Catarsis

Creo que fue Aristóteles el primero en mencionar la catarsis en literatura, aunque él se refería más al drama y las epopeyas que a las novelas (que no existían como tales en aquel entonces, claro) o la poesía. Me parece recordar que, según él, el teatro tenía que sacar los más bajos instintos de una persona para, de alguna forma, librarle de ellos, salir del teatro renovado y limpio de pecados, por así decirlo. Seguro que es mucho más complejo que todo eso, pero ese es el concepto que a mí se me quedó de su larga perorata, aunque no sé si es el correcto. Da igual. A mí me vale.

La catarsis en literatura se puede dar de dos maneras: como lectora o como escritora. Todos y todas conocemos lo que se siente al ponerte en el pellejo del protagonista de una novela (o del antagonista, que también pasa), ver el mundo a través de sus ojos y perderte en otra vida que no es la tuya durante horas. Creo que es por eso por lo que empecé a leer y estoy convencida de que es por eso por lo que he seguido leyendo. Con los años pierdes un poco la inocencia, ya no basta con que te cuenten una buena historia, necesitas que además esté bien contada, pero básicamente es lo mismo: gran parte del placer de una lectura consiste en la evasión, la catarsis, el vivir otras vidas y "conocer" otras realidades. Es bueno para el alma, entendiendo el alma como aquello que va más allá del cuerpo y la mente, no en un sentido religioso.

Y luego está la catarsis de las escritoras y escritores. Dar salida a tus impulsos más básicos, o, simplemente, poner en boca de un personaje eso que no te atreves a decir tú. Crear un mundo ideal -que no perfecto-, con tus normas y tus condiciones. Hacer, sobre la página, lo que no te atreves a hacer en persona. Las escritoras y escritores suelen ser gente tímida, algo extraños a ojos de los demás, solitarios a veces. No importa; sobre la página son súper héroes, o sufridas amas de casa que terminan dando un sartenazo al marido por coñazo, o empleados de un hombre insoportable a quien le cantan las cuarenta. Todas tenemos mundos imaginarios en la cabeza, pero solo la gente que escribe los hace más cercanos a la realidad. Y no porque sepamos cómo hacerlo, sino porque necesitamos vivir ese mundo, y acaso compartirlo. "Entiéndeme, esto es lo que en realidad quiero ser yo", o al contrario, "he aquí lo que más odio en este mundo y jamás he revelado a nadie".

La literatura es catarsis, liberación, aprendizaje, qué sé yo. De momento, es diversión. Si alguna vez esa diversión desaparece, habré perdido un poco de mí. Espero que nunca llegue ese momento, ni para mí ni para vosotras y vosotros.

1 comentario:

Tanhäuser dijo...

Es evidente que ese momento no llegará.
Una vida es demasiado corta como para renunciar a la maravillosa posibilidad de poder vivir muchas otras a través de los libros.
Abrazotes