Siempre he querido ser delgada, algo que, por supuesto, me fue negado. Desde pequeña -tanto que no recuerdo la primera vez que sentí envidia por unos pómulos salientes- he despreciado mi aspecto, he deseado arrancarme los mofletes que todas mis tías pellizcaban con ansia, he soñado con librarme de los odiados michelines que sobresalían siempre por encima de los vaqueros de tiro bajo. Dieta tras dieta, régimen tras régimen, mi cuerpo nunca adquiría la forma que yo deseaba. Siempre había un cúmulo de grasa sobre mis muslos, una capa de piel fofa sobre mi vientre, hoyuelos en una cara demasiado ancha, demasiado gorda, demasiado asquerosa.
Hasta que cumplí los veintisiete y, como en los cuentos de hadas, mi deseo se vio cumplido. Me diagnosticaron la enfermedad de Krhon. Mi cuerpo empezó a no retener nada de lo que comía y poco a poco, la grasa que un metabolismo demasiado lento no había podido quemar empezó a desaparecer. Capa tras capa, rincón tras rincón, fui mermando hasta que incluso mis hoyuelos empequeñecieron. Por fin tenía los pómulos marcados. Por fin un vientre plano. Por fin unos muslos finos que no se rozaran al andar.
Y ahora me encuentro sentada en el sofá de mi casa, diez años después de aquel primer diagnóstico, demasiado débil para moverme. Y sólo puedo fijarme en las fotos de mi yo anterior, mi yo sano, y envidiar aquel rostro que sonreía con timidez, aquel cuerpo perfecto que escondía bajo camisas y jerseys demasiado anchos. Y vuelvo a desear, con todas mis fuerzas, aunque sé que mi hada madrina -o la malvada bruja del oeste- ya se ha ido y mis deseos no son escuchados: hazme gorda de nuevo. Hazme gorda de nuevo. Hazme gorda de nuevo...
10 comentarios:
Cuando uno está sano, suele cometer a menudo la indecencia de desear estar enfermo para satisfacer alguna absurda necesidad.
Asco de sociedad. Asco de cultura.
Excelente historia, amiga. Un abrazo. Tú, por otra parte, estás muy bien como estás.
Hay que tener cuidado con lo que se desea.. porque te lo pueden conceder!
Cuidate!
Me parece una historia estupenda, Ruth!! Como en esto de los relatos nunca se sabe bien qué porción puede haber de realidad o de ficción..., espero que te encuentres bien. Tengo dos primas gemelas con esa enfermedad. Sé un poquillo cómo es...
Un besote enorme!!!
Uy, Lludria, no, es 99 por ciento ficción. Viene a raíz de un corte de digestión que tuve la semana pasada, que me tuvo un par de días sin comer nada y vomitando todo lo que me entraba por la boca; me dio por pensar que si no llego a tener esos kilillos de más de los que siempre nos quejamos todas, habría dado con mis huesos en el hospital con una deshidratación de caballo. Ya siento lo de tus primas, tiene que ser una enfermedad horrible.
Por regla general, los relatos que escribo suelen estar inspirados por hechos ocurridos, aunque luego se convierten en historias que no guardan ningún parecido con el hecho que motivo la historia. Cuando son dramas, el porcentaje es mínimo; si son cómicos, suelen tener algo más.
Un besote a todos y todas.
la magia de los relatos es poder darlos a leer, disfrutarlos con gusto y creer que todo es realidad cuando puede no ser cierto. Ruth, tus relatos tienen esa magia. Y está muy bien que reivindiques de esa forma los "kilillos de más" que muchas odian (y luego agradecen) y a los que muchísimos hombres no tenemos en cuenta.
Besos.
Es un relato que,a primera lectura,pone los pelos de punta...en cuanto al deseo de lo que no tenemos...como dice Maripuchi a veces es absolutamente indecente...
besos
Me alegro de que no estés padeciendo esta enfermedad, Ruth, y mira si escribes bien que creí que... ;)y sí, adr, yo también reniego de mis kilillos de más. Si es que queremos lucir como las portadas de modelos de revistas y ... no, va a ser que somos estupendas, pero no somos diosas :)
Ruth, vaya susto!
me lo habia creido!
hasta ke has empezado a describirte... yo que te veo todos los viernes delante de una buena cerveza y un bocata, te digo que ahora estas mas GUAPA que nunca!
¡Ay, jefa, qué maja! No, mujer, algo así os lo habría contado inmediatamente. Qué salada...
¡Por fin te has decidido a hacer acto de presencia! ¿A que no da tanto miedo?
Muxuak.
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