
El Sacamantecas fue el primer asesino en serie de la historia de España. Era un alavés, Juan Díaz de Garayo, que a finales del siglo XIX se dedicaba a asesinar a prostitutas después de intentar tener relaciones sexuales con ellas. La leyenda decía que luego les sacaba la grasa, ya que la grasa humana era, en teoría, lo mejor para engrasar las ruedas de las carretas. Parece ser que el hombre se "limitaba" a desgarrarlas brutalmente y dejarlas tiradas en cualquier parte, pero lo de Sacamantecas es, simplemente, un mote que le ha puesto la historia.
Álava también tiene, por supuesto, grandes nombres que se han colado en la historia por causas mucho menos escabrosas, pero me choca que nuestro persoanje más popular sea éste. Lo que viene a reforzar mi teoría de que es más fácil dar miedo, tocar la fibra morbosa, hacer llorar que, por ejemplo, hacer reír o provocar a la imaginación. Aunque, seamos sinceros, este hombre provoca a la imaginación, porque de repente me han entrado unas ganas terribles de crear mi propio asesino en serie sobre el papel.
Lo malo es que, comparado con este, cualquier intento quedará ridículo.