Mostrando entradas con la etiqueta sexismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sexismo. Mostrar todas las entradas

La Navidad, ¿bien o en familia?

                               
Se acerca la Navidad, y con ella las tan temidas reuniones familiares. Me pregunto por qué insistimos en juntarnos todos por estas fechas cuando no nos vemos el resto del año. ¿No queda claro que no nos aguantamos y preferimos guardar las distancias? Pero no, son fechas para pasarlas en familia y "jartarte" a comer, aunque tu tía te caiga gorda y no te guste el marisco. Ayer una compañera de alemán lo resumió perfectamente: ¿cómo vas a pasar las fiestas, bien o en familia? Pues eso.

El peso de las fiestas suele recaer en las amas de casa, que son las que se pegan la pechada a cocinar y a limpiar la casa para que los cuñados y las cuñadas no tengan nada que reprocharle ni ángulo por el que criticar. Todavía tenemos la costumbre de ir donde nuestros padres y madres a comer, y no importa la edad que tengamos, no importa cuántos pañales hayamos cambiado o el número de deliciosos platos que hayamos conseguido poner en la mesa a lo largo del año, para ellos siempre seremos los niños y niñas a los que hay que atender. Hombre o mujer, es pasar el dintel de la puerta y encontrarte a tu madre trajinando en la cocina con las gambas a la plancha y el cordero al horno. Dependiendo de lo que aprendiste de pequeño/a, ayudarás o no, pero la carga es la del ama de casa. O al menos esa es la visión que tenemos.

El año pasado por estas fechas me compré un pequeño horno eléctrico. Como quería estrenarlo y durante el curso no tenía tiempo, se me antojó hacer una receta sencilla de galletas de mantequilla en Nochebuena, justo antes de darme cuenta de que no tenía ni harina ni mantequilla (viva yo). Bajé al supermercado de al lado, ese al que dejé de entrar hace años porque los precios se habían disparado, y me encontré con mi cajera favorita, una mujer que si se calla parece que se ahoga y no hace más que meter la pata con cada comentario que les hace a los clientes. Recuerdo uno en especial, donde un hombre mayor se había hecho un lío con el detergente que le había mandado comprar la mujer. "Es que no se puede dejar comprar a los hombres, no aciertan una", dijo ella, una vez que el abuelo se había ido, al siguiente cliente. Que resultó ser un hombre de mi edad que estaba haciendo una compra claramente familiar. Por supuesto, no se calló y le soltó algo así como "hombre, tampoco es eso, algunos ya hemos aprendido", a lo que la cajera contestó con una larga perorata sobre hombres de otra época, los de ahora ya han cambiado, blah, blah, blah. La Nochebuena pasada estaba ella en su puesto, digo, en un supermercado desierto a las tres de la tarde, cuando entró un cliente habitual (de nuevo, un hombre joven) que la saludó y le dijo algo así como "qué tranquilos estáis hoy". Ella saltó como un resorte. "Hombre, claro, porque ahora están todas las señoras preparando la comida, pero tú tranquilo, ¿no?, que como irás a mesa puesta..." Al chico le cambió la cara. De la sonrisa que había lucido un momento antes, su cara pasó a un gesto serio. "Y tú qué sabrás", le contestó, tan cortante que la cajera no tuvo réplica. Me cobró en silencio y se marchó sin un buenas tardes a reponer artículos en las baldas.

Todo cambia, supongo, aunque a veces más despacio de lo que nos gustaría. Hay gente que no lo ve, o que no quiere verlo, o que está tan centrada en sus ideas que no tiene intención de cambiarlas aunque todo apunte a que está equivocada. Seguimos con los clichés, hombres o mujeres. Pienso en la cajera, y llego a la conclusión de que, quizás, para ella estas fiestas sean una ocasión de sentirse importante, de cuidar de su familia, y probablemente no quiera perder ese trono. Es el lugar que se daba antes a las mujeres, el que en mayor parte siguen manteniendo. Algunas lo ven como terreno perdido porque los hombres empiezan a participar. Yo lo veo como terreno regalado, porque no creo que haya nada más desagradecido que cocina para trece personas y recoger tú sola, sin más aprecio que "qué rico el cordero". Pero igual soy yo, que soy bastante cínica con las fiestas.

En resumen: Felices Fiestas, Zorionak, Urte Berri On, y todo lo que se diga estos días. Pasadlo bien o en familia, pero pasadlas, que al otro lado del túnel siempre hay luz. Y pensad un poco en la persona que se ha dejado parte del alma para que disfrutéis de la cena y la comida, anda, que bien lo merecen.


                                 

Bienvenidas a esta nuestra comunidad



El otro día tuvimos reunión de vecinos a cuenta de que pronto vamos a empezar las obras para poner el ascensor y cambiar la escalera y el portal. Vino el arquitecto y nos estuvo explicando los últimos detalles sobre accesibilidad durante las obras, acabados, etc. Una vecina hizo hincapié en que el portal tenía que quedar muy bonito; como es muy pequeño, por más que lo apañen no supondrá mucho gasto. El arquitecto le contestó que nos iba a traer materiales y demás para que eligiéramos los acabados cuando llegara el momento de dar los toques finales.

El vecino del quinto hizo un aspaviento airado.

-A mí eso me da igual, de eso que se encarguen las señoras. A ver, a ver, ¿qué decías de las vigas?

Yo le miré, ojiplática, sin poder creerme que en pleno siglo XXI todavía se puedan escuchar comentarios así; me sorprendió, sobre todo, que ni siquiera era el mismo vecino que, en una reunión anterior, al comentario que hizo alguien de que había ceniza en la ropa tendida, contestó con un "ah, yo de eso no sé nada, no soy mujer" (es que en esta nuestra comunidad, lo de tender y recoger la ropa se lleva en los genes, debe ser). Aturdida, y temiendo soltar una bordería si seguía mirándole, aparté la vista y me encontré con los ojos de la vecina del primero, que se mordía los labios en un esfuerzo sobrehumano por no reír. En cuanto nos supimos acompañadas, las dos soltamos una carcajada que el resto de vecinos -todos hombres menos una- no entendió.

Mejor reír. Para qué hacer mala sangre. Pero al próximo que me diga que se ha logrado la igualdad entre géneros, le escupo. En un ojo.