundo a Heródoto con Hecateo? ¿No podían llamarse Pepe, Juan y Manolo? O, en su defecto, Mike, Charlie y Preston, que esto es filología inglesa. Lo peor es que sé que tengo que agradecer a mi libro que los nombres no vinieran en griego original. Y tengo que agradecer a los profesores que las preguntas no versaran sobre los dioses del Olimpo, que vaya cacao me hago con Afrodita, Venus y Apolo (estos son los guapos, ¿no?). El libro, todo hay que decirlo, no estaba mal del todo, estaba bien organizado y se estudiaba bien. Bueno, no digamos tanto, porque se pasa trescientas páginas hablando de la "historia de los hombres" y el "destino de los hombres", que parece que en Grecia no había mujeres ni personas a secas, y utiliza la palabra "empero" (que no había visto utilizada nunca en un texto que no fuera de Martes y Trece) casi en cada página.

Lo importante es que creo que he aprobado. Ahora solo me quedan dos exámenes (más los de junio, pero quién los cuenta), uno de los cuales es sobre la historia de la lengua inglesa. Que digo yo, por qué le llaman inglés cuando quieren decir alemán, pero bueno, supongo que es una manera de legitimizar que el inglés es una de las lenguas modernas más antiguas de Europa, y ya sabemos que en cuestión de poderío todo vale. Así que allá voy, a estudiarme las declinaciones y el orden de las familias germánicas, a ver si consigo ser licenciada en junio en lugar de tener que esperar a septiembre, como parece ser que ocurre con esta asignatura. Me despediría en inglés antiguo, pero el examen es la semana que viene y, como buena estudiante, lo voy dejando todo para el final y no tengo muy claro ni de qué va la asignatura.

God be with you.

Defínete en dos palabras


Feminista gafapasta (la de la foto no soy yo).

¿Y tú?

Cambios

En el día de hoy anuncio que:
1. Voy a dejar de escribir. Estoy hasta el moño de pelearme conmigo misma todos los días. Ya no me gusta. Me rindo. A partir de ahora dedicaré mis horas libres a hacer calceta y punto de cruz.
2. Reniego de Alan Rickman. Me parece un viejo insoportable que ha llegado a donde está sólo porque de niño se le atascó la mandíbula y aprendió a hablar sin mover los labios. A partir de ahora sólo veré películas americanas con mucha violencia, mucho sexo y final feliz.
3. Soy de derechas y españolista. De mayor quiero ser como Esperanza Aguirre. Me pone Rajoy. Si fuera hombre, me dejaría un bigotillo como el de Aznar (como no lo soy, me lo quito con láser).
4. Como soy una débil mujer, voy a buscarme un marido que me cuide y me quite de trabajar para no ocupar un puesto laboral que le corresponde a un hombre. He decidido que voy a tener al menos cinco hijos y voy a dedicar el resto de mis días a cuidar y mimar de mi familia, sin más aliciente que los quince días en Benidorm en agosto.
5. Pienso que la homosexualidad es una enfermedad, el aborto una aberración y el divorcio contra natura, que Rouco Varela debería ser santificado en vida y que el papa es el hombre más divino del mundo. Creo en Jesús y a partir de ahora voy a ir a misa todos los días. A todas las misas.
6. Creo que tienes mucho tiempo libre y deberías estar haciendo cosas más interesantes que leer la mierda que escribo aquí de vez en cuando.

(ay, inocente, inocente...)

Plantar un árbol

Plantó un árbol, pero una tormenta se lo llevó a los dos meses. Nunca llegó a ser un árbol adulto.

Tuvo un hijo que la llenó de alegría, pero el niño murió a los diez años a causa de un macabro accidente con un enchufe mal pelado. Ya era demasiado mayor para tener más hijos.

Escribió un libro y lo publicó, pero lo leyeron diez personas. Nunca vio su nombre impreso en la sección de novedades literarias de ningún periódico.

Intentó suicidarse, y eso le salió bien a la primera. Por fin algo de lo que sentirse orgullosa.

Carmesí

Palabra que me saca de quicio: carmesí.
¿Quién llama al rojo carmesí?
Y que no me venga nadie diciendo que no es rojo, que es otro tono distinto. Carmesí es rojo, igual que el bermellón. La sangre es roja. Si quieres decir rojo, di rojo. Carmesí. Qué chorrada.
Hay que ser hortera, leche.

Descubre el error

Reunión de becinos el viernes, 11 de septiembre, a las 8 de la tarde. Temas a tratar: limpieza de escalera y hotros.

¿Alguien lo ha descubierto? ¿Alguien lo ha visto? ¡Sí! ¡Exacto!

¡¿A QUIÉN PUÑETAS SE LE OCURRE PONER UNA REUNIÓN DE VECINOS UN VIERNES A LAS OCHO DE LA TARDE?!