Fiestas


Las fiestas de Vitoria "solo" duran seis días, pero yo para el tercero ya estoy cansada. Y no es que sea de las que trasnocha, que allá quedaron los tiempos en los que veía amanecer con un chocolate con churros frente a mí, pero hay que salir, y se sale hasta tarde (las dos, las tres, para mí eso es tarde), y luego una se levanta al mediodía sin ganas de hacer nada, sin hambre, cansada. La mañana ha desaparecido, la tarde se pasa entre charangas y música bajo mi ventana y llega la noche otra vez, y los fuegos, y los conciertos.

Me estoy haciendo vieja, o una jodida ermitaña. Solían encantarme las fiestas, sobre todo cuando no podía estar en ellas. Recuerdo el mes de agosto en King City, y la tremenda morriña que me daba pensar que era cuatro de agosto y yo no estaba en la bajada de Celedón. Miraba el programa de fiestas y me mordía hasta los nudillos por perdérmelo todo, muerta de envidia, recordando las verbenas y los bares a rebosar de gente de fuera. Y ahora que estoy aquí, me supone un esfuerzo ir a ver los fuegos.

Estas son las últimas fiestas de un ciclo, quizás sea eso lo que las está haciendo incómodas. El año que viene las viviré de otra manera, no sé si peor o mejor. O quizás no las viva, porque haya decidido marcharme a algún lado. Que es lo que tenía que haber hecho este año de haber podido. Pero no podía. Hubiera sido como huir.

Desvarío. El escenario de debajo de mi casa atrona con las voces de los payasos. Mi calle está llena de niños. Me voy a tomar un café, a ver si termino de despertarme.

3 comentarios:

jose.etxeberria dijo...

Lo mío con las fiestas es parecido, ya voy para cuarenta, pero en cuanto salgo a la calle, escucho las charangas, me tomo tres kalimotxos y veo el ambiente, y eso que voy con mujer he hijo, me tienen que frenar pues me quedaría hasta la muerte.
Yo, es que me dejo llevar...

jose.etxeberria dijo...

¡Ah! ¡Y estamos en Semana Grande!
Si te vienes te hacemos un sitio. ¡En serio!

Tana dijo...

¿Haciéndote vieja? ¿Tú? ¡Noooo! Más bien una "jodida ermitaña" ;)
A veces la valentía está en irse, otras, en quedarse. En todo caso, nada de huídas. No suelen ser buenas. Un abrazo, Ruth. Yo también intento despertarme con el café de esta mañana húmeda y calurosa.