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Cosas que los anuncios de la tele me han enseñado


Dicen que la tele es una caja tonta, pero qué va, la tele enseña mucho, mucho, mucho. Y no hablo sólo de Pepa Pig o de Barrio Sésamo, que también, sino de esos pequeños documentales que nos muestran la vida tal y como es en cada pausa publicitaria: los anuncios. Teniendo en cuenta que al cabo del día una persona que ve la tele ve más anuncios que cualquier otro programa, los mensajes que nos dan en esos veinte minutos terminan quedándose en nuestro subconsciente más que cualquiera de los rollos que tienen los de Anatomía de Grey, así que me ha dado por hacer una pequeña lista de las cosas que he ido aprendiendo con los años: 
—Los hombres nunca se estriñen. Las únicas personas que compran yogures con fibra, cereales con fibra o cualquier cosa que les ayude a ir al baño son mujeres. Los hombres no. Tampoco sufren de hemorroides, por lo que parece.
–No existen los hombres gordos. Las mujeres gordas tampoco, pero ellas, por muy delgadas que estén, siempre quieren adelgazar. Ellos no, ellos nunca; ellos se limitan a verte pasar después de haber hecho una dieta a base de comer solo cereales y sonríen, pero adelgazar no, ellos nunca. 
—Si eres madre y tienes un hijo (un chico, se entiende), prepárate para que el nene te venga hasta las cejas de barro, sangre, pintura y sustancias sospechosas en la ropa. Para eliminarlas necesitarás de la ayuda de un extraño ser del futuro que vendrá con las cejas teñidas de blanco, o quizás el consejo de tu suegra. Si lo que tienes es una hija, tranquila: cuando llegues a casa, ella y su padre te habrán hecho la cena (de sobre, eso sí). O, en su defecto, ella jugará contigo en la cocina para hacer postres de Helly Kitty. Pero tranquila por las manchas de grasa, que las chicas ni ensucian ni se ensucian. 
—Las colonias para hombres convierten a las mujeres en objetos, a veces incluso las pintan de color dorado. Cuanto más cara sea la colonia en cuestión, más buenorra estará la tía que te pilles, que caerá rendida a tus pies en cuanto chasquees los dedos. Estará al lado del coche deportivo, busca bien. 


—La mayor preocupación de una mujer, muy por encima del bienestar de sus hijos, la crisis, su carrera o cualquier otro tema que agobia a los hombres, es que su familia vaya limpia y que sus hijos coman calcio. “Ellos se alimentan bien y yo estoy tranquila”. Porque, como todo el mundo sabe, las madres no comen. 
—Las lavadoras y los lavavajillas son máquinas tan complejas y misteriosas que ninguno de los hombres que salen de “atrezzo” en los anuncios saben usarlos. A no ser que el anuncio tenga por protagonista a un hombre soltero; entonces vendrá su madre a explicarle cómo funciona la lavadora y qué detergente usaba ella para quitarle las manchas esas con las que venía siempre cubierto.
—Las mujeres son incapaces de conducir un coche más grande que un Corsa. En caso de que el coche sea de una marca alemana de cierto tamaño, el único capaz de manejar semejante bestia es el hombre. Siempre y cuando no sea un monovolumen para llevar a los niños al colegio, porque entonces sí, entonces nosotras también podemos. 
—Eso de que la mujer trabaja fuera de casa es un bulo creado por machorras feministas. Si algo me han enseñado los anuncios es que todas las mujeres son amas de casa y están obsesionadas por cagar, limpiar la ropa de su familia y la casa, adelgazar y dejar en feo a su suegra (o a su nuera, esto depende del anuncio). Y, por lo que parece, tienen toda la intención de que sus hijas sigan el mismo camino que ellas. 
Jo, para que luego digan que la tele no instruye. Anda que no he aprendido yo en el cuarto de hora que he sacado boli y cuaderno para tomar apuntes con los que nutrir esta entrada...

De misóginos y otras cuitas

Anita Sarkeesian es una feminista que mantiene un blog (quizás sería mejor decir "vlog") donde habla sobre la misoginia en la cultura popular, ya sea en películas, series de televisión, libros, video juegos y demás. Suele hacer unos vídeos estupendos sobre clichés que se dan en televisión, o denuncia determinadas tendencias en películas contemporáneas, no solo sobre el papel de la mujer sino también en cuestión de estereotipos raciales; su vídeo sobre el papel de las mujeres en las películas galardonadas con un Óscar es de, ejém, Óscar. Yo la encontré por casualidad porque alguien puso un vídeo suyo en Facebook y en seguida me enganché. El noventa por ciento de las veces estoy de acuerdo con ella, aunque también ha habido veces en las que creo que su mirada anglo-centrista la ha traicionado (yo también creo que usamos el lenguaje de forma machista, pero cuando se refiere a la palabra "humanity" como machista porque tiene la raíz "man" en ella, quiero gritar). Aún así, Anita siempre razona sus respuestas, hace una gran labor de investigación y, lo que es más raro todavía, lo hace completamente gratis. Por amor al arte, que se dice.

(Los subtítulos al castellano de este vídeo son míos, ji, ji, ji.)

Estos días, Anita ha cometido el "grave error" de meterse con los estereotipos sexistas en el mundo de los videojuegos, que a ella le encantan. De hecho, ni siquiera ha empezado todavía a hacer el vídeo de denuncia, sino que ha puesto una petición en Kickstarter (una de esas cuentas en las que la gente dona dinero para tus proyectos) para poder hacerlo. Decir que se le han echado al cuello es poco. Los ataques que está recibiendo son tan bestiales y desproporcionados, tan exagerados, tan violentos, que cualquiera diría que, no sé, ha amenazado el orden mundial con sus ideas. No entiendo de dónde viene tanto odio. No entiendo cómo una mujer sin ningún poder en absoluto puede crear un resentimiento tan fuerte. En ningún momento, en ninguno de sus vídeos, ha insultado Anita a nadie, así que los insultos que ella recibe chocan aún más por su sin sentido. Y lo de que la gente le siga en Youtube o en su blog solo para insultarla es algo que se me escapa. Si no te gusta lo que estás leyendo, ¿por qué lo haces? Si no estás de acuerdo con ella y te violentan sus opiniones (siendo como son inofensivas, porque, repito, esta mujer no tiene ningún poder, no es Oprah), ¿por qué te quedas? ¿Por qué escuchas? ¿Por qué insultas escondido en la penumbra del anonimato que da Internet? Sé valiente y haz tú un vídeo revocando (con argumentos) lo que ella dice, y entonces quizás tu opinión valga un céntimo.

Sé, o quiero pensar, que el número de ataques que ha sufrido Anita no es ni mucho menos una muestra del tipo de gente que hay ahí fuera; sé que los que destilan tanto odio tienen algún tipo de problema (no ya con las mujeres, sino así, en general), y que el anonimato de la red facilita las faltas de respeto. Aún así, me da mucha rabia, pena y una terrible impotencia que alguien que no hace más que dar su opinión reciba semejante paliza virtual, y algunos de los comentarios que he leído me dan verdadero pavor. Os dejo un par de joyas traducidas, para que os hagáis una idea:

"Espero que cojas un cáncer".

"Que os follen, jodidas feministas, ya tenéis igualdad. De hecho, lo tenéis mejor que la mayoría de los hombres, alégrate de lo que tienes, zorra. Y si quieres igualdad, así hablamos a los hombres también, así que que te jodan, maricón... digo lesbiana."

"Vuelve a la cocina y si no te gusta, haz tus propios video juegos".

Uno de mis favoritos (y más peligrosos):

"Esta mujer tiene ascendencia judía. Mis bases: fenotipo facial, especialmente ojos y boca, la nariz es secundaria. Curioso, Rosa Luxemburgo también era judía, Emma G. también, todas feministas. La crítica teórica fomenta la destrucción de la cultura occidental (también se ha extendido a Japón, Africa del Norte y partes del oeste asiático). Es una enemiga de Occidente, una traidora al país en el que vive".

Podría seguir, pero me hierve la sangre.

Espero que el post sirva para ayuda a Anita y darla a conocer, aunque solo sea a una persona. A mí personalmente me encanta, y aunque no fuera así tampoco me gustaría que se metieran con ella de la forma en que lo hacen. Si tienes una opinión distinta, exponla, pero no insultes. Y si el dueño o dueña del blog insulta u ofende, denuncia. Así de fácil.

PD: No veáis lo difícil que se me ha hecho escribir este post sin insultar a nadie...

La individua

Estoy esperando a que el semáforo se ponga en verde y me fijo en un coche que no ha salido disparado en cuanto el disco ha cambiado, con las luces de emergencia dadas y en mitad del carril. Dentro, una mujer con cara de agobio habla por teléfono mientras intenta arrancar el coche, que no obedece. Deja el teléfono, vuelve a intentarlo, pero nada. Coge una carpeta, saca varios papeles, trata de arrancar otra vez, vuelve a coger el móvil. A su alrededor, los coches pasan zumbando, pero nadie le pita. Está claro que es una avería.

Menos para el listo de sesentón que se pone a mi lado. Es ver a la mujer en el coche y empezar a despotricar a voz en grito, aunque va solo y no habla para nadie en particular.

-Mírala, hablando por el móvil, ahí parada. Pero será imbécil, hay que ser imbécil. Joder con la individua, la que está montando. Dios, qué asco, si es que...

Yo abro la boca, y a punto estoy de decir algo, pero en ese momento la mujer trata de arrancar otra vez y el hombre se da cuenta de que no lo ha hecho a posta. Aún así, el muy óngase adjetivo aquí] mueve la cabeza de un lado a otro y mira el coche con una expresión de "mujer tenías que ser, hay que ver" que me da náuseas.

Y entonces el semáforo cambia, y yo acelero para alejarme del individuo antes de soltarle lo que estoy pensando, porque uno de mis alumnos está a mi lado y tampoco es cuestión de pegarme con un jubilado por defender el honor de las mujeres al volante.

Talibán feminazi

Pues resulta que estaba yo toda aburrida en el hospital el otro día (ya le han dado de alta, todo bien, gracias) y se me ocurrió leer un articulillo de Pérez Reverte en la revista que acompaña a El Correo los sábados o domingos. Hablaba de tontos, de tontos del haba, de tontos españoles y castizos, y me estaba haciendo gracia, hasta que llegué a una frase que me mosqueó: "para que no se ofendan los talibanes feminazis, tontos y tontas". Me descolocó. De la sonrisa de mi cara, pasé a expresión de mosqueo.

De ahí en adelante, el artículo fue cuesta abajo y terminé con las manos cerradas con tanta fuerza alrededor de la revista que me dolían los nudillos. Según el personajillo este -porque me niego a llamar señor a un hombre que insulta con tanta libertad-, todos aquellos que nos esforzamos en hablar un lenguaje no sexista en la medida de lo posible somos, como mínimo, tontos del haba, cuando no talibanes feminazis (perdonad la redundancia, pero es que estoy tan alucinada con el término que no puedo dejar de utilizarlo). O sea, que el que yo me esfuerce en decir "la médica de cabecera" en lugar del gramaticalmente incorrecto "la médico de cabecera" es ser tonta del haba. Que yo diga "hecho por el ser humano" en lugar de "hecho por el hombre" me convierte en talibán. Qué ironía, encima, que utilice como insulto una palabra que representa vejación de derechos para las mujeres, violencia gratuita contra ellas, anulación de la personalidad y un largo etcétera de barbaridades contra más de la mitad de la humanidad. Qué valor el suyo al tacharnos de nazis, cuando precisamente los jefazos máximos de campos de concentración y demás barbaridades hechas por los nazis eran hombres (¿alguien podría mencionar a una mujer envuelta en ese tema?, seguro que las hay, pero yo no estoy muy puesta).

Este personajillo insulso, este tonto del haba, parece olvidarse de que todavía hay en España (y no digamos en Afganistán y países similares) mujeres sin derechos sólo por ser mujeres, mujeres que cobran menos, mujeres apaleadas, mujeres a las que se les ha hecho creer que son inferiores por haber nacido con tetas. Por supuesto que en España las mujeres viven mejor que en otros sitios, pero no es gracias a talibanes machinazis como el autor de este artículo; quizás a él no le parezca importante que el lenguaje no sea sexista, pero a mí me parece fundamental porque me siento excluida en mi propio idioma. Si hay una opción que incluye a ambos sexos, ¿por qué no usarla? Sí, puede que haya cosas más importantes en el mundo por las que preocuparse, pero lo mismo dijeron los hombres del siglo dieciocho cuando las mujeres empezaron a exigir sus derechos: asentemos primero el de los hombres (los machos, se entiende) y luego ya nos preocuparemos de vosotras. No me da la gana. Somos importantes. Sin nosotras, ellos no existirían (vale, y nosotras sin ellos tampoco, pero me entendéis). Exijo que se diga médica, que se diga "la fotógrafa" y no "la fotógrafo", como leí el otro día, que se nos tenga en cuenta en el lenguaje, que no se masculinice. La mujer está avanzando mucho más rápido que la sociedad y eso se nota en el lenguaje, que se ha quedado anticuado y machista. Actualicémoslo. Pongámonos al día.

Y si esto me convierte en una talibán feminazi (¿no os pone los pelos de punta el término?), que así sea. Y a mucha honra, oiga.

En la pelu

El otro día hice un test en Facebook que me dijo que tengo mi lado femenino muy desarrollado, así que hoy he decidido hacer algo muy de chicas y me he ido a la peluquería. Como andaban muy justos de personal y había que esperar mucho, me he entretenido leyendo revistas; he evitado la Cosmo al principio, pero luego me han sentado para que calara el tin... o sea, el baño de color (que yo canas las justas, oiga) y me han acercado la maldita revista.

Odio la Cosmopolitan. Parece mentira que sea una revista hecha por mujeres para mujeres. En la hora que habré estado leyendo, se me ha bajado la autoestima a los pies. Necesito exfoliar todo mi cuerpo (a punto he estado de copiar las recetas de los exfoliantes caseros, pero no tenía boli a mano), y empezar a usar pero ya mismo crema antienvejecimiento-antiarrugas-antiflacidez, o a estas alturas, pasarme directamente al botox. No tengo pareja, pero visto lo sorprendida que me he quedado con su artículo "sorpréndele en la cama" o similar, no sabría satisfacerle en lo más mínimo. Tengo que empezar a visitar eventos culturales para ver si pillo a maromos buenorros intelectualoides, que deben abundar en los museos y en las exposiciones de fotografía. He de hacer la dieta Atkins, o la zona, o una cuyo nombre no recuerdo pero no te permite comer más que cosas verdes. No voy a suficientes conciertos. No presto suficiente atención a la cantidad de arrugas que tiene mi ropa. No me expongo lo suficiente para cazar a un buen partido. Eso sí: sé cargar la batería del coche (el único artículo útil en toda la revista, aunque insultante, porque nosotras también podemos entender de mecánica, no va en el cromosoma Y). Pero no tengo pinzas para hacer el puente, así que necesito parar a un tío buenorro para que me las preste. La cosa es pillar cacho quieras o no.

He salido deprimida de la peluquería. Monísima con mi corte nuevo, pero deprimida. El test ese debía estar mal, porque yo de femenina tengo poco, o al menos de Chica Cosmo. No me extraña que haya bulímicas. No me extraña que haya mujeres a las que sólo les preocupe su físico. El mercado está lleno de revistas donde lo único importante parece ser acertar con el bikini que mejor te siente y cazar al mejor partido posible. Claro que, para demostrar lo bien que te puede sentar el bikini de marras, te ponen a una modelo de cuarenta y cinco kilos que no ha visto un bistec en condiciones más que en fotografías al lado de un maromo de esos que sólo salen en las revistas y llevan más maquillaje que Rociíto el día de su boda. Muy realista, vamos.

Reivindico revistas de mecánica en la peluquería. Revistas de divulgación científica, de decoración, de arquitectura. O cómics. O tebeos. Pero no más Cosmos. Por favor, peluqueros del mundo, tened compasión. Por todas las mujeres a las que no les importa no llevar tacón a trabajar. Por todas aquellas a las que no les importa pillar cacho en la gasolinera, sino echar gasolina. Porque una mujer es más que un culo y unas buenas tetas.

Porque nosotras lo valemos.

Bofetadas

Vale, sí, lo admito, soy feminista, y a veces un poco más radical de lo que a la gente le gustaría. Abogo por un lenguaje que no discrimine, veo ataques machistas en todas partes, me siento marginada cuando en un grupo de seis en el que hay un solo hombre se nos saluda con un "hola a todos". Soy así, qué le vamos a hacer. También tengo acné y lo llevo lo mejor que puedo.

Pero tengo que aclarar que mi feminismo no es un machismo llevado al otro extremo. Yo no creo que los hombres sean inferiores a las mujeres, que se les deba mermar sus derechos en favor de los nuestros o que nos deban algo. No quiero que nadie me regale nada, simplemente que no se me trate con condescendencia y no se me quite nada que merezco, igual que no quiero que me den nada que no merezca. Claro que habrá gente que opine que yo creo que las mujeres merecen mucho más de lo que en realidad merecemos, y ahí empezarán nuestras diferencias y nuestras discusiones sobre lo que es "ser justo" y lo que es "pedir demasiado". Una de las coletillas que más me revientan es "con las cosas que pasan en el mundo, ¿a quién le importa que se diga médico o médica?" Pues a mí, oiga. También hay miles de personas muriéndose de hambre en el mundo, pero cada uno se preocupa por su hipoteca. ¿O no?

Me estoy yendo por las ramas. A lo que venía yo hoy era a hacer un análisis de las imágenes que estoy viendo cada vez más últimamente, las bofetadas de mujeres a hombres. Hoy en día nadie se atrevería a poner una bofetada como esas que le daban a Greta Garbo en una película, faltaría más, pero al revés parece que sí se puede. Ahí estaba yo, viendo una película de lo más soso e inocente, cuando de repente una chica menudita y muy poquita cosa le suelta un guantazo a un tío que le sacaba tres cabezas porque sí, sin venir a cuento. El chico, por supuesto, no respondió. La mayoría de esas escenas terminan con la chica marchándose muy digna y con la cabeza muy alta, y con el chico acariciándose la mejilla con cara de qué habré hecho yo para merecer semejante guarrazo. Os suenan, ¿no? Aquí suele venir el comentario colectivo que sueltan muchas de ellas, un "qué bien le está" o similar.

Pues me llamaréis exagerada, pero a mí esto me parece un signo de machismo implícito. Y lo más triste es que viene de nosotras mismas.

Nos siguen poniendo como el sexo débil. Nos siguen retratando como la mujer que puede abofetear a alguien mucho más fuerte que ella porque sabe que él no le va a devolver el sopapo, porque sabe que él piensa que pegar a una chica está mal. Soy más débil, soy más indefensa, por eso estarías abusando. ¿Y no está ella abusando de su debilidad? Una chica jamás pegaría a otra chica si sabe que ésta es más fuerte que ella. ¿Por qué? Porque le va a devolver la bofetada y la va a dejar en el sitio. Pero se puede pegar a un hombre de metro ochenta y saber que no te va a tocar un pelo. Por una vez, aquí el héroe es él y la machista ella. Si le devolviera el golpe, él sería un cobarde, pero como sólo lo recibe se queda en sufridor de una educación machista.

Que un hombre pegue a una mujer es tan cobarde como que una mujer pegue a un hombre. No hay dobles lecturas, no hay doble moral. Las bofetadas tan peliculeras que nos cuelan en las comedias románticas de los sábados por la tarde son violencia, punto. Lo que no quieres para ti, no lo quieras para los demás.

A veces me da la sensación de que hilo demasiado fino y veo ataques donde otros sólo sueltan una carcajada. ¿Me estaré volviendo una exagerada? (Yo sigo pensando que no.)

A vueltas

Lo siento, pero a mí esta viñeta me ofende.



¿Soy la única?

Bibliotecas

Si hay bibliotecas especializadas en ciencias, en ciertos tipos de literatura, en investigación... ¿Por qué no puede haber una especializada en literatura escrita por mujeres? Ojo, que no estamos hablando sólo de novelas o ensayos, sino de cartas, diarios, listas de la compra, notas a los hijos... Si los científicos pueden tener todo el material que necesitan en una sola sala, ¿por qué no va a tenerlo una doctora en literatura que quiera analizar las cartas de Emily Dickinson, esas que nunca se han publicado para el gran público? Por poner un ejemplo entre millones, vamos.
A mí me parece una idea estupenda.

¿Machismo implicito o feminismo extremo?


Hace unas semanas, mi madre y mi hermano me dijeron, no sé a cuento de qué, que yo tenía una habilidad especial para las segundas lecturas de los mensajes más simples, ya fuera en películas, en libros o incluso en anuncios. Yo me quedé un poco perpleja al principio, pero luego me lo tomé como un cumplido. Fíjate, oye, si al final voy a tener una habilidad especial para algo y todo. Tendría que ponerlo en mi currículo: habilidad especial para captar significados secretos. Seguro que me forro.
Pero esta supuesta habilidad mía tiene sus contrapartidas, y una de ellas, la más grande, es que no me deja disfrutar de los mensajes supuestamente simples que nos rodean. Mi mente, en gran medida orientada hacia el mundo femenino y muy sensible a todo lo que ataque a la mujer, capta siempre ataques velados a veces y no tan velados otras en prácticamente todos los ámbitos de mi vida. Como el comentario de un familiar mío que le dijo al médico, cuando éste le indicó que debería llevarse la comida de casa en lugar de comer fuera todos los días, que no iba a obligar a su mujer a levantarse todas las mañanas a las cinco para cocinarle a él. Como el bombardeo incesante de anuncios de detergentes que nos muestran a mujeres cuyo único incentivo en la vida es tener la ropa más blanca que la vecina. Como la rabia que me da que, cuando se anuncia algún nuevo invento adelgazante, sólo saquen a mujeres delgadísimas que supuestamente necesitan perder unos kilos para lucir palmito en la piscina.
Pero estos son los típicos y, aunque me molestan, me molestan mucho menos que el último anuncio de unas famosas gafas de sol, que encima va dirigido a la gente joven. En él se nos muestra a un montón de jóvenes super chachis, saltando alegremente con sus gafas de sol, ellas con minifaldita y vestidas de colegialas (que esto también daría para otro post, porque en ningún momento se ve a un jovenzuelo sin camisa, por poner un ejemplo), ellos super guays con su banda de roqueros que tocan que te cagas, o sea, tojuro. Y al final del anuncio -estéticamente muy bonito, en blanco y negro, a cámara lenta-, se ve a un tío super chachi guay que te cagas de la muerte, con sus gafas que le sientan como un guante, coger a la primera chavala que pasa y a la que no conoce de nada y plantarle un morreo así, porque sí, para después dejarla ahí plantada y marcharse con sonrisa de chulo putas mientras ella le mira embobada.
¿Soy yo, o esto ofende? ¿Me estoy pasando al pensar que, si esto le pasara a cualquier mujer con dos dedos de frente, el tío se quedaría con la marca de los cinco dedos de la mano en la mejilla y las gafas volarían de su nariz? ¿No incita esto a la objetivización de la mujer, desde donde el derecho a plantarle un sopapo, igual que le planto un beso sin pedir permiso, ya es vislumbrable? Yo, personalmente, al chiquito este, por muy bueno que esté, le monto un pollo que se caga y se le caen las gafas de vergüenza en mitad de la calle. ¿Quién se ha creído que es para ir dando morreos a diestro y siniestro? ¿Qué se cree esta marca de gafas que somos las mujeres, un adorno más, como los que antaño ponían en los coches para vender más? ¿Por qué se siguen haciendo anuncios en los que no se tiene muy claro si lo que se vende es un objeto o la mujer que sale en el spot? En serio, ¿nadie más lo ha visto? ¿Soy una exagerada?
Será que tengo la antena de los significados ocultos demasiado bien sintonizada...

Sociedades machistas


A veces creo que soy una exagerada y que le busco cinco patas al gato, por eso la mayoría de las veces me guardo lo que pienso y sólo lo comparto con gente muy cercana a mí, o lo escribo en un diario para desahogarme y lo dejo pasar. Pero hay algo a lo que llevo dando vueltas ya no días, sino más bien años, y es el machismo implícito y explícito de las sociedades modernas. Lo veo en el lenguaje, en los actos de la gente, en las cosas que se dan por hecho, pero sobre todo, en los medios de comunicación. Y últimamente es más exagerado que nunca, cuando tendría que ser al revés: cuanto más avanza la sociedad, menos machismo. ¿No?
Pues no. El último ejemplo lo he tenido con una de esas colecciones por fascículos que se anuncian tanto por televisión. Es un libro de cocina para peques, lo cual no me parece una mala idea porque no está mal saber cocinar (he aquí una que no lo ha hecho nunca y así le va, emancipada pero comiendo en casa de amatxo porque no me sé freír un huevo) y a ciertas edades no es más que un juego. Lo que me revienta, y no sabéis hasta qué punto, es la voz en off: "Aprende a cocinar como mamá e invita a todas tus amiguitas". Y se ve un grupo de niñas, con la madre de fondo, pasándoselo pipa amasando lo que parece una tarta.
Fijaos lo que ha dicho en una sola frase: "Ya sabemos que en tu casa cocina tu madre, porque, trabaje o no trabaje, no va a ser tu padre el que se ponga el delantal. Sabemos que tú quieres ser igual que tu madre y convertirte en ama de casa, independientemente de que vayas a tener una carrera universitaria del copón y medio y dirijas una empresa. Es más, sabemos que, por ser niña, te gusta cocinar, y a todas tus amigas también, y sabemos que no hay ni un sólo chico al que le guste". Vamos, al anuncio de marras sólo le falta decir: "Aprende a cocinar para pescar un buen partido que te mantega y perpetuar así la imagen de la mujer que no sale de la cocina". Y yo me pregunto: ¿anuncios así no deberían estar prohibidos?
Y no es sólo ése, sino los mil millones de anuncios de detergentes en los que el único objetivo de las mujeres que aparecen en ellos es tener la ropa más blanca que la vecina, o esos en los que las mujeres son las responsables de dar el yogur adecuado a sus hijos, o comprar las patatas perfectas para la fiesta mientras el marido ve el partido en la tele,... Parece que alguien no se ha enterado de lo de la liberación de la mujer, o quizás es que no estamos tan liberadas como creemos, al menos no las madres trabajadoras; se han incorporado al trabajo sin dejar ninguna de sus otras obligaciones, y ese no era el trato, creo yo.
En otro post, si tengo ganas y no me caliento demasiado, hablaré del machismo implícito (y explícito) del lenguaje. Luego me llaman feminista -algunos con retintín, como si fuera un insulto, ¡qué tordos!-, pero es que hay cosas que claman al cielo, leñe. ¿Historia del hombre? ¿Qué pasa, que las mujeres tenemos una distinta?