El arzobispo de Granada: "Si la mujer aborta, el hombre puede abusar de ella"
Esto lo ha dicho una persona (me niego a llamarle señor) que, para desgracia de todos y todas nosotras, mueve masas, mal que me pese. Esto lo ha dicho alguien hablando desde un púlpito en el que se supone que debería estar predicando amor y perdón. Esto lo ha dicho un hombre que no tiene mujer, ni hijas, ni nietas (supuestamente, claro), así que no tiene ni idea del pánico que puede inundar a una mujer ante un embarazo no deseado. Esto lo ha dicho un ser que todavía vive en el siglo trece y cree que las mujeres solo estamos en este mundo por nuestras capacidades reproductivas y que nuestra única obligación en el mundo es parir con dolor, por lo de Adán y Eva y la manzana, supongo.
Después del shock inicial, que me ha dejado congelada con los dedos sobre las teclas, he pensado en varias cosas:
- ¿Dónde está la policía cuando se la necesita? Basta ya de detener a "indignados", este hombre está haciendo apología de la violencia contra la mujer. Hay gente en la cárcel por mucho menos. ¿A qué viene esta inmunidad religiosa?
- ¿Son todos los curas así o es que solo los más gilipollas llegan a puestos importantes? Supongo que esto será como la política, el que tiene ideales los va perdiendo según va subiendo puestos. Los buenos se quedan en los barrios pobres y se van de misiones, y dicen eso de que Jesús era comunista (con lo que estoy absolutamente de acuerdo).
- Yo, atea convencida, puedo no estar muy al tanto de este tipo de cosas, pero yo creía que la religión cristiana en general y la católica en particular predicaba amor y perdón. Se perdona a asesinos, se perdona a ladrones, pero no se perdona a mujeres que abortan. ¿En serio?
- En relación con el punto número uno: cuando el próximo hombre que mate a su mujer ponga como excusa las palabras de este tipo y diga que su mujer abortó, ¿se podrá meter en la cárcel al arzobispo?
- Al próximo que me diga que el feminismo esté trasnochado, le voy a dar citar este artículo. No, no es una excepción: la Iglesia sigue siendo así. La mujer en la cocina con la pata quebrada. Y punto.
Estoy furiosa. No os podéis imaginar de qué mala leche me ha puesto este titular. Este tío no tiene vergüenza, ni conciencia, ni derecho a hablar en público. Cualquier empresa, pública o privada, le despediría inmediatamente; a no ser, claro está, que esa empresa estuviera dirigida por racistas misóginos pederastas. Uy. Un momento...