Buen karma


Hace unos años, cuando mi padre estaba enfermo, se me metió en la cabeza que quería convertirme en donante. Mi mente racional decía que era una manera de dar a los demás, un gesto altruista que no me costaba nada y que podía salvar vidas; mi mente no racional, esa que cree un poco en la magia, que me hace comprar cartas del Tarot y lee artículos sobre percepción extrasensorial, lo hacía por interés. Todo el que me conoce sabe que no creo en dios, que soy atea convencida y, en cuanto junte las ganas y el interés necesario para ello, apóstata, pero creo firmemente en el karma. Karma is a bitch, que se dice en inglés, y yo quiero tenerlo siempre de mi lado. Por si acaso. En aquel momento, cuando mi padre enfermó, no pude donar porque estaba tomando una medicación extraña que no conocían y me recomendaron que esperara a acabar el tratamiento. Luego mi padre murió y a mí se me pasó el impulso, aunque siempre me quedó tras la oreja el "tengo que hacerme donante". Pero ya sabéis cómo es la vida: siempre hay algo más importante, más divertido o más urgente que hacer. 

Siete años han pasado ya desde aquel primer impulso, y hoy por fin me he acercado al hospital y esta vez me han sacado mi medio litro de sangre. Me ha costado menos de media hora de mi tiempo, y me ha servido de fenómena excusa para meterme dos desayunos en el cuerpo (y saltarme la dieta, y permitirme tomar todo el zumo que me dé la gana, que es importante beber líquidos). Cuando alguien de nuestro entorno tiene un problema de salud, lo primero que sale por nuestra boca es un "si puedo ayudar en algo, no dudes en pedírmelo" que a veces va de corazón y otras se convierte en fórmula (nunca olvidaré cuando nos lo dijo la cajera del supermercado el día que enterramos a mi padre; no me han dicho algo tan falso en la vida). Pero la verdad es que, la mayoría de las veces, no podemos hacer nada, al menos no por esa persona, no en ese momento. Aunque queramos. Simplemente, si no eres médico no puedes echar una mano.

Pero sí puedes ayudar a otras personas (o a esa, de rebote). Gente anónima de quien nunca sabrás nada y a quien habrás hecho un servicio completamente altruista que puede hasta salvarles la vida. Pensar que la bolsa que me han extraído hoy pueda ayudar a alguien me infla un poco, y os parecerá una tontería, pero estoy más contenta que otros días. Me siento bien conmigo misma. He añadido puntos a mi cuenta del karma. Vamos, estoy tan positiva que me falta nada para salir a la calle a rescatar gatitos. Bueno, para eso me falta poco ya de normal, así que hoy ni te cuento. 

Y aunque el karma me ignore, me da igual. He donado sangre, he donado vida. Me siento bien (ni siquiera me he mareado un poquito), he dejado mi marca en el mundo. Y si escribiendo este post consigo que alguno de vosotros/as tome ejemplo, ya lo flipas. Voy a tener la cuenta de puntos kármicos a tope. 

Dona sangre, anda. Dona vida. Merece la pena. 

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