Mostrando entradas con la etiqueta 2008. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 2008. Mostrar todas las entradas

El angel


Iker Jiménez contó hace un par de meses a todos los oyentes de su programa radiofónico la leyenda del Ángel de la Muerte, una figura de mármol situada en mitad del cementerio de Santa Isabel de Vitoria. Según esta leyenda (que me juego media pela a que se la inventó él, porque yo nunca la había oído antes y soy de Vitoria de toda la vida), si al pasar junto al ángel ves que éste baja el brazo y te señala, debes saber que sólo te queda una semana de vida. Lo primero que pensé yo es que una semana era mucho tiempo; personalmente, si una figura de mármol moviera su brazo de mármol para señalarme con su dedo de mármol, caería redonda allí mismo, pero parece ser que yo no sé mucho de leyendas. Aprovechando que hoy había salido un día hermoso que se ha ido fastidiando según se echaba la tarde encima, que me he levantado con ánimo morboso y que no tengo cosa mejor que hacer un domingo por la tarde, me he adentrado en el cementerio a ver si debo empezar a preparar mi funeral. Como veis en la foto, el brazo está bien alto: no moriré en una semana. Puede que caiga fulminada esta misma tarde, o dentro de tres días, o el mes que viene, pero el domingo que viene, no.



Tuve que pasar una semana en Nueva Orleans para apreciar de verdad un cementerio. Allí los tienen (o tenían, antes del Katrina) como una de sus grandes atracciones turísticas, porque las tumbas están por encima del suelo en lugar de por debajo. En todas las guías que leí antes del viaje decían que era por las inundaciones que suelen asolar la ciudad, una manera de evitar que los cadáveres salieran flotando cada vez que caía una tormenta. Pero, como bien explicó el guía del tour -sí, tomé un tour de cementerio, y uno de vudú, y de tantas cosas...-, las tumbas por encima del suelo no son otra cosa que panteones y vienen, por supuesto, por la herencia española que pocas más cosas dejó por esa zona. A partir de entonces, me gusta pasear por los cementerios, siempre de día, por supuesto, y no porque tenga miedo a los muertos: tengo miedo de los vivos que se esconden entre las tumbas para hacer lo que quiera que haga la gente a escondidas de noche. Me gusta leer las inscripciones, fijarme en los panteones que no han sido usados en cien años, en los sólo llevan un nombre, en los que aún tienen flores frescas sobre la tumba. Recreo historias, imagino sus vidas, me fijo en las fechas y me maravillo de que sus cuerpos sigan allí, de alguna manera. Me gusta. Me relaja. Me produce sentimientos muy dispares, pero nunca miedo.



Y me maravilla el darme cuenta de que hasta en la muerte somos distintos. Al lado de panteones cayéndose a pedazos, grandes mausoleos o tumbas de mármol donde podría vivir cómodamente una familia de cinco miembros. Enormes ramos de flores que los muertos no olerán y los vivos sólo disfrutarán lo que dure el entierro, dejados a secar y a pudrirse, cientos de euros tirados por unos minutos. ¿Para qué tanta parafernalia? ¿Para qué semejantes obras de arte que nadie aprecia? ¿Ya va siquiera la familia a "verles"? Mientras paseaba, he intentado encontrar el panteón de mi familia, hazaña similar a buscar una aguja en un pajar, y por supuesto no lo he hecho. El estado de muchas tumbas, decrepitas y llenas de musgo, hablaban de pocas visitas a lo largo de los años. ¿Quién se va a molestar? ¿Para qué?
He salido del cementerio con la cámara llena de fotos y la mente tranquila. En cuanto he llegado a casa, he achuchado al gato y me he puesto a escribir. Creo que voy a hacer de la visita al cementerio una rutina.

Cosas de familia



Pues sí, parece que esto de escribir lo llevamos en la sangre. Ayer mi hermano Jon (digo el nombre como si tuviera más y tuviera que aclarar quién ha sido, je, je) recibió el tercer premio de la categoría de 26 a 34 años en el XIV certamen de relatos cortos "Gauekoak", organizado en parte por el ayunatamiento de Vitoria-Gasteiz, con su relato "Dos sacarinas y un café" (creo; veréis cómo meto la pata). Ya de por sí tiene mérito conseguir un premio en un concurso, pero tiene más todavía saber que él competía con gente mucho mayor que él (tiene 26) y que mandó el primer borrador del cuento, que fue "lo primero que se le pasó por la cabeza".

Por supuesto, ahí estuve yo, sacando fotos de calidad pésima porque el flash no llegaba tan lejos y aguantando a las dos insoportables presentadoras que se debían creer muy graciosas pero tenían la gracia en el culo. El acto, sin desmerecer a los nueve premiados en castellano y otros nueve en euskera, fue malo con avaricia: un caricaturista iba haciendo eso, caricaturas de los presentadores y los ganadores, mientras un DJ ponía una música estruéndosa que más pegaba en una discoteca que en un acto literario. Tuvimos que aguantar un cuarto de hora de ruido, aún no sé muy bien por qué, antes de que empezaran a dar los premios (no, no era para ganar tiempo, sino parte del espectáculo); sólo al ganador de una categoría le entregó el premio un miembro del ayuntamiento, cosa injusta porque tenían que haberlo hecho igual para todos; y dividieron la entrega entre euskera y castellano, haciendo otro parón musical entre medio, con lo que no se quedó ni Rita (bueno, sí, los familiares de los premiados) a ver a los de euskera. Suspenso para la organización, y bajo además.
Pero mi hermano muy majo. Le hicieron leer un trozo de la historia y, según los amigos que me acompañaron al acto, fue el que mejor lo hizo (yo es que tenía orgullo de hermana y no soy objetiva), a pesar de los nervios. Por supuesto, fue el más guapo, el más salao y el más estupendo de la muerte de todos.
Tuvo suerte de que yo no me presentara... ;-)

Lectura y comprension

Vaya una profa que estoy hecha, que me ha costado tres meses darme cuenta de que en los libros de lengua y de euskera de mi curso no hay casi lecturas, mucho menos comprensión. En el de euskera lo entiendo, porque es tal la carga de gramática y léxico que tiene que, si encima tuviéramos que hacer algún tipo de análisis literario, íbamos a tener que ampliar el horario escolar (o quitar aún más horas de gimnasia, y que se jodan los gordos). Pero en el de lengua... Los chavales se desesperan de hacer los mismos ejercicios una y otra vez, todos los años lo mismo. Que si la desinencia y la raíz, el gerundio y el indicativo, los puñeteros pronombres y dónde se pone la hache de marras (¿para qué darles normas, si a pesar de hacer los ejercicios perfectamente me escriben "él izo que el ascensor vajara"?). Terminan los ejercicios mecánicamente, sacan sobresaliente en todos los controles -llevan haciendo los mismos ejercicios, LOS MISMOS, desde cuarto-, pero no leen, no tienen vocabulario, no pillan el doble sentido de las frases. El primer trimestre leímos "La vuelta al mundo en 80 días" (¿no habrá algo más adecuado, más cercano, para niños de once y doce años? ¿Qué fue de Tom Sawyer, por ejemplo?) y me asusté de las preguntas que me hacían. Pero claro, si en clase no trabajamos la comprensión lectora, ¿qué puedo esperar? Porque una lectura de una página al principio de cada tema con ejercicios orales de comprensión o resúmenes-esquema no me parece trabajar la comprensión. Y encima siempre son textos de escritores de cuentos infantiles, que digo yo que ya están maduritos para leer textos adultos sencillos (creo que nosotros leíamos extractos de "El Camino" a esta edad).
Así que me he puesto a buscar algo que poder darles para que se lleven a la boca y he encontrado un breve texto de "El diario de Ana Frank" (en un libro de sexto de otros años, casualmente. No, si al final me voy a tener que callar y admitir que los niños de antes sabían más...). No lo hemos leído todavía, pero les he dicho a los críos que busquen información sobre ella. El resultado, como siempre, impresionante: a medio día han salido todos comentando la información que habían encontrado de ella, pasando de mí olímpicamente y discutiendo si había muerto aquí o allí o tenía estos u otros años. Tentadísima he estado de plantear al resto del ciclo cogerlo como libro de lectura, pero enseguida me he cortado: probablemente sea fácil de entender en lo que se refiere a estilo y léxico, pero no creo que niños de esta edad logren comprender lo que vivió. Y, para qué engañarnos, no quiero que lo entiendan. Todavía no.
Mañana leemos un par de páginas, a ver qué sale. La última vez que mencioné un libro que merecía la pena leer, varios se lo pidieron al Olentzero (Tom Sawyer y Cuento de Navidad). Por desgracia, todos me dijeron que no entendían una sola palabra, así que les he dicho que los guarden bien guardados y no los toquen hasta que tengan capacidad de leerlos, no vaya a ser que les cojan manía por querer pasarse de listos...

5 de enero

El rey no es el único que cumple años hoy.
Cuando mi hermano era pequeño, lo de celebrar su cumpleaños viendo la cabalgata de reyes era un subidón. Veíamos pasar las carrozas, él en hombros de mi padre y yo de puntillas en el suelo (aunque no me sirviera para nada y sólo viera las coronas de las carrozas más altas), y se pasaba todo el desfile gritando "¡¡¡GASPAAAAAAR!!! ¡¡¡HOY ES MI CUMPLEAÑOOOOOOOOOOOOOS!!! ¡¡¡MELCHOOOOOOOR!!! ¡¡¡HOY ES MI CUMPLEAÑOOOOOOOOS!!! Sus majestades de Oriente rara vez se daban cuenta de otro niño gritando, pero las chavalitas que iban tirando caramelos solían gritar un "felicidades" y lanzar un puñado cerca que, por supuesto, yo era la encargada de recoger por estar abajo (y que luego me quedaba yo, faltaría más, que para algo era la mayor y me estaba perdiendo la cabalgata).
Lo de compartir cumpleaños con "Juancar" también le hacía mucha ilusión de pequeño. Una vez le escribió una carta (creo que era tan pequeño que yo le dictaba las letras que tenía que ir escribiendo, pero la escribió él, de su puño y letra) que nunca supimos si llegó o no porque no contestó. Cuando llegó a la ikastola el día 7, le dijo a la andereño que le había escrito una carta al rey. "¿A cuál, a Melchor, Gaspar o Baltasar?" Mi hermano le miró muy serio, con cara de "esta tía me está tomando el pelo", y le contestó: Al de España, por supuesto.
Huelga decir que ahora mi hermano es republicano. Y ateo.
Zorionak, Jontxu. Y que cumplas muchos más.

Shakespeare

Soy una pedante, no hay otra explicación. En vez de estar escribiendo sobre la moña de Nochevieja (no hubo tal, por primera vez en muchos años no me pasé el día de Año Nuevo pegada al baño), hago un post sobre Shakespeare. Necesito una vida. Urgentemente. Ya.
Acabo de descubrir a Shakespeare, cosa que no dice mucho de mí porque debería haberlo descubierto hace mucho, pero supongo que más vale tarde que nunca. No es que sea un completo desconocido para mí, claro; como todo el mundo, he leído las traducciones de sus obras de teatro, he visto adaptaciones suyas, he oído hablar de él. Pero nunca le había estudiado, nunca había mirado por debajo de su faldón y descubierto a Shakespeare el hombre, sus motivaciones -o lo que los estudiosos creen que eran sus motivaciones, porque apenas se sabe nada de su vida- y, sobre todo, sus sonetos. Me encanta que desafiara las costumbres de la época, que dedicara la gran mayoría de su obra poética a un hombre -no sabía yo que Shakespeare pudiera haber sido gay- y el resto a una mujer, no rubia y virginal como las que se llevaban entonces, sino morena y tan sexual y peligrosa que corrompe al hombre de sus sueños. Me gusta porque se ríe de sí mismo, porque cambió la historia de la literatura inglesa usando el soneto inglés que otros habían inventado pero que él hizo suyo; me gusta porque es sincero y llama a las cosas por su nombre, porque se deja de amores platónicos y habla de sexo y pasiones tan libremente como cualquiera hubiera podido en el siglo dieciséis. Me gusta, supongo, porque ya tengo edad y conocimientos suficientes para entenderle. Y me emociona que me guste.
Os dejo un par de sonetos que me han encantado. En el primero tenéis recitación incluída (cuando he visto mis dos pasiones unidas en una, casi me da un jamacuco). No los traduzco, lo siento, mis habilidades como traductora ofenderían a cualquier purista; creo que son suficientemente fáciles de entender para cualquiera con un inglés un poco decente.
Feliz año. Y perdón por la pedantería.

130

My mistress' eyes are nothing like the sun;
Coral is far more red than her lips' red;
If snow be white, why then her breasts are dun;
If hairs be wires, black wires grow on her head.
I have seen roses damasked, red and white,
But no such roses see I in her cheeks;
And in some perfumes is there more delight
Than in the breath that from my mistress reeks.
I love to hear her speak, yet well I know
That music hath a far more pleasing sound;
I grant I never saw a goddess go;
My mistress, when she walks, treads on the ground.
And yet, by heaven, I think my love as rare
As any she belied with false compare.





144

Two loves I have of comfort and despair,
Which like two spirits do suggest me still:
The better angel is a man of right fair,
The worse spirit a woman colored ill.
To win me soon to hell, my female evil
Tempteth my better angel from my side,
And would corrupt my saint to be a devil,
Wooing his purity with her foul pride.
And whether that my angel be turn fiend
Suspect I may, yet no directly tell;
But being both from me, both to each friend,
I guess one angel in another's hell.
Yet this shall I ne'er know, but live in doubt,
Till my bad angel fire my good one out.