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No es país para zurdos.

Llevo un tiempo fijándome en los alumnos zurdos que tengo en mis clases, que son bastantes. No tengo datos fiables, sólo memoria y muy mala, pero me da la sensación de que ahora hay más niños zurdos que antes. En la época de nuestros padres se les obligaba a escribir con la derecha, pero ya hace tiempo que no se ve nada malo en ser zurdo. Simplemente, son distintos. Y más que en la manera de escribir.

Estas semanas he distinguido dos tipos de zurdos, y ya digo que no dispongo de datos empíricos, sino de simples impresiones. Los primeros son los niños con problemas escolares. En una determinada clase, todos los alumnos y alumnas con serios problemas son zurdos. No estoy diciendo que sean más cortos que los demás -nunca, jamás se oirá de mi boca semejante barbaridad-, pero es bien sabido que la mano que utilizamos para escribir -y usar las tijeras, que no veáis lo difícil que es para un zurdo de seis años cortar con tijeras de diestro- tiene efecto sobre un hemisferio cerebral concreto: la mano derecha sobre el izquierdo, la izquierda sobre el derecho. El hemisferio izquierdo es el del lenguaje, las matemáticas, las reglas en general. El derecho, el del arte, la creatividad, la imaginación. La música y la literatura surgen de una mezcla de ambos. ¿No sería posible que la escuela estuviera enfocada a las características del hemisferio izquierdo y dejara de lado las del derecho? Estos niños y niñas son hiperactivos y tienen un serio déficit de atención. También tienen compañeros diestros con estos problemas, pero los zurdos son mayoría. Repito, me baso en la observación no científica de una profesora con doscientos y pico alumnos, no tengo datos empíricos.

El otro grupo de zurdos es justo lo contrario. Metódicos, perfeccionistas, tienen la mejor letra de toda la clase, buenos dibujantes, formales, obedientes... Obviamente, estos me desestabilizan la teoría. No sé cuál de los dos grupos es el "normal", aunque en la ikastola se dan más de los del primer grupo que de los del segundo. Me ha parecido curioso.

¿Algún zurdo/a por ahí que quiera compartir experiencias? ¿A que no he acertado en nada?

¿Y qué vino en 1975?

Estamos dando historia en sociales. Hemos empezado el libro por detrás para que nos dé tiempo a dar los temas que suelen ser un poco más rollo, y no dejarlos para el final del curso. Estos días hemos mencionado mucho la dictadura, Franco y demás historias. Yo les he comentado a los chavales que nací el mismo año que murió Franco, una semana antes, para ser exactos. Les he asegurado que si recuerdan que en 1975 se acabó la dictadura y nació la mejor profesora del mundo mundial, les subo la nota en el examen.

Hoy estábamos haciendo una línea temporal de repaso. Yo soltaba la chapa en la pizarra y los niños coreaban, con más o menos acierto, las respuestas.

-A ver, ¿qué hubo en 1931?

-La repúúúúública.

-¿Y en 1936?

-La guerra civiiiiiiiil.

-¿Y en el 39?

-La dictaduuuuura.

-¿Y qué llegó en el 75?

Yo esperaba que todos contestaran "la democracia", pero la clase ha gritado:

-¡Ruth!

Del ataque de risa que me ha dado, no he podido seguir con la clase. Eso les pasa por escucharme.

El retorno II




M. es una niña ucraniana de nacimiento y vasca por derecho propio. Fue adoptada cuando tenía un año; apenas pesaba seis kilos entonces, y dice su madre que lo único que hace desde que llegó es comer, aunque todavía sigue siendo una pelusilla diminuta. Es la única de su clase que aún lleva pañal, uno de esos supermodernos que son como braguitas y le permiten ir al baño si se acuerda de que tiene que ir. Su cara está siempre iluminada por una enorme sonrisa, y los ojillos -azules, muy azules- le chipean detrás de unas gafas rosas que la hacen incluso más guapa. Es tan rubia que no puede salir al recreo sin gorra. Es tan pálida que te da la sensación de que se quemaría con la luz de una cerilla. No se le entiende demasiado cuando habla, aunque ella comprende todo lo que se le dice tanto en euskera como en castellano. El año que viene empezará con el inglés. Y espero que la sonrisa no se le borre nunca (ojalá pudiera enseñaros su cara para que supierais que no exagero, pero os tendréis que conformar con su -precioso- cogote).



En otro orden de cosas: ¿a que nunca habíais visto a setenta y cinco niños de tres años en una fila tan recta? Me he quedado alucinada de todo lo que pueden hacer a esa edad, ¡y yo que pensaba que hasta los doce los niños no eran independientes!
Por cierto, el título de esta entrada se debe a que esta semana estoy en la ikastola que -casi- me vio nacer. Me acabo de enterar de que cuando yo empecé era ilegal y nos firmaba las actas y los informes otra que era legal. Oye, lo que aprende una treinta años más tarde.