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Diario de un personaje



Lo peor del pasado es ver las cosas que no has hecho. Mirar atrás y recordar lo que no dijiste, lo que no explicaste, las normas que no rompiste. Y saber –porque lo sabes, porque no eres tonta– que ya no hay vuelta atrás y que nunca podrás hacerlo. Que el pasado está a años luz y no hay segundas oportunidades.

El pasado se esconde de nosotras en nuestros recuerdos. Tenemos imágenes en la cabeza, pero no podemos fiarnos de su veracidad. Sus ojos no eran tan azules, ni mi risa tan aguda. Aquel trabajo no era tan grandioso, pero cualquier cosa es mejor que lo que sufres ahora, o eso te parece (pero no es cierto). Las situaciones no cambian, cambiamos nosotras, y así cambiamos a nuestras hijas, que terminan enfrentándose a las mismas situaciones que vivimos nosotras, pero de otra manera. Es un círculo vicioso. No cometas los mismos errores que yo –pero lo hará–, no te dejes ninguna sensación –pero lo hará–, no dejes nada por decir porque te arrepentirás cuando seas mayor –pero lo hará, vaya si lo hará–. Solo nos damos cuenta de la brevedad de la vida después de haberla vivido. Antes nos creíamos invencibles. Ahora sabemos que nacimos derrotadas.

El pasado es pasado, el futuro no ha llegado. Lo que nos queda es el presente. Solo una adolescente sabe vivir el presente. El resto solo sabemos lamentarnos. La putada de ser adulta es la perspectiva que te da la vida. Quién pudiera haber muerto a los veintitrés.

Quizás y gracias

Y fue solo un segundo, pero me miraste, y sonreíste, un segundo, quizás dos, tal vez cinco, porque la mantuviste, tus ojos y tu sonrisa, y yo tonta de mí boba sosa pavisiesa, miré para otro lado, y qué hubiera sido de mí si te hubiera sonreído también. Ya no importa, ha llovido mucho, y sé que es mejor no saber qué significaba aquella sonrisa, porque dentro de mí me queda la seguridad de que, si te hubiera sonreído, tú y yo, quizás, quién sabe, pero si lo supiera, si me dijeras que solo fueron cosas mías, mi yo de quince años de entonces se daría de bruces contra el suelo. Y quizás, quién sabe, lo que son las cosas, es esa mirada y es esa sonrisa que no contesté y que yo creo que significó lo que puede que no significara lo que me dio alas para volar y convertirme en yo hoy y ahora. Y hoy y ahora me quiero mucho. Así que, gracias. Te devolveré la sonrisa la próxima vez que te vea.