
Aunque soy vasca (y orgullosa de serlo), normalmente no ejerzo. No voy por la calle con el palestino al cuello –no tengo un palestino- ni llevo botas de militar; no bebo txakoli, no me gusta el kalimotxo y no asisto a manifestaciones de ninguna denominación (debo ser la única). Aunque hablo euskera desde los dos años, no suelo utilizarlo fuera del trabajo, y el único símbolo vasco que puede encontrarse en mi casa es una ikurriña que guardo en algún cajón y que sólo saco a pasear cuando voy a ver un partido de baloncesto fuera de Vitoria y un lauburu olvidado en mi joyero que me ponía mucho en California pero no aquí. Vamos, que soy un asco de vasca que cualquiera podría confundir con una españolita media de pro.
Pero el fin de semana pasado, qué pasa pues, fui a una sidrería por primera vez en mi vida, y creedme que no hay nada más vasco que una sidrería. Los únicos que hablábamos en castellano éramos nosotros, aunque una amiga y yo intentamos comunicarnos con los lugareños en euskera y la mujer se volvía loca porque no sabía a quién dirigirse en qué idioma. Pero lo más vasco de todo, lo que define la cultura de la sagardotegi, fue el menú de la sidrería. Insisto, yo nunca había estado en una, así que me pilló de sorpresa.
He aquí la lista del condumio:
Llegada: A la kupela, oye, a ponerse de sidra hasta las orejas antes de cenar.
Primer plato: Tortilla de bacalao (hostia, pues, empezamos ligerito). Nos levantamos a llenar los vasos de sidra, oye, que el bacalao reseca la garganta.
Segundo plato: Bacalao con pimientos (de la tierra, oye). Otro paseito a la kupela.
Tercer plato: Chuletón de buey (porque una cena sin carne, no es cena). ¿Y vamos a comerlo con agua? ¡No, señor! ¡A la kupela, kaben sotz!
Postre: Aunque el típico postre es queso con membrillo y nueces, yo quise ser más vasca que Arzallus y me comí un goxua (más que nada porque el membrillo no me gusta, lo que me quita puntos como vasca, contradictoria soy). Eso sí, el café con sacarina, que el azúcar engorda. Tuvimos que decir adiós a la kupela, la sidra no va bien con el café.
Sobremesa: hora y media de sentada, que luego había que pasar el puerto y no íbamos a echar la cena en el coche.
Vamos, que hoy soy otra persona. Hoy me siento más vasca, más mujer, más pletórica; y no lo digo porque probablemente haya recuperado los dos kilos que había perdido este mes y otro de propina, es que ir de sagardotegi es una experiencia que te cambia la vida. Se la recomiendo a cualquiera que quiera sentirse vasco por unas horas. Eso sí, no es mala idea ayunar un par de días antes y pedir un agua tónica de postre. Vamos, si no eres vasco: yo hasta merendé.
12 comentarios:
Fui al País Vasco un fin de semana, pero era una de esas kedadas de internautas y casi no vimos nada, pero di un paseo por Vitoria y me encantó. Escuchándote he sentido deseos de hacer eso que tú has hecho, comer y beber eso tan rico y sentirme vasca por un tiempo.
Prometo que si decido ir pediré tu consejo para que me indiques los lugares apropiados
Txotx!
Hace poco estuve en Astigarraga, en una sidrería "de las de verdad". O sea de las que hace más frío dentro de fuera. De las sin platos, sin cubiertos, sin servilletas pero con bien de carne, como decimos aquí. A lo máximo que aspiro es a poder algún día, decirme euskaldunberri. En ello estamos. Bostgarren urratsa oraindik...
Muxu handi bat. O sea, beso grande uno.
Vaya vaya, un texto con acento euskera, de verdad que lo escucho a medida que voy leyéndolo. Buen texto, todo sea dicho de paso.
Quiero decirle a Arroba que por lo que veo ella no recuerda que estuvimos un día de ese fin de semana que dice, cenando en una sidrería, en San Sebastián previo paso por Vitoria, tal cual tu lo describes, y una de las cosas del menú era carne de buey vuelta y vuelta. Yo mandé por dos veces al camarero pasarla y los vascos que allí estaban empezaron a mirarme mal. El poste fue membrillo con nueces.
No sé dónde están, pero tengo fotos.
No soy vasco, pero tuve la oportunidad de ir a una sidrería guipuzcoana hace unos años y degusté ese menú. Fíjate que a mí no me gusta el bacalao, pero aquel día me puse morado.
Que gran tierra la tuya. Qué montañas, qué costas, qué lengua, qué gentes.
Somos muchos los que no ejercemos de patriotas o patrioteristas (no sé cual es el término correcto), pero creo que en el caso de los vascos es difícil no hacerlo, porque tierras como esa no hay en el mundo.
Eskerrik Asko
Besos amiga, mía
jajaja
Cómo te has puesto, echa toda una euskalduna!
Yo no soy de comer tanto, aunque reconozco que una sidrería de vez en cuando no está mal.
On egin, maitea!
Porque no has estado en una auténtica comida gallega con marisco, pescado, carne, tazas de ribeiro, filloas, roscón, orujo y sobremesa hasta las ocho de la tarde... Yo, frugal catalán, aprendí pronto de mi familia política y amigos vigueses. Recuerdo también una tarde gloriosa con mi padre en Ondarribia, a base de bacalao, vino, queso viejo y cuajada. Yo tenía entonces catorce años y dormí una siesta descomunal.
Collons y petons.
Jo, Bambino, pues lo siento en el alma, porque en Vitoria capital (como si hubiera otra, oye, qué puta manía tienen los bilbainos de decir eso) no hay sagardotegis típicas, al menos que yo conozca. Aunque si quieres comer a lo vasco y pagar a lo bestia, justo al ladito del hotel tienes el Zaldiaran, el mejor restaurante de Vitoria. Que a usted le aproveche (y le sea leve la factura), siento no poder ser de más ayuda (ya he dicho que yo de vasca ejerzo poco).
Ruth, necesito contactar contigo
mi email:alcatelia@arrakis.es
Astigarraga... La Petritegui.
Cada año me dejo caer por allá, este año, cuando lo haga te aviso antes.
Eres vasca, conozco muchos vascos, todos muy vascos pero ninguno ha ido a una "mani".
Conozco vascos que no saben el euskera y vascos que sí, que lo conocen. Conozco vascos del norte del Pirineo navarrés que su único idioma es el esuskera y conozco otros, de Bilbo, que nada de nada. Pero todos son vascos.
Eso sí... hoy me has desconcertado: Una vasca que no había ido nunca a una sidrería???
La leche!
No sabes cuantas he visitado... te daría envidia.
Ahora estoy invitado a una sociedad de esas, de vascos cocineros y mujeres que miran y se llenan el buche... Haré de mujer, no sé si picarán pero con tal de comer, beber y no cocinar soy capaz de todo.
Un abrazo.
Es madrugada y hasta me ha dado hambre...creo que esta semana santa,si todo sale bien(dedos cruzados),tengo una escapadita a San Sebastián...
pd.La banderita es la del TAU??Bien,salvo por estos lares,lo siento.
Me ha encantado ese toque irónico-patriótico
Muy bueno. Me hiciste feliz unos instantes. Gracias.
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