Y es que pasar la aduana de Estados Unidos no es nada fácil, al menos para los hombres, y si ya eres un poco moreno, ni te cuento. Hace tres años sufrimos un ataque de ansiedad por culpa de una tía torda que nos dio una tarjeta de embarque hecha a mano, con la que no nos dejaban pasar en Philadelphia. Este año, un nombre y apellidos demasiado comunes nos dieron lata en San Francisco.
-¿Ha estado usted alguna vez en Estados Unidos?
-No.
-¿Ha pedido alguna vez un visado para trabajar aquí?
-No.
-¿Ha venido usted antes a este país?
-No.
-Tendrá que pasar por inspección secundaria. Seguro que es un error, pero me sale alguien con su mismo nombre que ha pedido visado.
Fueron amables, y nosotros íbamos tranquilos porque sabíamos que no habíamos hecho nada y ellos sabían que era un error. "There must be a lot of tocayos out there", nos dijo el hispano que no hablaba español en la inspección secundaria. Y así fue. Después de preguntar lo mismo media docena de veces, media hora eterna tras un vuelo de doce horas, nos dejaron salir con un "enjoy your trip" al frío de San Francisco. Nos acordamos de la frase de Mark Twain: "El invierno más frío que pasé fue un verano en San Francisco". La madre que parió al pacífico y su brisa.
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