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Grafologia


Hace muchos, muchos años (en un reino junto al mar, habitó una señorita... ah, no, que eso es otra cosa) me apunté a un curso de grafología. De hecho, no debería decir "curso", porque era una titulación homologada de siete años de duración (cuatro horas a la semana, no penséis que iba todos los días), pero como al año siguiente me fui a California no pude continuar. Una pena, porque me encantaba; si me llego a quedar, hoy sería grafóloga. Ahora me da pereza volver.
A pesar de lo que pueda parecer, en un año no da mucho tiempo para profundizar mucho en esta área. Nos dieron una visión muy general sobre los aspectos más importantes de la escritura: distancia entre líneas, tamaño de la letra, márgenes, inclinación, dirección de la línea... Yo me pasaba el día buscando textos ajenos y sacándoles hasta las entrañas; descubrí que mi abuela era estreñida (qué "b" más mala, madre), que Pablo Laso lo estaba pasando fatal en Vitoria (había un punto en su firma que le delataba), que Richard Nixon se sentía una mierda, que Franco estuvo enamorado cuando era cabo... Vamos, que me lo pasaba pipa.
Pipa, sí, siempre y cuando estudiara la letra de los demás, porque cuando llegaba a la mía, me obsesionaba. No me gustaba mi M, que delataba un complejo de inferioridad, ni mi A, que era demasiado cerrada y sólo dejaba pasar a los más cercanos a mí. Mi G (todas letras mayúsculas, las minúsculas eran más difíciles de ver y cambiar) era un desastre y, siendo la letra de la sexualidad por excelencia, le tuve que añadir el bucle bajo para no parecer una estrecha. Y ya que cambiaba la G, había que cambiar también la Z, esta tanto en minúscula como en mayúscula. La de El Zorro, con su palito y todo, es pésima, nula imaginación sexual, así que le puse el bucle bajo y empecé a hacer la mayúscula como la minúscula, pero más grande. Las "q" minúsculas perdieron su palito -cualquier elemento que rompa la letra, ya sea el palito de la q, de la z o del siete, es malo- y empecé a unirlas por abajo, sin levantar el boli del papel; en teoría, esto me ha convertido en mejor persona, y la verdad es que duermo mucho mejor por las noches, bendita "qu". La mayúscula, sin embargo, me es imposible cambiar, no me sale. No recuerdo por qué era importante añadirle su parte baja, pero he desistido.
Sigo manteniendo aquellos cambios, y a veces me acuerdo de algún detalle de las clases y me pongo a observar mi letra, por si algún vicio hubiera vuelto a hacer aparición. Después de diez años es difícil recordar lo poco que nos dijeron, pero sí vigilo que mis líneas sean rectas, o, incluso mejor, que vayan un poco hacia arriba; que mis letras se inclinen un poco hacia la derecha; que mis "a" minúsculas no estén cerradas del todo, y que mis "o" no tengan pinchos hacia dentro. Mis "e" han mejorado una barbaridad, y mi "d" y mi "l" tienen lacito (a veces, sólo a veces; los bucles altos son signo de creatividad, y sólo me siento creativa a ratos). Lo que significa que soy abierta, optimista, con las ideas claras y buena persona. Toma ya. Y todo eso lo sé por mi letra. Pena que el resto del mundo no sepa grafología.
El cambio de la G, sin embargo, no me ha servido de mucho, aunque la letra me gusta mucho más ahora. La Z también la he mantenido (menos cuando les escribo notas a los críos en las redacciones, que lo de la imaginación sexual no parece calar muy bien con ellos y no me entienden la letra), por más que esté segura de que mi mente sigue siendo tan calenturienta como antes del cambio. Aunque últimamente me he dado cuenta de que mi "g" minúscula se está desomponiendo y que mi "f" no es la que era. A ver si va a ser eso...